Puentes cordiales


Alma, Carabias

Los puentes cordiales

Puentes, puentes cordiales…Vuestra curva atrevida
une rocas, montañas, riberas sin temor…
¡Y que aún sobre el abismo tan hondo de la vida,
para todas las almas no hay un puente de amor!
Dulce María Loynaz­­

 

En el año de 2008, la cultura cubana celebró cuatro siglos de literatura, marcados por la publicación de la obra Espejo de paciencia (1608), único ejemplo de poesía renacentista, (y único ejemplo también de poesía épica renacentista) en Cuba. La propia naturaleza del poema gestor de nuestra literatura nacional, acentuada y expresada en su argumento, relativo a sucesos históricos que lo hilvanan al entrecruzamiento de los destinos nacionales protagonizados por criollos e hispanos -rescate del obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano y del canónigo Puebla, secuestrados por la acción del pirata francés Gilberto Girón, logrado por las fuerzas mancomunadas de gobernantes y pueblo, que pone en evidencia un momento peculiar en la vida cubana, en ese entonces colonia española, codiciada por la piratería embozada de Francia e Inglaterra- la Embajada de España de Estudios del Arzobispado de La Habana, a través de su revista Vivarium, se sumaron a las conmemoraciones nacionales de la efemérides, y aunaron esfuerzos y propósitos para convocar el Concurso de ensayo “Puentes cordiales” como estímulo y reconocimiento a la reflexión de los escritores cubanos en torno a disímiles  puntos de vista sobre nuestra literatura, en cualquiera de sus etapas.


Los puentes cordiales, aquellos que viera Dulce María Loynaz tenderse generosos, vuelven a establecer afinidades espirituales e intelectivas, apoyados en las influencias y confluencias que develan claves de sintonía, “diálogo entre culturas” que se refuerzan no de manera tangencial sino directa, vívida y nutriente, a través del cultivo orgánico de lo asimilable como elementos genésicos de nuestra literatura., sympatheia que procura la letra hecha ya “cuerpo-presencia”. Una vez más los puentes cordiales permiten transitar todo el caudal que logra la unicidad de diversos componentes de saber integrantes de lo iberoamericano.


La cultura, su acción social determinativa de formas que marcan una idiosincrasia, marcada esta vez por los potentes lazos del idioma, es el “puente bueno” que une las dos orillas, que encuentra y fija los puntos en que se desaparecen los desencuentros, futilidad que supera las “nubes hurañas” para unir “rocas, montañas, riberas sin temor”.


Para eso las naciones –como hombres- se amigan, tienden su mano, convergen en cordialidad al transitar sus puentes.

Ivette Fuentes

 

Los Puentes

Yo vi un puente cordial tenderse generoso
de una roca erizada a otra erizada roca,
sobre un abismo negro, profundo y misterioso
que se abría en la tierra como una inmensa boca…

Yo vi otro puente bueno unir las dos orillas
de un río turbio y hondo, cuyas aguas cambiantes
arrastraban con furia las frágiles barquillas
que chocaban rompiéndose en las rocas distantes.

Yo vi también tendido otro elevado puente
que casi se ocultaba entre nubes hurañas…
¡Y su dorso amoroso unía triunfalmente,
en un glorioso gesto, dos cumbres de montañas!...
Puentes, puentes cordiales…Vuestra curva atrevida
une rocas, montañas, riberas sin temor…
¡Y que aún sobre el abismo tan hondo de la vida,
para todas las almas no hay un puente de amor…!

 

Versos (1920-1938) (ed. 1938)
Dulce María Loynaz


 

Volver a la Portada