Boletín PJCV, Edición No 4, Iglesia Católica, La Habana, febrero 2009
Opinión

Catequesis
Por: Yaraima Ruíz Dross
Comunidad: Siervas de María. Vedado
El 1ro de febrero es el Día del Catecismo, conocido por todos los católicos. ¿Quién no recuerda de pequeño aquella maestra, quizás con algunas canas, hablándonos sobre Dios y algunas cosas absurdas que no entendíamos en aquel entonces? Aquellas historias que nos explicaban, unido a dibujos o juegos después de una conversación pausada que invocaba misterios en aquel momento en nuestra mente infantil, que después hacía surgir un salto en el corazón de solo imaginar aquellas cosas, de mencionar a Papá Dios y sus grandezas, Jesús y la Navidad, Epifanía. Todo esto lo recuerdo con gran emoción y en mí quedó lo que despertaba, especialmente en esta última celebración. Aunque también recuerdo en mis años de pequeña una persona muy importante, que antes de entrar en la Madre Iglesia me inculcaba tradiciones, historias, cuentos que me hacían crecer poco a poco en la fe; pasos que fueron esenciales para convertirme en lo que ahora soy y llenarme de lo que llevo dentro. Muchos coincidirán conmigo ¿quién no tuvo una abuelita, mamá o hasta una vecina que nos dejara rastros? Quiero decir con esto que si miramos atrás en nuestra infancia veremos personas también de nuestro entorno que fueron catequistas y formadores e influyeron definitivamente con su granito de arena y tenemos parte de ellos en lo que somos hoy.
Mientras escribo esto recuerdo fervorosamente el año en que nos encontramos: el año Paulino, proclamado así por nuestro Papa, que nos invita a adentrarnos en este seguidor de Cristo: el Apóstol de los Gentiles, alguien que oyó al altísimo y cumplió el “id y llevad la Buena Nueva, y proclamad el Evangelio”, hoy día también yo doy testimonio de esto. En mi camino el Señor quiso que prestara desde lo poco que sé mi testimonio del amor hacia él. Imparto clases a niños que quizás cuando sean más grandes no recuerden a alguien con canas, pero sí alguien que les trata de legar todo el amor y la fe que conlleva. Este año por primera vez fui llamada al servicio de catequesis y con mis temores, mi juventud y mi inexperiencia sobre todas las cosas, me inundaron al principio las dudas, pero era necesario. A todas ellas recibí un “no te preocupes que el Espíritu Santo hablará a través de ti” y el apoyo en general de todos. Realmente creo que esto es así, ¿qué mejor termómetro que el de las risas de mis niños en clase y el reboso de su saludo? En todo sentido en estos meses desde septiembre he visto con la risa de ellos también fluir sobre mí, un crecimiento espiritual desbordante, yo pensaba que con mis 17 años no bastaría para llenar esos corazoncitos y todas las expectativas que también yo como cristiana me exigiría y lo que esperaba también mi Comunidad de mí. Hoy le doy gracias a Dios porque todavía no he terminado mi tarea, pero puedo decir todo esto y regocijarme en esta experiencia tan bonita. En nuestra zona hay muy pocos jóvenes que imparten catequesis, pero quisiera decir desde mi humilde opinión que aunque quizás algunos pensemos que no podemos cumplir con tan entregada misión, y aunque el sacrificio es grande, todo se cura con la risa de un niño, que como dijera Jesús: realmente parecido debe ser el Reino de los Cielos.
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