Boletín PJCV, Edición No 5, Iglesia Católica, La Habana, marzo2009
100% Amor y Servicio

En el presente número del Boletín me pidieron entrevistara, preferentemente, a una muchacha como recurso para destacar el papel de las jóvenes en nuestras iglesias en la actualidad y así ser parte de la conmemoración del día de la mujer en este mes de marzo. En la Capilla de las Siervas de María hay una muchacha que desde su niñez forma parte de esa comunidad y ha estado a su servicio desde su vocación como músico, ella se llama Raiza y de grato modo aceptó que nos acercáramos a ella para conocer mejor que ha hecho desde hace tantos años en su comunidad.
Entrevista a Raiza Ariadna Lemus Freije
de la comunidad de las Siervas de María
Por: Diosy Díaz Martínez
Comunidad: Siervas de María. Vedado
Diosy Díaz: ¿Raiza nos pudieras decir desde cuándo formas parte de la Comunidad Siervas de María?
Raiza: Comencé a asistir a la iglesia desde muy pequeñita, a los 3 meses de nacida fui bautizada y desde ese momento mi mamá y mi madrina me llevaban en sus brazos a las misas dominicales o de cualquier otro día, por lo que fui creciendo entre los bancos del templo, correteando por los pasillos de la galería del patio, escuchando aquellas melodías de alabanza cantadas durante las misas, y sobre todo escuchando la Palabra de Dios, que aunque con mayor o menor entendimiento y plena concientización de estas sagradas enseñanzas, el hecho de conocerlas y estudiarlas en la Catequesis ya era muy bueno.
DD: ¿Cuánto sientes que ha influido en tu formación como persona el ser miembro de esta comunidad durante tanto tiempo?
R: Mucho… todas las personas son diferentes, cada quien desde que nace trae consigo su sello propio manifestado a través del carácter y como decimos “la forma de ser”, pero indudablemente son muy importantes las ideas, los valores y todos aquellos patrones bajo los que nos formamos desde la infancia. Tuve la suerte de nutrirme además de lo aprendido en mi seno familiar, de las excelentes instrucciones que se desprenden de las enseñanzas de Jesús, y realmente, tener la posibilidad de seguir su modelo desde niña fue un regalo muy valioso de Dios para mí. Por supuesto, creo que es muy importante el papel de la familia para impulsar el interés en el Catecismo, la asistencia a misa, etc. En mi caso es a mi madre y a mi madrina a quienes debo haberme sembrado el amor a Dios en mi corazón, luego a los magníficos catequistas por los que fui pasando a través de los años. Otra cosa es que tuve también la gran dicha de estar rodeada y querida por seres tan especiales como las Siervas de María, ¡qué hermoso ejemplo de amor a Dios y al prójimo! De estas laboriosas y sonrientes monjitas veía emanar siempre caudales de cariño, dulzura, generosidad, alegría, bondad, etc… Sí, ellas también influyeron mucho en mi formación religiosa y como persona.
DD: ¿A qué vocación sientes que fuiste llamada por Dios en tu vida profesional? Coméntanos un poco sobre ello.
R: Definitivamente a la música… y la mano de Dios estuvo presente desde los primeros indicios de mi aptitud hacia ella cuando contaba a penas con unos 5 ó 6 años, pues según mi mamá me cuenta eran precisamente las melodías de los cantos de la misa los que empecé a tocar de oído en el piano, esto sin haber comenzado aún en el conservatorio de Música Manuel Saumell del cual pasaría a formar parte a los 8 años de edad en la especialidad de piano básico.
Dios me dio esa sensibilidad hacia la música desde pequeña, ya que –como también me cuentan y algo puedo recordar– algunos cantos específicos entonados durante la misa me sacaban las lágrimas porque “me daban sentimiento” como se dice; al parecer tocaban fondo en mi corazón… fue así entonces como aprendí paralelamente a amar a Dios y a la música.
DD: ¿Has puesto esta gracia de Dios al servicio de la Iglesia? ¿De qué manera?
R: Pues sí, desde los 15 años aproximadamente empecé a tocar el piano en un grupo llamado Shemá (= escucha) que surgió en mi propia iglesia conformado por algunos jóvenes de la comunidad a quienes les gustaba cantar y tenían ciertas inclinaciones hacia la música. Durante algunos años participamos en actividades religiosas en las que nos invitaban a cantar, también en bodas, celebraciones especiales de la liturgia, etc. A su vez comencé a tocar el órgano en la misa del domingo, lo que se fue haciendo cada vez más regular hasta ahora. Dios me habita y Él me ayuda a amar infinitamente a todos y todo lo que me rodea, al menos lo intento... la música me permite, entre otras cosas, transmitir sentimientos de amor, emociones, tocar la sensibilidad de las personas y elevar su espíritu. Dios y la música…dos grandes pilares en mi vida, unión inseparable que me han marcado en mi paso por este mundo y que continúan haciéndolo. A los dos les debo la profesión que hoy tengo, los dos han contribuido a formar la persona que soy hoy, y a los dos les agradeceré siempre el existir y elevarme tanto, e intentar ser reflejo de sus rostros en la sociedad.
Raiza Lemus
Raiza Lemus Freije
Raiza tocando durante una misa en su comunidad
Raiza tocando el piano durante una misa en la capilla de las Siervas de María
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