Boletín PJCV, Edición No 5, Iglesia Católica, La Habana, marzo2009
Opinión

San José, protector de la Iglesia Universal
Por: Jorge Emilio Marbot Ricardo desde México
Comunidad: Parroquia San José de Ayestarán. Cerro.
En la cotidianidad existen muchos héroes anónimos, aquellos que día a día hacen su labor en este mundo, sin tener fama ni hacer algarabía. “El modesto suele ser admirado, si alguien llega a saber de él”, reza un proverbio popular. A esos se les conoce como alguien sin importancia aparente y tan insignificante que parecería no tienen misión o razón de existir.
José era uno de ellos. Aún siendo descendiente del Rey David, para todos quienes le conocían era un carpintero más de Nazaret, pero para Dios que mira en lo secreto, José era mucho más. Podría objetárseme que estoy entrando en terreno de la especulación, dado que sólo se menciona escuetamente en la Biblia como “un hombre justo” y “el esposo de María”, y es así como aún hoy le conocen “nuestros hermanos separados”. Sin embargo me arriesgo a hablar de él basándome en las palabras de su hijo putativo, Jesucristo, quien dijera “el árbol se conoce por sus frutos”, por lo cual a través de una mirada a las características psicológicas y morales del hijo, describiremos al padre.
Sabemos y creemos por fe que Dios es muy sabio, Él siembra la semilla en nosotros y conoce el tiempo de cosechar cada don. Es mi opinión que así como eligió a la Virgen María, nuestra Madre, para cuidar a Jesús entre todas mujeres posibles (lo cual fue anunciado desde los profetas, entre ellos Isaías) también escogió con esmero a quien sería su padre terrenal. Es dogma de fe el reconocer a Nuestro Señor como verdadero Dios y verdadero Hombre (algo así como 100% Dios y 100% hombre, aunque no sea muy matemático decirlo) sobre lo cual se basa el hecho de que Jesús haya sufrido dolor, hambre y tristeza. Pues entonces me tomo la licencia de aseverar asimismo el gran aporte de José a su educación y formación como joven y luego hombre de bien, dando buen ejemplo como creyente, padre, hombre y esposo. Jesucristo creció hasta ser un adulto equilibrado, responsable y lleno de amor a todo y todos cuantos le rodeaban. Aún cuando no niego para nada la naturaleza plenamente divina del Señor, me niego a creer que Él haya venido “como en una cajita prefabricado”. Prefiero verle en un crecimiento paulatino que va descubriendo a su entorno y a sí mismo: aprende las costumbres de su pueblo, habla y juega como cualquier otro niño, busca su espacio como cualquier juvenil, necesita el cariño, aceptación y respeto de mamá y papá. ¿Se han puesto a pensar siquiera, qué hubiera pasado entonces si José hubiese sido un borracho, un embustero o ladrón?  ¿Acaso Jesús sería capaz de librarse “plenamente” de heridas y traumas pasados, sin tener que hacer antes una profunda sanación interior? ¿No sería más propio de nuestro Dios darle un padre terrenal ejemplar a Su Hijo, futuro mensajero de Su amor inmenso a nosotros?
Pienso entonces a José enseñando a Jesús niño cómo hablar con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; cómo confiar en Él plenamente de corazón, a pesar de las dificultades, las dudas y los planes destruidos. Dándole su experiencia personal de un Dios cercano, fiel a sus promesas, protector ante los peligros y persecuciones: ¡ni reyes como Herodes ni poder alguno podrán dañar a sus seres queridos! Les cuidará con esmero y dirá seguro como Jesús años más tarde, “no perdí ninguno de los que me diste”, (Juan 18,9).
Veo a un padre formador, guía, cercano, confidente. Que es capaz de ver el proceso de su hijo con ojos de amor y sorpresa: desde la adoración de los magos hasta la pérdida en el templo “atendiendo los asuntos del Padre”.
De sus manos y ejemplo el joven Jesús aprendió a valorar el trabajo y ser responsable. A ganarse la vida mediante un oficio honesto, aunque mal remunerado y difícil; es más digno que andar vagueando, estafando o dañando a los de la misma tierra. El ser fiel a las convicciones propias y en superación constante por ser mejor ante los ojos de nuestro Dios.
Un esposo, amigo fiel y protector, comprensivo y cariñoso, que ante la duda de un mal paso, no juzga sino prefiere repudiar en secreto causando el menor daño posible. Protege a la compañera embarazada y débil en el viaje hasta Belén y luego a Egipto, sorteando peligros y penurias. No renuncia y se levanta cada día apoyándose en su Señor que le renueva las fuerzas...
Varios santos han venerado la persona de San José, entre ellos la Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Ellos le recuerdan con cariño y devoción. Ven en San José un ejemplo de humildad y vida de oración. Si María es la primera cristiana, San José no queda atrás.
Ruega por nosotros, patrono de la Iglesia, ruega por nuestros padres y familias. Haz que el hogar de Nazaret sea nuestro ejemplo a imitar.
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