BOLETÍN MENSUAL No 6, IGLESIA CATÓLICA LA HABANA, ABRIL 2009
¿Creación, evolución
o los dos?
Por: Rosa María Payá Acevedo
Com: El Salvador del Mundo. Cerro
¿Creación, evolución o los dos?
Cuando escuchamos hablar sobre La Creación, usualmente pensamos en los relatos bíblicos que, cargados de simbolismo, nos narran cómo Dios crea el Mundo a partir de la nada.
Esta idea parece chocar de frente con la realidad de un universo en evolución, pues  supone que desde el principio todo fue creado y ha permanecido  tal y como lo conocemos nosotros en el siglo XXI. Hoy sabemos que cada elemento actual de la naturaleza tuvo su génesis en la forma  más simple de la materia, por lo que suponemos (y eso nos han dicho) que hasta los más elementales microorganismos  surgieron de algo ya existente.
¡Atención! La teoría de la evolución no excluye la doctrina de la creación.
La razón por la que no existe tal contradicción es muy simple: El concepto de evolución es meramente descriptivo. No pretende explicarnos el porqué del mundo, sino que nos dice cómo y cuándo aparecen las cosas, y cuáles son sus características. Se limita al aspecto físico del mundo; para nosotros cristianos, por Dios creado.
También es cierto que nadie puede dar lo que no tiene, así que resulta un tanto difícil de creer  que de un ser inferior surja uno superior. Sin embargo, la naturaleza nos sorprende con la aparición de lo más complejo y mejor, retándonos a pensar que la acción creadora de Dios no ha terminado y se hace visible en la evolución.
Tengamos claro que a ningún científico, ni a ninguna persona normal, se le ocurriría enunciar entre las causas de la evolución la mano de Dios como uno más  de los factores que la propician. No es algo que quepa en una ecuación.
La acción de Dios no es perceptible, pero sí necesaria. Sin ella, no podríamos explicar el surgimiento de algo cualitativamente superior, porque careceríamos de argumentos suficientes.
Sobre el tema hay mucho por decir. Existen, por supuesto, otras interpretaciones sobre la evolución, que son  incompatibles con la doctrina creacionista. Las mismas han encontrado en mayor o menor grado, fuertes adversarios dentro y fuera de la comunidad científica. Pero este no pretende ser un artículo científico, mucho menos teológico, aunque aspira a llamar la atención al respecto. En próximas ediciones habrá en este boletín  nuevos artículos sobre las relaciones fe-ciencia y su historia -como por ejemplo el caso Galileo Galilei-, con el objetivo de aclarar ideas sobre asuntos que suelen ser muy polémicos y sobre los cuales existe todavía alguna oscuridad.