BOLETÍN MENSUAL No 6, IGLESIA CATÓLICA LA HABANA, ABRIL 2009
La responsabilidad
que nos toca
Por: Lorena Teresa Triff Cabanas
Com: Siervas de María. Vedado
 
Son las once de la mañana. Cronométricamente mi estómago se agita en una sinfonía de hambrientos acordes y esos cangrejitos que venden en la esquina parecen llamarme. Como yo no me hago de rogar, suelto el peso a cambio del manjar matutino que se me entrega en un pequeño rectangulito de papel, cuya función, aunque no la cumpla siempre, es evitar que me recaliente o engrase los dedos. Una vez aplacado el instinto de supervivencia, me encuentro en condiciones para seguir mi día hasta la hora oficial del almuerzo. Entonces, como si fuera un reflejo, abro la mano y dejo que el aire y la gravedad se encarguen de mi rectangulito, que lentamente se deposita en la esquina del contén sobre un montón de trozos de papel como este. Justo al lado se han acumulado unas pocas latas, envolturas de cigarros y algunos cucuruchos de maní torcidos. Más allá se pueden ver paquetes de galleticas vacíos y potes de helado en los cuales se han mezclado restos de comida, polvo, cabellos, chicles y algunos desechos biológicos, a sólo un paso del latón de basura.  Si seguimos mirando, nos preguntaremos cómo llegó esa suela de zapato aquí, o cómo es posible que alguien se haya desprovisto de esa cantidad de libros.
Cuando camino por nuestra ciudad, la mayoría de las veces tiendo a sentirme deprimida, culpo al ambiente tan sobrecargado de basura y suciedad. Me pregunto cómo es posible que esté así. La respuesta está clara: yo también soy la culpable, por cada papel que dejé donde no debía, o lata que tiré por no cargarla una cuadra más. Por haber apoyado, como muchos, el pie en la pared para verme sexy, porque ni siquiera es una posición cómoda, y permitir, en ciertos momentos, que mis amistades rayaran un muro sabiendo yo que estaba mal hecho.
Basta. Es hora de comprender que en nuestras manos está la posibilidad de construirnos un ambiente limpio y saludable. Muchas veces ciertas situaciones que quisiéramos cambiar alcanzan tal magnitud que nos sentimos impotentes e incapaces, desprovistos de la fuerza o del apoyo necesario para influir en ellas. Esta no es una de ellas, podemos, PUEDES influir directamente con una pequeña acción. Nunca será en vano cargar con una envoltura hasta tu casa porque no encontraste cesto, ni estará de más corregir la mala acción de tu compañero. Enfrentemos la responsabilidad del deber que tenemos por delante. Asumamos el reto que nos ha tocado vivir. Dios estará con nosotros.