BOLETÍN MENSUAL No 6, IGLESIA CATÓLICA LA HABANA, ABRIL 2009
Por primera vez en La Habana: San Ignacio, el arte y la música
Por: Anabel Zarragoitia Rojas
Com: Siervas de María
Cantantes del grupo Ars Longa
Protagonistas de la obra en la escena final
En la noche dominical del día 22 de marzo, en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola (Reina), con motivo del tercer centenario de la canonización de San Ignacio de Loyola, tuvo lugar una hermosa puesta en escena por la famosa agrupación cubana de música antigua Ars Longa. Se trata de la ópera sacra de cámara de inicios del siglo XVIII, “San Ignacio de Loyola”, una de las tres obras dramáticas que se conservan en los archivos de las antiguas misiones jesuíticas de América. Fue descubierta a comienzos de la última década del siglo XX en Bolivia y, su partitura, restaurada y transcrita por el musicólogo Bernardo Illari.
Emocionante fue ver la multitud juvenil de nuestra zona Cerro-Vedado reunidos allí para conocer un poco más del historial Ignaciano. Combinando música con teatro e historia, las enternecedoras voces de los intérpretes sirvieron para poder ver la vida de Ignacio desde otra perspectiva. Nos brindaron una nueva tonalidad del gran amor que sintió Ignacio ante la llamada del Señor, y de cómo fue capaz de vencer al mal espíritu, confiando sólo en la Divina Providencia y en su infinito deseo de ofrecerle mayor gloria a Dios.
A esta inigualable fiesta asistieron congregaciones femeninas como Las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, Las Religiosas de María Inmaculada y Las Hermanas de las Siervas de María. También nos alegraron con su presencia, novicios, sacerdotes y el superior regional de la compañía de Jesús, Benjamín González; nuestro Nuncio Apostólico,  los sacerdotes Silvano de Santa Catalina de Siena, Ariel Suárez y el Padre Oscar, entre muchos otros que se confundieron entre la multitud.
Sólo me resta contarles, que todos, desde los pequeños niños hasta los queridos abuelitos presentes, quedaron muy complacidos. Con una elegancia infinita transcurrió la velada, dejándonos sin palabras y transformando, al concluir la función, ese gran silencio en un estallido de interminables aplausos, llenos de amor y agradecimiento.