En las páginas que siguen: algunos testimonios.


(Invitamos a todos los que quieran a enviarnos testimonios que serán publicados en nuestro boletín y en un folleto que estamos preparando)


Recuerdo con mucho afecto al P. Michelón, a quien conocí en El Cobre, cuando participaba junto con un grupo de laicos de La Habana (con René Zamora, Manuel Hernández --ahora diácono permanente-- y el recordado Mons. Salvador Riverón, entre otros) en una Asamblea Interdiocesana del Apostolado Seglar Organizado, en 1972. Esta foto fue tomada en esa ocasión. De izquierda a derecha, Carmen Suárez, Mons. Alfredo Petit (quien no era obispo todavía), Pablo Aguabella y el P. M
Oramos por el querido P. Michelón, seguros de él intercederá siempre por nosotros y por Cuba.

Gustavo Andujar

Testimonio del Reverendo Raimundo García Franco, pastor bautista, publicado antes del fallecimiento del P. Miguel Martín

Las lecciones que Dios nos ha enseñado a través de diversos lugares y circunstancias no me dejan ninguna duda en cuanto al privilegio y las riquezas de la unidad de la familia cristiana. Tengo amigos pastores(as) y sacerdotes por los cuales siento una gran admiración y respeto porque sus vidas, a pesar de algunas diferencias doctrinales, reflejan sin lugar a dudas la luz de nuestro Señor Jesucristo.

Recuerdo que entre los años 1968 y 1970 tuve la oportunidad de trabajar como pastor en el pueblo de San Germán, en la provincia de Holguín, y allí conocí al sacerdote Miguel Martín quien recién llegado de Francia se incorporó a trabajar en la Iglesia Católica de aquel pueblo. El padre Miguel -Míguelón para los amigos- ha sido humilde de corazón y consagrado a Jesucristo desde lo más profundo de su existencia.

El tuvo que ausentarse por un tiempo del pueblo por razones de trabajo y como había escasez de sacerdotes me sugirió la posibilidad de que mientras estuviera ausente su congregación podría asistir a la iglesia que yo pastoreaba. Esto se llevó a cabo y más aún, cuando yo me ausentaba era mi congregación la que se reunía junto con la del P. Miguel.

En difíciles circunstancias fui junto a otros, capellán de jóvenes católicos y he tenido el privilegio de disfrutar también del compañerismo cristiano con pastores, sacerdotes y laicos metodistas, adventistas del Séptimo día, pentecostales, bautistas, episcopales y más. Aprendí la lección de que el trigo y la cizaña crecen juntos y en todas partes (Mateo 13: 24), pero ya sea en el camino o en la tierra de labranza al buen árbol se le conoce por sus frutos (Mateo 7: 15-20) y ellos ayudan a mitigar el hambre y la sed espiritual y hasta material pues Jesucristo los hace crecer aún en el desierto.

Por cierto, en aquella experiencia junto al padre Miguel, nadie se cambió de iglesia y en general todos se reconocieron como miembros en Cristo.

No nos vamos a salvar por ser presbiterianos, ni bautistas, ni católicos ... sino por ser cristianos y como “el que busca encuentra” (cf. Mateo 7: 7, 8), en todas las iglesias hallaremos verdaderos hermanos y hermanas en la fe.
Rev. Raimundo García Franco
(Tomado de Reflexión y Diálogo, Edición 42, diciembre 2010)


Vivió las bienaventuranzas.

Para mí, durante estos años, Miguel ha encarnado las bienaventuranzas. Él era este pobre de corazón del cual la existencia no tenía sentido y densidad sino comprometido para los otros. No es necesario decir que era un hombre “dulce” para quien toda violencia estaba excluida porque ponía al otro a distancia. Era el que llora delante de todas las negaciones, discriminaciones, injusticias que hacen que el hombre sea una víctima, que llora no sobre él, sino sobre sus hermanos.

Era el que tenía hambre y sed de justicia. Era el que nunca dejaba de construir la paz, consciente de que se debe actuar a lo más cerca del terreno de nuestra vida cotidiana donde se edifican tantos muros. Era el que aceptaba sufrir y dar su vida para que llegue la justicia.

Hombre de las bienaventuranzas, Miguel estaba ya en el reino. Nunca lo he visto desanimado. Al contrario su entusiasmo, su dinamismo, su convicción inquebrantable me daba coraje en las horas de duda y de desánimo. No podía aceptar las ideologías que separan los principios y las ideas preconcebidas que disminuyen al otro e impiden de ir hacia él. No quedaba satisfecho con compromisos empequeñecidos, siempre tenía en perspectiva una auténtica hermandad, sufriendo cuando no era posible.

Miguel, hombre de las bienaventuranzas, hombre del evangelio, hombre de profunda humildad. Había integrado tanto el evangelio que pienso en él cuando escucho a Cristo que dice a sus amigos: “Cuando han hecho todo lo que tenían que hacer, digan: somos servidores inútiles, no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer” Miguel quería un ser servidor cualquiera transformado por Cristo. Que hoy esté en la paz de Cristo.

Mons. Marc STENGER, obispo de Troyes, Francia, presidente de Paz Christi Francia, en los funerales de Michel Martín 2 de febrero 2011.

De una carta que el P. Miguel escribió en Diciembre 2010 a familiares y amigos :

Desde el mes de septiembre estoy en la casa de retiro, compartiendo la vida de 23 Hijos de la Caridad de la cuarta edad, a veces muy enfermos. Somos conscientes de estar al fin de la vida terrenal y que pronto habrá que dejarla, con una lucidez que no quita la paz ni siquiera la confianza.
Estamos en el fin de la vida, por esto tenemos que vivirla lo mejor posible hasta el final. Vivimos en una alegre fraternidad y en nuestra oración somos conscientes de ser los voceros de mucha gente: familia, Hijos de la Caridad, amigos.
Con nuestra edad avanzada, somos bien conscientes de participar plenamente todavía de nuestra comunidad y de nuestra sociedad.


Miguel, un regalo de Dios

Me imagino la llegada de Miguel en la asamblea de todos los santos. (sin obligación de hacer de él un “santo súbito”). Su mamá que lo recibe en sus brazos, su papá, el Señor Martín, presidente de no se sabe cuántas asociaciones, y que le dice: Miguel, sabes que hubiera querido verte jesuita, pero he entendido tu vocación y yo estoy orgulloso de ti.

Rodolfo, capaz de llegar en cualquier lugar y que lo jala por la manga diciéndole ven, te he reservado un asiento a mi lado, Andrés está allí y nos espera, y discreto como siempre, Felipe (otro Hijo muerto hace poco en Colombia) le toca la espalda y le dice: voy con ustedes, y al paso, Miguel saluda a su hermano Michelín y se junta a la pequeña tropa de los Hijos de la Caridad reunidos alrededor del Padre Anizán.

Y todos los que Miguel ha encontrado en las carreteras de Francia y de América Latina, sin olvidar los del colegio de Beyrut donde hizo dos años de cooperación (en lugar del servicio militar) y los del Oriente Medio encontrados con Pax Christi, y tantos otros, están allí para acogerlo en una fiesta.
Nos encontramos en familia, para agradecer este regalo que Dios nos dio, Miguel, y le demos las gracias a él, por todo lo que nos ha dado.

Escuchando esta palabra de Dios, que lo ha alimentado y de la cual nos alimentó, confesamos de nuevo con él nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

Su amor, el amor del Dios-Amor, ha sido derramado en su corazón, en nuestros corazones. Estamos seguros que ya “nada podrá separarle” de este amor del cual vivió en los momentos difíciles, este amor que lo empujó adelante, unas veces demasiado rápido según algunos, este amor que hizo de él un hermano, un Hijo, un amigo.

Este amor que lo empujó en los caminos del mundo con toda la pasión de su temperamento para anunciar que Dios nos ama y que somos todos hermanos.

Esta misma palabra de Dios nos dice a nosotros también “vayan por todas las naciones” a vivir apasionadamente, construir un mundo más fraterno, un mundo de justicia y de amor. Con Miguel, hemos hecho una parte del camino. Y escuchamos de nuevo a Jesús decirnos como a los de los primeros días “estoy con ustedes todos los días”.

Gracias Señor por habernos dado a Miguel, gracias Miguel por haber sido lo que tú eres y ahora cuida de nosotros amándonos en el amor mismo de Dios. Y en nombre de mis hermanos cubanos, creyentes y no-creyentes, te digo como lo dijeron a Rodolfo el día de su partida: A Dios, compañero, sacerdote y amigo. Y que la Virgen de la Caridad te conduzca al encuentro de Cristo, para que vivas en él de un amor eterno.

Palabras de Juan Pedro Borderon en los funerales del 2 de febrero.


Gran ser humano y magnífico sacerdote.

Creo que para todos ha sido un poco de sorpresa (el fallecimiento del P. Michel). Nos ha dolido el suceso, pues para nosotros ha sido una persona muy especial, y también para muchos...me atrevería a decir que para todos los que como nosotros lo conocieron y compartieron con él; fue un gran ser humano y un magnífico sacerdote, su vida, fue el mejor testimonio de fe.

Pudiera decir cuantas actitudes de él, tocaron hondo nuestros corazones y que le agradeceremos por siempre.

No faltará nuestra oración por él pero pienso que ya, de cara a nuestro Señor, somos nosotros quien necesitamos de su oración.

Nos mantenemos en comunicación y unidos por la pérdida de un magnífico Hijo.

Maria Elena y Pedro.

Le conocí hace muchos años, cuando estaba en Santiago de Cuba, trabajando en el Apostolado seglar y desde entonces le tengo mucho cariño, fue un gran formador y acompañante de los laicos de Cuba.

Sé que la noticia les ha entristecido, pero tengan seguro que tienen un Hijo de la Caridad más en el cielo.

Laura María

 

 





El P. Miguel en Cuba en 2008. Sentado, Enrique, Hermanito de Jesús.

Cómo hemos sentido la ida de nuestro gran hermano Michelón. Ya sabemos que está disfrutando de esa nueva Vida con su Señor...Nosotros queríamos mucho a Michelón, hemos compartido mucho con él desde los primeros tiempos y con los consagrados en el mundo del trabajo. Yo quería y admiraba mucho a Michelón, era un hombre entregado de verdad y muy llano y acogedor siempre. Un gran hermano de verdad para mí. Yo visitaba a su familia y él a la mía.

Comunica a los Hijos, toda nuestra amistad en esos momentos de dolor pero de esperanza a la vez por supuesto.

Momento de volver a expresar la proximidad de nuestras dos congregaciones.

Humberto y Enrique, Hermanitos de Jesús.


Acabo de leer la noticia del fallecimiento de Michelón. Recuerdo agradecido su amistad, su cercanía y su amor por Cuba y su Iglesia.
Reciban mi condolencia los Hijos de la Caridad y les aseguro mi oración por él y por ustedes.

+ Manolo, obispo de Matanzas

Miguel, nuestro hermano.



 

 


Miguel a lo 50 años de sacerdote con familiares y amigos.

Miguel, tu caminata se paró. A los 78 años, te has encontrado con el que amabas apasionadamente y al cual habías consagrado toda tu vida, Dios.

Niño turbulento, colérico, travieso, pelear en la plaza del ayuntamiento de Vincennes no te daba miedo, Miguel a los 50 años de sacerdote ni lanzar tu zapato contra los cristales con familiares y amigos. del apartamento o jugar con el tira-piedras en Menetreol donde estabas refugiado durante la guerra. Eras un cabecilla y yo era feliz de tener un hermano mayor que me cuidaba en el patio de la escuela primaria. Desde muy temprano quisiste ser sacerdote. Los padres te inscribieron en el seminario menor de Charenton, un internado, donde eras frecuentemente privado de salida, por causa de indisciplina.

Después viene el seminario mayor en Issy les Moulineaux. Después de estos 5 años de seminario, sales para el servicio militar. Rehúsas llevar armas y haces un servicio civil como profesor de francés en el Líbano durante 2 años. Tu amor por el Medio Oriente nunca desapareció desde entonces y te inspiró para construir más tarde un diálogo interreligioso.

Te imponías desafíos imposibles. Antes de ir para América Latina, salimos en familia a una caminata alrededor del Monte Blanco. En un sendero, te caes en el flanco de la montaña. Cuando te rescatamos y nos damos cuenta que tu mochila pesa 40 kilos porque llevabas una “piedra de altar” para celebrar la misa en la montaña.

Te unes a los Hijos de la Caridad para estar cerca del pueblo, para vivir plenamente la pobreza y la vida de trabajo durante 35 años en América Latina, en Méjico, en Cuba, en Colombia y 15 años en Francia. Así empezaba tu vida aventurera y nómada que debía terminar cuando tu enfermedad cardíaca limitó tus desplazamientos. Voluntarioso, unos dirán testarudo a veces, siempre pusiste tus ideas en coherencia con tus compromisos, apasionadamente, sin moderación, hasta el fin.

Tú perteneces al grupo de estos testigos que dejan huellas, aunque los medios informativos no hablan de ellos. Sabías mejor que nadie construir relaciones personalizadas intensas con cada uno de nosotros, siempre a la escucha, nunca faltando en las fiestas o los cumpleaños, con una atención, un gesto, tejiendo lazos de amor indefectibles que nos transformaban.

¿Cómo hubiera sido posible no amarte Miguel? Te fuiste a las estrellas a reencontrar tus hermanos Hijos, Rodolfo, Andrés, Miguelín, Felipe, y los padres pero te quedarás siempre en esta pequeña luz en el fondo de nuestros corazones, la que da sentido a la vida, la que despierta las conciencias y nos conduce a la inteligencia del misterio de la fe. ADIOS, PADRE MIGUEL, MI HERMANO.

Marie-Françoise (hermana de Miguel) en el día de los funerales

Gigante del espíritu.

Cientos de recuerdos lindos y valiosas experiencias han pasado por mi mente, al recordar mi época de adolescente en la que tuve la suerte de tenerlos a ustedes, los Hijos de la Caridad, en mi Parroquia de Manzanillo.

Un día le dijimos adiós a Michel, cuando se movían de la comunidad de Manzanillo, luego le dijimos adiós cuando se iba de Cuba, pero ninguno de estos "adiós" significó "olvido", ni de parte de él ni de parte de nosotros.

Hoy le decimos adiós a Michel en su viaje a la casa del Padre, pero seguirá con nosotros, porque las semillas de amor, fe y caridad sembradas han germinando en nosotros para siempre. Sólo nos queda decir "GRACIAS MICHEL POR TU ENTREGA, POR EL TIEMPO COMPARTIDO".

Tere Mary

"Cuan incomprensibles son los designios de Dios" aunque sabemos lo irremediable del venir de la muerte y su cotidianidad, pero cuando perdemos físicamente, perdemos su compañía, de estos gigantes del espíritu, dados y entregados, hacedores de bien nos tenemos que preguntar consternados de nuevo ¿por qué? El consuelo nos viene en las mismas palabras del Padre.

Confía y espera....Dios lo quiere a su lado ,estamos seguros, es el justo premio a sus fatigas y desvelos y estamos seguro de que hoy Cuba y todos nosotros estaremos más cerca de Dios, gracias a él....a pesar de ello creemos que el laicado cubano y nuestra Iglesia tiene una deuda pendiente de gratitud para con él...

Manolo e Irma


P. Michel Martín, en quien todos supimos encontrar siempre un testimonio de fe coherente, de vida, de amoroso servicio a todos.

Chuchú

 

 

 

 

El P. Miguel con la familia del P. Rodolfo

Desde que llegó a la comunidad de Cueto y a nuestra familia fue merecedor de nuestro respeto, admiración y cariño. Fue nuestro pastor y consejero, un hijo más, así como, un hermano más en nuestra numerosa familia. Rogamos a Dios Nuestro Señor lo acoja en su seno junto a sus hermanos Andrés y Rodolfo.

Ana Celia Sánchez y familia (Hermana del P. Rodolfo Sánchez,Hijo de la Caridad fallecido en 1982).


Con Humberto, Hermanito de Jesús, estuvimos recordando la labor del P. Miguel en lo particular y de los Hijos en la Diócesis y en toda la parte oriental de Cuba. Siento el dolor del amigo, pero a la vez la alegría de haber compartido sueños, esperanzas y miedos de los finales de la década de los 60 y años posteriores. Aún tengo presente su visión de futuro en unos de nuestros primeros encuentros…o nos subimos al tren, marchamos con él y tenemos presencia o nos quedamos fuera en su final….

Chichi Sors

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" El mundo ha sido salvado por el amor” J.E. Anizan, Fundador
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