La caridad del corazón


El P. Anizan en el centro con otros
capellanes.


En el año 1915, Juan Emilio Anizan, nuestro fundador, va como capellán militar voluntario a la guerra mundial, a Verdún (Francia), donde se enfrentan alemanes y franceses.

Se sumerge en Dios compartiendo los sufrimientos y las angustias de los soldados y así poder “amarles verdaderamente en Dios”.



Notas espirituales
(Noviembre-Diciembre 1915)


Desde hace tiempo, ansío escuchar la voz de Dios. Siento que esa es la verdadera luz que tanto necesito.

Por la fe, sé que Dios dirige todos los acontecimientos, que hace que todo redunde en bien de los que le aman. Desearía amar a Dios con un amor soberano, desearía pensar, sentir, actuar como Jesucristo pensaba sentía y actuaba.

Querría comprender el pecado, estar convencido de que aquí abajo todo es nada fuera de Dios, querría tener un poco en sentimiento de la eternidad bienaventurada para la que estoy hecho.

Dios sabe lo que hace, nosotros no lo sabemos. El quiere que nos pongamos en sus manos con confianza. ¡Cuántas inquietudes vanas preocupaciones sin sentido!

Dios ha tenido cuidado de avisarnos en el Evangelio que ni un solo cabello de nuestra cabeza cae sin su permiso, sabemos que nos ama, que todo redunda en beneficio de los que le aman, y que tanto en los acontecimientos públicos como en las peripecias de nuestra vida personal, no hay lugar para la angustia o la inquietud. Ha sido mi historia en muchos momentos de mi vida.

¿Quién me dará la confianza y el abandono de las almas de dios, de las que tienen una verdadera fe? He predicado esa confianza, mil veces he estado convencido de ella, pero me he dejado llevar por la inquietud.

Y sin embargo en ciertos momentos he comprendido y saboreado el salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”. ¡Pobre naturaleza humana débil, inconstante, y llena de contradicciones!

Hay que orar y orar continuamente. Sólo ahí está la luz y la salvación. Sí,”el Señor es mi pastor, nada me puede faltar”.

Dios mío, grabad esta convicción en mí, para que nunca se eclipse.

Aún estoy demasiado atado a las criaturas y poco exclusivamente a Dios, como yo desearía. ¿Cómo hacer? Rezo mucho y a menudo con ese fin. Tendría también que mortificarme más, ejercitándome en el desprendimiento. ¿A Dios rogando y con el mazo dando! ¿pero qué débil soy para obligarme y actuar!

¿Dios mío, ven en mi ayuda! Haz todo o que yo no puedo hacer por mí mismo o si no, dame las fuerzas para necesarias para hacer lo que tu deseas.
¡Pobre humanidad, cuántas fallas de tantas clases! La guerra las revela en gran número. Pero, sin buscarlas en los demás, cuántas encuentro en mí.

¡Qué contraste entre el deseo inmenso de pertenecer por entero a Dios y estas ataduras que no logro deshacer!.


¡Cuánto sufren nuestros corazones en el pueblo. En los pequeños, en los abandonados, en los que están solos!

También ellos tienen un corazón y necesitan afecto y apoyo.

¡Cuántas veces he sentido necesidad de amar a los que nadie ama, cuya naturaleza no atrae, y que a veces sufren por la indiferencia universal hacia ellos!

¿Acaso no necesitan también este
Sí les pertenezco y quiero amarlos. Pero, en Dios y, al mismo tiempo, sinceramente por ellos.
Es necesario que sea sobrenatural, por Dios y por el bien de las almas, para conducirlos al cielo.
¡Cómo me gustaría ser el puente que sirva a Dios para entrar en el corazón de todos los abandonados y el puente que sirva para que éstos vayan a Dios!

Her de estar vigilante para que el fin no sea atraerles hacia mí, sino ser sólo un medio para que vayan a Dios. Eso es lo que tengo que trabajar, por eso voy a orar.

Existe tanto la caridad del corazón como la del cuerpo.

Hay que dar las dos, pero como Dios quiere y por él. Así verdaderamente, amaré a los que conozco y que están solos, y amaré a los que no conozco, les mostraré mi entrega orando por ellos y pidiendo para ellos la gracia y el cielo.
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" El mundo ha sido salvado por el amor”
J.E. Anizan, Fundador
Telf.863-7586, e-mail:martirianm@iglesiacatolica.cu
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Miembro de la UCLAP