CARTAS


El P. Miguel en la tumba del P. Rodolfo
con otros Hijos

 

Han transcurrido más de cuarenta años de la llegada del P. Miguel Martín (Michelón) a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cueto (Holguín-Cuba), y sus enseñanzas permanecen en cada uno de nosotros que aun continuamos en la misma comunidad.

Consternados por la triste noticia de su fallecimiento, nos hemos reunido y celebrado misa por su eterno descanso.

Comenzamos a buscar las correspondencias que a través de estos años hemos recibido de él, que guardamos con esmero, recordamos anécdotas, encuentros, recibimientos de sus padres (E.P.D.), despedidas que fueron materia de alegría y tristeza a la vez. ¿Cómo olvidar tantas vivencias de un pastor que jamás abandonó a ninguna de sus ovejas?

Hoy nosotros y ustedes estamos tristes por su partida de este mundo, pero estamos agradecidos de todo el amor y dedicación que derramó en este pequeño pueblo, por aceptar venir a compartir con nosotros y enseñarnos a caminar juntos haciendo crecer nuestra fe y amarnos como hermanos.

Gracias, Señor, nos diste en Michelón, al sacerdote, al Apóstol, al Buen Pastor, capaz de dar su vida por sus ovejas. Te pedimos, Señor, que nos ayudes a tener siempre presente aquella frase de él: “¡¡Oh la, la, Amor es entregarse!!”
Para él su eterno descanso.

Comunidad de Cueto. Parroquia Ntra Sra del Carmen. Cueto-Holguín-Cuba

Destacamos algunos párrafos de una extensa carta de la comunidad de San Germán-Holguín.

Hacemos recuento en nuestra comunidad de San Germán, de cuánto significó su presencia entre nosotros. Con su sagacidad, inteligencia y siempre muy observador, captó al punto nuestras costumbres, problemas y en la casi intimidad de nuestras casas, la posibilidad que teníamos cada uno de llevar nuestra fe.

Nos enseñó a trabajar en equipos, y aunque éramos muy pocos y nos repetíamos casi los mismos en cada uno de ellos, se pudo reforzar sobre todo la liturgia, equipo tan importante para mantener el templo abierto y con celebraciones en las múltiples ocasiones en que no teníamos sacerdote. La catequesis, las visitas a los enfermos, atención a los difuntos y sus familiares cuyo libreto de oraciones, aun hoy, seguimos usando y que causa la admiración de personas de otras comunidades que han participado de ellos.

Formamos un nuevo coro, en el cual nos ayudó también el entonces seminarista y luego Hijo de la Caridad P. Rodolfo Sánchez. Era el Michelón incansable y creativo, atendiendo varias parroquias a la vez, trasladándose en una moto que casi no se veía debajo de su cuerpo. A él le debemos en gran parte que esta comunidad haya prevalecido, por su apoyo, consejo y estilo de trabajo.

 

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