NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Primer Trimestre 2012
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LA MUJER EN EL CRISTIANISMO DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

Por: José Enrique Collazo.

 

Estamos en los comienzos del siglo XXI, marcado por intensas campañas y luchas por la equidad de todo tipo en el ámbito social. Los pobladores de esta aldea global hemos ido ganando en conciencia de nuestra dignidad y la dignidad de todo otro sin distinciones. El mandato de Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” cobra fuerza con diferentes acepciones pero la raíz es el sentido dado por Él a la relación con nuestros semejantes.

Un asunto muy importante es ‘el lugar de la mujer’ en todos los ambientes. Desde el pasado siglo las corrientes feministas y más adelante la llamada ‘cuestión de género’ impulsan a luchar por la igualdad de derechos de las mujeres, tarea que no sólo les compete pues todos hemos nacido de una mujer. Meditemos un poco sobre “el lugar de toda mujer en el Cristianismo dentro y desde la Iglesia Católica”.

Comienzo relatando una conversación con una mujer perteneciente a una Iglesia Evangélica donde las mujeres podían ser ‘pastoras’, lo cual indicaba que ellos sí daban a la mujer su lugar. Entonces, le pregunté: ¿Cual es el lugar de María, la madre de Jesús en su Iglesia? ¿Sabe usted el valor de las santas canonizadas desde los primeros siglos hasta nuestros días?  Como era lógico esperar, contestó que ellos no adoran imágenes. Haga su propia conclusión. Yo, simplemente, le dije:

El lugar de la mujer no se restringe al sacerdocio.
¿No cree usted?

Tome el libro de los Hechos y las cartas de los Apóstoles y podrá apreciar el lugar  destacado de muchas mujeres en las primeras comunidades. El evangelio nos muestra el lugar de María, escogida por Dios para engendrar y dar a luz a Jesús, el Mesías prometido. Aparece en algunos momentos como en las bodas de Caná intercediendo ante su Hijo para ayudar a los novios; está junto a Él durante el camino al Calvario y lo acompaña en el momento de su muerte.

María se ganó ‘un lugar cimero’ en el Cristianismo, reconocido siempre por las Iglesia Católica y la   Ortodoxa. La Iglesia le ha dado su lugar en todo tiempo, las naciones, pueblos y continentes la tienen como ‘patrona y protectora’. Esta devoción mariana es un reconocimiento a la madre de Jesús y la veneramos como a Ella corresponde.

El principio rector es: la mujer se considera tanto por lo que es como por lo que hace. Revisemos brevemente ‘los lugares propios de la mujer’ en nuestra Iglesia ya sea en la vida consagrada, en el apostolado laical, en el valor a la esposa y a la madre.

La vida consagrada nos muestra las numerosas       congregaciones de mujeres que han dedicado y dedican sus vidas al servicio de Dios y de María, según el carisma propio de sus instituciones. Las monjitas ya sean   asistenciales, en la docencia, en la vida contemplativa o en tareas pastorales tienen roles específicos que   conforman en nuestra Iglesia un sitio armónico, en equilibrio con los ministros ordenados y los miembros del estado laical. Esta  riqueza nos dice las oportunidades de presencia y acción de la vida consagrada.

Desde el siglo XX, la presencia de la mujer en nuestra Iglesia en su condición laical ha sido muy destacada con la Acción Católica y sus Ramas: ‘Damas y Muchachas’, en asociaciones como las Hijas de María, el Apostolado de la Oración, las congregaciones  marianas, las órdenes terceras, las maestras católicas y otras. Muchas de estas asociaciones no pasaron el cambio revolucionario, algunas permanecen como las órdenes terceras y algunas cofradías.

Esta etapa merece un trabajo aparte, sólo mencionar algunos nombres como Clara Lucas Azcona, Josefina Zaragoza, Anita Smith, Fina Vázquez, América Penichet, Gina Preval. Deseo mencionar dos ejemplos de mujeres católicas dedicadas a la enseñanza: Mariana Lola, con su colegio para niñas situado en Carlos III cerca de la iglesia de Reina cuya causa de beatificación cursa en estos tiempos, y la Señorita Fe, maestra de Kindergarten de todo un barrio y de varias generaciones y catequista hasta sus últimos días.

La mujer en el hogar ha sido una prioridad de nuestra Iglesia en los últimos cincuenta años. El auge de los  equipos de matrimonios en todas las diócesis contribuyó y contribuye a subrayar el sentido cristiano de la mujer como esposa y como madre, además de ser trabajadora en la mayoría de los casos. El apoyo de ProVida  principalmente a las jóvenes y mujeres casadas ha sido notable así como  su influencia en nuestro medio hasta donde ha sido posible. El valor de la mujer en el matrimonio y en su calidad de madre ha sido una atención esmerada de nuestra Iglesia.

Este análisis nos permite conocer el trato a la mujer en el Cristianismo dentro y desde la Iglesia Católica, lo más importante es revisar el amplio espacio real que ocupa la mujer sin necesidad de campañas de género. Si bien queda camino por recorrer se pueden conocer ‘sus lugares’ y más aún sus campos de acción en la acción ad intra y ad extra de nuestra Iglesia. Extendemos nuestro reconocimiento a las monjas de las congregaciones que han mantenido sus asilos abiertos; ellas fueron en los sesenta ‘el puente’ entre la labor asistencial de la Iglesia y el Gobierno, cuidando siempre con cálido esmero a sus viejecitos, como acostumbran llamarlos. Ellas son reconocidas por nuestro pueblo con afecto y agradecimiento.

 

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NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.
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