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ROL DE LA MUJER CUBANA EN LA SIEMBRA DE VALORES


Por: José Enrique Collazo


En este comienzo del año 2016, la mujer cubana debe detenerse un tiempito y pensar “sus roles” en la vida cotidiana. Sin dudas, las cubanas ejercen “un multioficio”, que si bien es compartido con otros países, en este terruño tiene una carga adicional. Por regla general, tiene un día sumamente laborioso y sus posibilidades de trabajar en la calle, más el tiempo de la transportación, más la casa con el esposo y los hijos, y si a ello se le añade la convivencia con uno de los padres o los dos se completa la sobrecarga. Por tanto, la labor de instruir y educar a los hijos se ve reducida a dar órdenes y regañar, a tratar de agilizarlos para que realicen sus tareas cotidianas y, cuando puede, ver la telenovela, aunque casi siempre se queda dormida. ¡Vaya vida!

Conviene fijar el concepto de rol y su funcionamiento…“un papel o rol es el contenido de una posición o las implicaciones conductuales de ocupar esa posición” (Bee, 1987). La mujer en el hogar junto a su esposo e hijos puede co-operar en «la tarea de inculcar principios, valores, actitudes y costumbres adecuadas en los hijos y en toda la familia». Falta tiempo, es verdad; falta ponerse de acuerdo y buscar materiales que faciliten la tarea. He aquí el quid de la cuestión. La mujer es la que mayor interacción tiene en el hogar pudiendo así… soltar ideas o mencionar actitudes que se vayan introduciendo en el subconsciente de los educandos. Hoy conviene ajustar el modo de enseñar repartiendo roles y tareas intrafamiliares.

Se dice que la familia es fundamental en la formación de los criterios y las costumbres de los hijos, ahora bien, qué ayuda se le brinda para que pueda cumplir dicha encomienda que es parte de lo específico de la especie humana. Vale recordar el mensaje del papa Juan Pablo II en la homilía en la Misa en Santa Clara… ¡Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón! Su llamado impactó en muchos compatriotas, católicos o de otras formas de creer y/o pensar. Si leemos con calma este criterio le podemos sacar mucho jugo. Le añado una idea citada en el libro Encuentro Nacional Eclesial Cubano -ENEC- (p.178)… “La familia es la escuela del más rico humanismo”. Estos principios deben ser conocidos y asumidos por todos los miembros de la familia para que sea “funcional”.

Mucha importancia se le da a la identidad pero pocos saben definirla, ni conocen cómo trabajar para con-formarla. La identidad es «el conjunto de aptitudes y actitudes, de principios rectores, de tener una línea de pensamiento y una conciencia moral, los valores para ser un buen ciudadano, tener bien claro los principios de la fe cristiana en toda su profundidad y amplitud como una religión para hacer la vida». Al asumir estos principios, valores y actitudes me identifico con ellos formando mi imagen real.

En algunas bibliotecas de la Iglesia pueden encontrar un texto en formato digital que puede ayudar mucho a comprender estas ideas, les propongo este: El Libro de las Actitudes de Sonia Café y Neide Innecco 1º ed. Buenos Aires: Errepar, 1994. En él se expresa: “las actitudes” son accionistas de gran peso en la economía del ser humano. Las autoras nos dicen. “Toda actitud pide una forma de acción visible o invisible. Esa acción nos coloca en el proceso de invocar y vivenciar las cualidades esenciales que queremos imprimir en nuestra vida. Cuando intelectualmente comprendemos algo, es necesario que anclemos en el corazón esa comprensión y la transformemos en una actitud que estamos dispuestos a asumir”. Sus criterios hay que releerlos y anotar lo que podamos extraer. Ellas sintetizan su teoría así: “Podemos manifestar actitudes a través de los pensamientos, de los sentimientos, del cuerpo y de las palabras”. En total reconocen sesenta y una actitudes. Les muestro cinco: una actitud amorosa, una actitud generosa, una actitud responsable, una actitud madura y una actitud perseverante. Si somos capaces de incorporar a nuestro ser estas cinco ya tenemos una buena base para vivir la vida con sabiduría y libertad, vale destacar que estas son también actitudes. Estas siete actitudes son básicas para hacer fluir nuestra existencia con cierto grado de desarrollo. Y ello, a mi juicio, es lo que estamos llamados a inculcar en los niños, los adolescentes y los jóvenes. Ellas son suficientes para los primeros pasos, poco a poco, asumiendo cada actitud conscientemente y fijándola en el modo de pensar, sentir y actuar se va haciendo un buen camino. Demos su lugar entre todos “a la siembra de los valores que hacen a la persona humana”.


Valores tales como: honestidad, lealtad, identidad cultural, respeto, responsabilidad, solidaridad, tolerancia, son fundamentales para el convivir pacífico de la sociedad y en el mundo entero.