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La Entrevista


Por: Caridad Zayas

Vivir y trabajar en aras de la construcción del reino de Dios en medio de su realidad es encargo de todo laico. Por ello, Nosotras se acerca hoy a Migdalia del Carmen Dopico Paz, licenciada en química e investigadora de profesión, quien es también testigo y protagonista de la Iglesia en salida misionera hacia todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. Ella nos habla hoy acerca de su quehacer en Cáritas arquidiocesana de La Habana, Institución de la Iglesia católica que lidera y cuyo principio fundamental es buscar a Jesús en el rostro de los más vulnerables.

¿Cómo llegaste al Evangelio?

Llegué al Evangelio a través de mis padres. Provengo de una familia católica practicante. Por ello, mi hermano y yo, desde pequeños, fuimos educados en la fe. Mis padres fueron laicos comprometidos con la Iglesia católica, con todas las consecuencias que ello implicó en algunos momentos de nuestra historia. De ellos recibí el anuncio del Evangelio que me ha llevado a profesar hasta hoy, la fe en Jesucristo y a ser parte de su Iglesia que peregrina en Cuba. Después mis catequistas, mis hermanos de la Parroquia San José -antes capilla- y los Padres Carmelitas, continuaron ayudando a fortalecer esa fe.

¿Por qué dejaste atrás el mundo de la investigación científica para dedicarte completamente al trabajo en Cáritas?

Mi compromiso con la Iglesia me llevó a dar ese paso. Un día me llamaron por teléfono a mi casa porque estaban buscando una persona católica práctica, profesional y con un compromiso sostenido en la Iglesia para coordinar el Programa a favor de las personas adultas mayores. Me hablaron de lo que se hacía en Cáritas y la verdad es que me arriesgué a entrar en un mundo desconocido para mí, pero que con el tiempo me atrapó totalmente. Oré mucho para saber si esa era la voluntad de Dios para mí, y sentí que Él me estaba llamando a ese servicio. Fue un cambio radical en mi vida. De una profesión científica pasé a trabajar en el campo de la acción social, pero no me arrepiento. Cáritas me ha enriquecido, me ha hecho crecer como persona y como cristiana. He tocado el dolor de muchos en todas partes de esta isla; he compartido y trabajado con personas maravillosas de las que he aprendido mucho. Creo que he colocado mi granito de arena para sembrar esperanzas en situaciones adversas y contribuir con ello a mejorar la vida de las personas a las cuales servimos. La labor caritativa que hace la Iglesia cubana a través de Cáritas en nuestra realidad conmueve a muchos, porque desde la sencillez, con perseverancia y entrega, se realizan valiosas acciones por el bien del ser humano.

Desde hace poco tiempo eres la Directora de Cáritas arquidiocesana de La Habana. ¿Cuáles son las peculiaridades de esta labor en la diócesis y en qué aspectos se diferencia del trabajo que lleva a cabo Cáritas Cuba?

Cáritas trabaja en red desde la Oficina de coordinación nacional hasta las Cáritas comunitarias, pasando por las Cáritas diocesanas. Todos los miembros de la red tienen un rol de servicio en diferentes niveles. La función de una Cáritas diocesana es coordinar y articular los elementos necesarios para lograr alcanzar la misión a la que fuimos llamados en la iglesia particular de un territorio diocesano, que incluye cuidar la identidad y espiritualidad de la Institución en sintonía con el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y el Plan pastoral, responder a las necesidades de los diferentes grupos a los cuales servimos, mantener una adecuada y sistemática comunicación e intercambio con las comunidades, voluntarios, párrocos y religiosas, realizar gestión de recursos, fortalecer las capacidades de todos los miembros de Cáritas y potenciar redes con otros actores sociales, es decir, con organizaciones privadas o estatales, académicas, culturales, de salud, sociales, deportivas, en fin, con todos aquellos que están presentes y actúan a favor de las personas en una sociedad.

Pienso que más de doce años de dedicación a proyectos sociales son suficientes para vivir y recordar experiencias significativas. ¿Puedes compartir alguna de ellas con nuestros lectores?

Me es difícil transmitir tantas vivencias y no quisiera dejar fuera algo importante. Yo creo que lo más valioso de todos estos años ha sido el contacto con las personas en su medio, ya sean beneficiarias de nuestra acción o laborando como voluntarios, equipos de trabajo, coordinadores y formadores. Una experiencia altamente significativa fue adentrarme en el mundo de las personas mayores; grupo de la población que no es “atractivo”, según los cánones sociales, pues existe una percepción negativa de esta etapa de la vida. En Cuba, ya conforman un porciento elevado que necesita atención, cuidado y, esencialmente, responder a sus necesidades primarias.
Los ancianos son personas extraordinarias que tienen todavía mucho para dar; son la base de las familias y han sido sostén de nuestras comunidades cristianas, por ello, tenemos la responsabilidad de seguir contribuyendo a su bienestar e inserción social y Cáritas Cuba, desde su fundación, hace ya veinticinco años, se ha preocupado mucho por la situación de este grupo social que, en nuestro país, cada vez más, va en aumento.

Apenas se conoce que el proyecto Amor y Esperanza dirigido fundamentalmente a los niños, forma parte del conjunto de programas de Cáritas Habana. ¿Sobre qué bases se sustenta este proyecto? ¿Cuál es tu valoración sobre el impacto en el sector al que está dirigido?

El proyecto Amor y Esperanza del Programa Grupo de Desarrollo Humano -GDH- de Cáritas Habana a favor de niños, adolescentes y jóvenes en riesgo de exclusión social, es uno de los tantos de este tipo que Cáritas anima en diferentes comunidades. Su objetivo está centrado en desarrollar virtudes y valores en los muchachos y sus familias, para ello se utilizan diferentes herramientas que les son atractivas a este grupo poblacional. En el caso particular de este proyecto, que funciona en la comunidad Nuestra Señora del Carmen y del Pilar, en las Guásimas, el teatro es la vía y a través de él se trabaja para obtener los resultados deseados. Considero que el proyecto tiene ya un considerable impacto positivo en los muchachos para los cuales va dirigido y en sus familias pues ya se observan cambios favorables en sus vidas. Otro aspecto importante a señalar es que ya el proyecto ha presentado cuatro obras en el teatro Bertolt Brecht de La Habana; estas han servido para irradiar el mensaje y los valores que transmiten a la sociedad y, también, manifiestan el reconocimiento social a este proyecto, a sus beneficiarios y animadores.

¿Qué te gustaría decirles a los lectores de Nosotras?


Que no olvidemos la importancia de la acción caritativa y social en la Iglesia. No basta con anunciar el Evangelio y celebrar la fe, es necesario el compromiso continuo de cada comunidad y de cada cristiano con el servicio a los pobres. El ejercicio de la caridad es inherente a nuestro ser como cristiano y a nuestra misión como discípulos para ser consecuentes con la fe que profesamos y con las enseñanzas del Maestro al cual seguimos. Este Año Jubilar de la Misericordia es una buena oportunidad para tratar de responder con obras concretas a la invitación de Jesús de tener un corazón sensible ante el dolor y las necesidades de los demás, mis hermanos.