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Mujer: Sabiduría y Belleza


Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)


Muchos sabemos que desde hace un buen tiempo, en el mundo actual, se toma partido públicamente por la mujer, en aras de que pueda vivir a plenitud su dignidad y tenga su verdadero lugar en la sociedad. Una de mis preguntas, siempre latente, es: ¿qué entendemos la mayoría por el lugar de la mujer, por su plena dignidad?

Existe el Día Internacional de la Mujer y la campaña que dice: “No a la violencia contra la mujer”, y lo vemos en la televisión; algunos de nuestros artistas son parte de esos grupos a favor de su defensa. En estos momentos, hay vallas en nuestras calles donde se menciona este tema. En el ámbito eclesial, existe mundialmente, el Movimiento de Mujeres Católicas; y aquí, en nuestra Cuba querida también. Demos gracias a Dios por todo ello, pues ese siempre ha sido el designio de Dios, ya que el hombre y la mujer fueron creados a su imagen y semejanza, sin discriminación o relevancia de uno sobre el otro. Creados en igual dignidad. Por lo tanto, Dios quiere que vivamos en la dignidad que él mismo nos concedió. La dignidad humana del otro debe respetarse así como también debe ser respetada la nuestra por nosotros mismos. Al decir de nuestros predecesores, nos toca “darnos nuestro lugar en la vida”.

Cuando era apenas adolescente, y ya ha llovido bastante desde entonces, recuerdo que escuché en la formación que daba la Juventud Estudiantil de Acción Católica, un texto del Libro de los Proverbios, el cual era como el modelo o prototipo de una mujer (Proverbios, 31, 10-31); nos lo entregaban para que lo meditáramos y fuera parte de un camino a seguir. Unos años después, cuando participaba de otra formación para muchachas encontré que el texto central era el mismo. Lo llevo grabado en la memoria del corazón. Cada cual puede rumiar estas palabras que no pasan de moda, aunque hayan sido recogidas en los Libros del Antiguo Testamento:

“Una mujer de carácter, ¿dónde hallarla?
Es mucho más preciosa que una perla.
Sabe su esposo que de ella puede fiarse:
con ella sale siempre ganando.
Le reporta felicidad sin altibajos,
durante todos los días de su vida.
Ella se ha conseguido lana y lino
Porque trabaja con manos hacendosas.
Como los barcos de los comerciantes,
hace que su pan venga de lejos.
Se levanta cuando aún es de noche
Para dar de comer a los de la casa.
¿Tiene idea de un campo? Ya lo compró:
una viña que pagó con su trabajo.
Se pone con ardor a trabajar
Porque tiene en sus brazos el vigor.
Vio que sus negocios iban bien,
su lámpara no se apagó toda la noche;
sus manos se ocupaban en la rueca,
al huso sus dedos daban vuelta.
Le tendió la mano al pobre,
la abrió para el indigente.
No la hace temer la nieve para los suyos
porque todos tienen abrigos forrados.
Para ella se hizo cobertores,
y lleva un vestido de lino y púrpura.
Su marido es conocido entre los oficiales,
porque se sienta entre los ancianos del país.
Vende telas que ha teñido,
hasta el comerciante le compra un cinturón.
Va irradiando salud y dignidad,
mira con optimismo el porvenir.
Lo que dice es siempre muy juicioso,
tiene el arte de trasmitir la piedad.
Atenta a las actividades de su mundo,
no es de aquellas que comen sin trabajo.
Sus hijos quisieron felicitarla,
su marido es el primero en alabarla.
“¡Las mujeres valientes son incontables,
pero tú a todas has superado!”
¡El encanto es engañoso, la belleza pasa pronto,
Lo admirable en una dama es la sabiduría!
Reconózcanle el trabajo de sus manos:
Un público homenaje merecen sus obras”.


De entre esos valores y actitudes ante la vida, señalo dos: sabiduría y belleza.Los valores no deben pasar, deben actualizarse según los tiempos en que vivamos.

¿Quién no admira y desea la belleza y la sabiduría? A qué mujer no le agrada escuchar que le digan belleza; y si le alaban por ser “sabia”, entonces, sí ha alcanzado la verdadera estima y es verdaderamente bella.

La belleza sin la sabiduría es estéril, sin valor. Las dos se acompañan de la mano, como hermanas gemelas. Me viene a la mente aquel refrán que le decían a una muchacha del barrio: “es como el pavo real, muy bonita, pero cuando habla, no queda nada para recordar”. Y como es de suponer, mi mamá se encargaba de hacerme caer en la cuenta de la importancia de hablar y actuar con sabiduría. No sé qué piensan ustedes, pero yo, en mi relación con los otros, me siento bien cuando encuentro una persona, mujer u hombre, plena de la sabiduría de la vida. Entonces, da gusto sentarse y escuchar su reflexión sobre lo que acontece en el mundo, en la vida diaria y ello te ayuda a ser más persona, más digna. Personas con estas características nos hacen sentirnos bien y, cuando las encuentras, no quieres perderlas de vista, pues en cualquier momento, las tienes al alcance para compartir un sabio consejo, una experiencia para el bien personal o comunitario. Y si alguien nos comenta: será muy buena pero le falta belleza, nos asombramos porque la belleza brota de la interioridad y ello es lo que realmente valoramos, lo que nos hace sentir admiración. Ello no quita que además sea bella objetivamente hablando. Pero, no es lo fundamental, lo fundamental viene de su dignidad integrada armónicamente.

Sabiduría y belleza son regalos de Dios para integrarlos a tu persona en ese proceso de crecimiento humano y espiritual de cada día. La invitación que se nos hace es ir dejando en nuestro paso por la vida sabiduría y belleza. Alabemos a la Mujer por excelencia: María, la Madre de Jesús, y Madre nuestra quien reúne sabiduría y belleza en una armonía perfecta.