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¿Cómo hacer la consagración del diario quehacer?


Por: José Enrique Collazo

La vida diaria es el tiempo en el cual cada persona realiza su quehacer tanto en la familia como en el barrio, en el trabajo o la escuela. Se hace camino al andar en el día en los medios sociales concretos: la calle con las colas, los centros de abastecimiento, las iglesias, la transportación, las sociedades fraternales, los centros laborales y donde estudiamos.

La vida se inserta en la dinámica de la sociedad ya sea local, ya sea nacional, siempre influidos por el acontecer internacional. En dicha inserción jugamos los roles que en cada momento nos tocan desempeñar; así la vida se com-parte, por ejemplo, con la familia y con el grupo de nuestro centro de trabajo. Separo com-parte pues dividimos nuestras relaciones en al menos dos medios en los cuales “interactuamos”.

La mujer más cargada con la “doble jornada” trabajo y casa. Por eso su quehacer tiene mayor responsabilidad y requiere mayor tiempo y dedicación, en especial, en el seno de su hogar.

Un aspecto importante que hay que destacar es el siguiente: ¿cómo llevar una espiritualidad en medio de tanto corre corre? ¿Cómo re-ligar vida y cristianismo? Estas incógnitas se las plantean no solo las féminas sino también los caballeros. Pues bien, para responder «cómo conjugar lo cristiano en la vida cotidiana» les mostraré la doctrina del Concilio Vaticano II (1962-65) en su Constitución Lumen Gentium. En su número 31 está “la definición del laico” en la Iglesia Católica y en el número 34… “la consagración del mundo”.

Antes, les cuento una experiencia que presencié en Santo Domingo a donde fui a una reunión de laicos. Cuando concluyó me invitaron a conocer algunas provincias y cómo funcionaban los Movimientos laicales. Fuimos a un sitio precioso sobre una montaña mediana donde existe un santuario y se divisa un hermoso valle. Los dos laicos que me llevaron pertenecían a los Cursillos de Cristiandad que además de la formación constituyen un Movimiento con la misión de hacer apostolado. Me alejé un poco para contemplar aquella maravilla mientras los escuchaba conversar, ellos decían: a mí lo que más me ha ayudado es poder hacer “la consagración del mundo” como laicos. Yo les pregunté la razón y los dos me respondieron que esta acción “ligaba” más a Dios y a Él con nosotros y con el mundo con el cual compartimos. Señalaron que lo hacían sin tener que acudir a un templo, sencillamente, es poner en nuestras manos, como si fueran patenas, lo cotidiano y a aquellos que conviven con nosotros y ofrecerlo a Dios. Me sentí profundamente conmovido al ver tanta vitalidad cristiana.

Conviene revisar un breve párrafo del documento para que se tenga presente cómo las enseñanzas de la Iglesia contribuyen a vivir la experiencia religiosa en este mundo. Cito…

“Dado que Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa, sin cesar a toda obra buena y perfecta. Pues a quienes asocia íntimamente a su vida y su misión les hace partícipes de su oficio sacerdotal (…) los laicos en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, son admirablemente “llamados y dotados”, para que en ellos se produzcan siempre los ubérrimos frutos del Espíritu (…) De este modo, los laicos como adoradores que en todo lugar actúan santamente, consagran el mundo a Dios”.

Los laicos por la gracia recibida en el bautismo participamos en «el sacerdocio común de los fieles» no como el sacerdocio ministerial de los presbíteros. Partiendo de esta base, Cristo nos hace partícipes de su oficio sacerdotal… entonces, el texto pone las condiciones: los laicos “como adoradores que en todo lugar actúan santamente pueden consagrar el mundo” entendido como nuestra vida, la vida del entorno y de toda la sociedad, comenzando por la familia. Un simple ofrecimiento de nuestras obras y vidas, los acontecimientos de todo tipo… los consagramos a Dios, esto es, lo hacemos participar de lo nuestro y le invitamos a asumir lo que le presentamos.

El tema es para estudiarlo, si no se conoce esta doctrina del Vaticano II; para otros es bueno repasarlo para incorporarlo con más fuerza a nuestro modo de religarnos y religar al mundo con el Señor. Pienso que la “vitalidad cristiana” de aquellos hospitalarios laicos es un referente a tener en cuenta. Después de rumiar esta doctrina se podrá apreciar… lo sencillo y práctico que es la consagración del mundo en y dentro de la vida.