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50 AÑOS


Por: Alina Pérez

Espero que me permitas poner sobre el papel todo aquello que estaba pensando y viviendo en meses anteriores a esta fecha de 22 de enero de 2017, que se acercaba y era importante pero no quería acabar de verlo así… razones tenía y tengo muchas… que me golpeaban cada vez que pensaba en la ausencia de nuestros hijos (como le ocurre a muchas familias contemporáneas) y no quería vivir así ese día que para nosotros debía ser muy especial.

Por muchas vías volvía a aparecer la fecha y motivos, era cierto teníamos que celebrar, hasta que un día nuestros hijos dijeron que estarían presentes todos y de verdad veíamos que estaban haciendo las gestiones necesarias y ello iba siendo la primera sorpresa, después alegría que nos inundaba en lo interno, una emoción ante la seguridad de que venían. Mi corazón daba gracias a Dios constantemente y desde esos meses ya estaba en celebración y lo disfrutaba.

Es verdad que 50 años es una parte grande de una vida y cuando esos años son compartidos en matrimonio son más valorados. Confieso que se me han ido sin percatarme. Veo a mis hijos adultos y me parece mentira. Muchas cosas hemos pasado juntos, pero en gracias al Señor y su presencia constante entre los dos, como nos prometió el día de nuestra boda, es lo que nos ha permitido vivirlos: vida diaria y en todos los acontecimientos; cuatro hijos, familia, trabajo, soledades, trabajo de entrega en la Iglesia -siempre, hasta hoy y en adelante- separaciones, ausencias… pero sabemos que somos importantes el uno para el otro que es lo que nos ha sostenido hasta hoy.

Importante era y es para nosotros cada 22 de enero para dar gracias a Dios, buscar fuerzas y con reflexión renovamos nuestros votos cada ciertos años: las Bodas de Plata celebradas en la iglesia donde nos casamos, Jesús de Miramar, con todos los hijos y el último muy pequeño; con el Padre Teodoro en la iglesia del Carmen atravesando la lejanía de algunos de los hijos que emigraron; con amigos especiales que a través de los años recuerdan nuestra fecha y se hacen presentes. Gracias a todo esto llegamos a la fecha de las Bodas de Oro.

Sabemos que nos faltan años por delante que también traerán otras vivencias fuertes, no las mismas, pero Dios estará con nosotros y seguiremos en esta senda de amor de tres que un día decidimos comenzar. Creo que no sabría vivir sin mi esposo, su amor, confianza, apoyo, sus detalles siempre son para mí regalo importante y sé también todo lo que soy para él.

Gracias Señor por habernos permitido llegar hasta aquí, tener salud, ser capaces, activos, hacer planes y ejecutarlos y vernos rodeados de nuestros hijos después de estar 20 años separados por la emigración; estar con los nietos, la familia, los hermanos, los amigos que han sido fieles y hermanos de comunidad.

Muchas gracias a todos y continúen orando por nosotros para que seamos testigos del Señor.