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La Entrevista


Por: Caridad Zayas


Dentro del Movimiento de Mujeres Católicas, la animación del grupo presupone compromiso y responsabilidad y es también, en gran medida, vía de enriquecimiento espiritual ya que en la dinámica grupal todas aportan experiencias y vivencias. Hoy conversamos con Mercedes Padrón, animadora de uno de los grupos que componen el Movimiento para conocer un poco más sobre las singularidades del trabajo que vienen desarrollando.


Forma parte del Consejo del Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas y se encuentra al frente de uno de los grupos que conforman el Movimiento. Sé, además, que en alguna medida, está vinculada a las Hermanas Sociales. Me gustaría preguntarle: ¿Cómo llega a establecer contactos con esta congregación y qué le han aportado a su espiritualidad?

Comenzaré contándote que provengo de una familia muy sencilla, con auténticos valores humanos. Mis padres eran católicos prácticos. Crecimos, mis hermanos y yo, en un clima de amor, cariño, respeto y comprensión. Desde pequeños, mis padres nos llevaban a participar de la eucaristía y el catecismo; mi mamá le otorgaba una importancia fundamental a nuestra educación en la fe. Siempre decía: no se puede vivir sin fe, la fe nos impulsa en la vida y en nuestras decisiones, realmente, con el de cursar del tiempo, lo he podido experimentar. Recibí toda esta educación de forma positiva, ello me animaba a aportar mi modesto servicio en las diferentes pastorales, principalmente, impartiendo catecismo desde los catorce años hasta la actualidad. Toda esta vivencia me ha ayudado en mi fe y en la coherencia vida y fe. Paralelamente a mi actividad laical y de servicio llevaba también mis estudios elementales hasta llegar a ser una profesional; siempre tuve una vocación especial por mi especialidad a pesar de que tuve que sacrificar mi preferencia por la psicología ya que en esos años me invalidaba para estudiar esa carrera mi condición de católica práctica. Y ahí de nuevo constaté los caminos del Señor porque me he sentido plena en mi especialidad de microbióloga pues de igual forma podía servir a las personas.

Llego a las Hermanas Sociales en un momento de dolor y sufrimiento. Me llamó la atención su espiritualidad enraizada en el Espíritu Santo, apoyadas en este Espíritu tratan de vivir el evangelio, siendo a su vez portadoras de esperanza, instrumento de amor, justicia y paz. Además, se inspiran en la Regla de San Benito en la que la humildad, el servicio y la evangelización son directrices. Esta experiencia de vida me llevó a ser parte de los asociados, fue un enriquecimiento en mi vida espiritual y una renovación personal, he crecido más plena en el arte de la escucha, en la capacidad del silencio, fomentando la fe cristiana, el amor y el servicio.

¿Cuáles son las funciones que usted desempeña como animadora? ¿Qué le brinda usted al grupo y el grupo a usted?

Por regla general, puedo decirte que cualquiera de los grupos del Movimiento de Mujeres Católicas constituyen un espacio de encuentro y apertura hacia las diversas problemáticas de la mujer en nuestros tiempos; el grupo es también sitio de acompañamiento, de formación de valores y de análisis desde una óptica cristiana, es también lugar de esperanza. Como animadora tengo la función de impartir el tema de formación sugerido por el ejecutivo reducido, dirijo la oración con la que iniciamos nuestra reunión mensual y con mi disposición de ayuda y cercanía acompaño a todas mis hermanas de grupo; les brindo afecto, aliento y esperanza en cada ocasión y me nutro con sus experiencias de vida.

¿Cómo valora usted al Movimiento de Mujeres Católicas con vistas al futuro?

Hemos trabajado mucho en diferentes áreas correspondientes a nuestro quehacer, pero tenemos que trabajar mucho más. Nos preocupa la edad promedio de las hermanas pues es alta y ello corrobora que vamos envejeciendo. De ahí los cursos de liderazgo y formación que se imparten para el crecimiento en la fe y el compromiso laical apoyados en el Evangelio. Se van creando grupos en diferentes lugares y algunas jóvenes se integran pero debemos tratar de incorporar una mayor cantidad ya que ahí está el relevo.

Usted es microbióloga de profesión. ¿En algún momento, su actividad laboral propició un aumento de su fe?

En mi vida profesional en la rama de la salud, no han faltado experiencias donde mi trabajo investigativo y de servicio han aumentado mi fe. Ofreceré un ejemplo: en una oportunidad llegó al Cuerpo de guardia, una señora de cincuenta y dos años, con un infarto cerebral, pérdida de control de esfínter, sin conocimiento, o sea, un cuadro típico de ese diagnóstico. El especialista, después de haber hecho lo posible, explicó que no había nada más que se pudiera hacer. Yo me encontraba allí por casualidad pues no era ese mi lugar. Son las cosas de Dios; entonces, comencé a rezar y pedí a Dios si era su voluntad y para el bien de la persona que reaccionara; la señora salió de ese estado y se me escapo la expresión gracias Dios mío. Luego, algunos me dijeron: ¿usted tan joven cree en esas cosas? Y yo les respondí que los milagros no son de los hombres, son presencia de Dios y que solo Él sabe el momento de cada uno. Esa experiencia fue para aumentar mi vida de fe y dar muchas gracias, pues sé que Él me ama y siempre está presente.

Un mensaje para todos aquellos que leen nuestra revista

A todos les digo: Dios se nos da sin medida a todos los que confiamos en Él. Si somos sinceros, honestos y auténticos nunca nos sentiremos maestros ni salvadores sino humildes aprendices.