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Perspectiva ético social de la jubilación


Por: María Amelia González.


El tiempo que antecede al periodo de la jubilación o retiro laboral comprende los cinco años previos a la presentación de los documentos para recesar la vida laboral activa llegada a la edad y el tiempo trabajado, según la legislación laboral vigente en el país es sabido que aunque el reloj biológico nos pauta un cambio necesario en nuestras vidas, hay factores de riesgo macrosocial que van aparejados a este momento y constituyen en sí un stress para toda persona que se encuentra en este momento de su vida.

La etapa previa a la jubilación se caracteriza por una gran ansiedad, incertidumbre, proyección desmedida, miedos, resistencia al cambio, irritabilidad, euforia y ambivalencia.

Las personas que están cercanas a la edad de la jubilación deben prepararse para que posean una clara visión de este proceso lógico que viene aparejado con la edad, y afrontar los cambios.

Por ello, se recalca:
Informarse sobre los derechos y el proceso de jubilación.
Redistribuir las labores y funciones familiares.
Preparar su relevo en el puesto laboral.
Planificar salidas y actividades que satisfagan sus intereses y gustos.
Reforzar las relaciones intergeneracionales dentro de la familia.
Planificar espacios de relajación y horario de práctica deportiva.
Retomar el contacto con antiguos amigos o compañeros de estudio o trabajo.
Seleccionar hobbies o descubrir habilidades y capacidades en las que emplee el tiempo libre.
Reorganizar espacios en el hogar adecuándolos a sus limitaciones o teniendo en cuenta las barreras arquitectónicas.
Apoyar a la familia en arreglos y toma de decisiones familiares.
Organizar la papelería personal.
Arreglar cajones y libreros para liberar espacios.
Cancelar pendientes.
Establecer un sistema de ahorro y reordenamiento de sus finanzas.
Superarse en todo lo referido al envejecimiento.
Como factores de riesgo macrosocial encontramos las pérdidas de status, el aislamiento, la ausencia de confidentes, la inactividad, la inadaptación a la jubilación, la falta de hábitos e insatisfacción con actividades cotidianas y la adaptación a nuevas condiciones de vida con menos poder adquisitivo.

El proceso de preparación antes de la jubilación necesita:
No resistirse a los cambios.
Establecer nuevos hábitos saludables de vida.
Planificar las actividades de la vida cotidiana.
Balancear la dieta.
Combinar e incorporar nuevas habilidades y capacidades.
Realizar ejercicios físicos y caminar.
Evitar el sedentarismo y comprender el desgaste humano y la disminución de nuestras capacidades.
Garantizar la salud física, mental y espiritual.
Valorar esta nueva etapa como un espacio de mayores posibilidades de relación y comunicación con nuestros afectos.
Entender que somos necesarios pero no imprescindibles.
Sentirnos útiles y dispuestos a este cambio lógico en nuestras vidas.
La jubilación.

Distintos estudios realizados señalan que:
Solo un bajo porciento de aquellas personas que se jubilarán se resiste a la preparación de su relevo.
Un tercio de los jubilados lo ha hecho en la edad deseada.
Un alto por ciento se encuentra insatisfecho con la remuneración laboral.
La mitad de los jubilados plantean que le han salido achaques y problemas de salud que antes no tenían.
Un alto por ciento de jubilados se siente aislado y sus relaciones familiares se han resquebrajado.
Más de la mitad de los jubilados terminan su vida laboral activa con dificultades físicas y de índole laboral.
La mayoría de los intelectuales o científicos continúan trabajando después de la edad de jubilación.
Muchos jubilados buscan trabajos alternativos para una segunda entrada económica.
Resulta significativo que muchos acceden a la jubilación por reconocerse cansados y sentir que ya no rinden igual.
Algunos preparan y forman a su relevo de acuerdo a sus códigos personales