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La mujer adulta mayor

Por: Migdalia Dopico

La vejez es una etapa más del ciclo vital que debe ser vivida a plenitud; desde edades tempranas hay que prepararse para afrontarla y saber de sus pérdidas y ganancias, así llegaremos a ella con calidad y las menores limitaciones posibles.

Es responsabilidad del estado y otros actores del campo público ofrecer políticas y servicios que garanticen un envejecimiento con dignidad, sobre todo en una sociedad como la nuestra con un alto índice de población con sesenta años y más. Actualmente, esa fase de la vida no es bien valorada por muchas personas pues persisten imágenes negativas que contribuyen a la exclusión de los ancianos de la vida familiar y social, estos van perdiendo relaciones, no se les toma en cuenta en decisiones que le conciernen y se llega incluso al maltrato en sus múltiples variantes, todo lo cual es indicador de la falta de reconocimiento a sus derechos fundamentales como persona.

El ser mujer y adulta mayor supone otros agravantes como la recarga en el cuidado de niños y familiares enfermos, la responsabilidad con las tareas del hogar, aumentando de esta forma el riesgo de enfermedades, discapacidades, el incremento de tensiones, lo que contribuye a restar tiempo para realizar otras tareas de su agrado o participar en actividades para su disfrute y esparcimiento.

Sin abandonar la participación en la vida familiar y ofrecer el apoyo que necesitan otros miembros, la adulta mayor debe buscar espacios para su autorrealización, crear o consolidar amistades, visitar lugares, participar en actividades culturales, productivas o de cultivo de su espiritualidad.

La vida es un don de Dios para todas las personas y hay que vivirla con dignidad, por tanto, en la vejez también hay que tener un proyecto de vida, pues todas las etapas tienen su manera de vivirse. Hay que amar, soñar, relacionarse, orar, conocer, aprender.

Las mujeres adultas mayores tienen mucho que aportar a la sociedad, son fuente de sabiduría y experiencia, ellas pueden dejar un legado importante a las generaciones más jóvenes. Vivir con alegría, plenitud y responsabilidad esta etapa es esencial y será un buen ejemplo para valorarlas e imitarlas.