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¡Cosas que hacemos mal!



Tomado de la web


Muchas veces actuamos de manera equivocada cuando se nos presenta una situación relacionada con la salud, ya sea por hábito, o desconocimiento. Por ejemplo:

Echar la cabeza hacia atrás si te sangra la nariz.

Ante una hemorragia nasal, lo primero que debes hacer es taponar la nariz presionando la parte superior con los dedos a modo de pinza e inclinar la cabeza hacia delante. Solo de esta manera comprimirás la pérdida y conseguirás que la sangre drene hacia fuera para evitar tragarla o que pase a las vías respiratorias.

Abrigarte para sudar la fiebre.

Cuando tengas fiebre debes evitar abrigarte, bañarte con agua helada y frotarte con alcohol ya que este puede causar, sobre todo a los niños, una intoxicación etílica. Lo que debes de hacer: es tomar un antipirético, desabrigarte (no desnudarte) o tomar baños de agua templada para reducir tu temperatura corporal. Así no afectarás tu salud.

Tomar café al despertar.

Tu cuerpo dispone de un reloj interno, el cual se encarga de aumentar tu grado de alerta a primera hora de la mañana con el incremento de la producción de cortisol. Estos niveles van disminuyendo en las horas posteriores, por lo que resulta más efectivo posponer el consumo de café dos o tres horas tras levantarte y no al despertar como acostumbras.

Copiar la dieta de alguien.

A lo hora de ponerte a régimen, es preciso que tengas en cuenta una serie de factores como el sexo, la edad, las alergias e intolerancias alimentarias y enfermedades como la hipertensión o la diabetes, ya que condicionarán el contenido nutricional y calórico. Por ello, es fundamental no hacer la dieta de otras personas sin la evaluación previa de un médico nutricionista.

Saltarte el desayuno.

Una dieta equilibrada exige cinco comidas al día: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. El primero te aporta energía para afrontar las tareas de la mañana y evita que comas demasiado en las comidas principales por un apetito excesivo. Esto es de suma importancia en los niños, ya que no desayunar es, junto al sedentarismo, el riesgo más frecuente que conduce a la obesidad infantil.

Usar zapatos de tacón alto o totalmente planos.

Un calzado con tacón muy alto favorece la sobrecarga en el antepié y ayuda a la formación de callos, dedos en garra e infecciones a las uñas. Uno demasiado plano puede ocasionar problemas en la región del talón, como durezas, fascitis plantar o tendinitis de Aquiles. Lo ideal es que uses un zapato con tacón moderado, anchura adecuada y buena sujeción.

Cepillarte los dientes apenas terminas de comer.

Si has ingerido alimentos con alto contenido ácido (frutas, zumos, vino o café) deberás esperar 30 minutos para lavarte los dientes, porque si lo haces inmediatamente, repartirías el ácido por toda la boca y te arriesgarías a sufrir caries. Así pues, deja actuar a la saliva para que neutralice el PH de lo que hayas comido y haga su labor antiséptica. Tomar fruta de postre.

La fruta tiene un monosacárido denominado fructosa que, ingerido tras la comida, provoca un aumento rápido de los niveles de insulina en sangre y hace que todo lo comido anteriormente tenga más facilidad para convertirse en grasa. Además, en ocasiones, produce gases. Por todo ello, lo ideal es separar la ingesta de fruta de las comidas principales.

Dormir con la televisión prendida.

Ver la televisión o usar otros dispositivos electrónicos con pantalla antes de dormir disminuye el tiempo y la calidad del descanso. Esto se debe a que la luz que emiten tiene una longitud de onda que dificulta la producción de la melatonina en el cerebro, hormona encargada de inducir y mantener el sueño.

Llevar bolsos grandes.

Los bolsos grandes suelen ser sinónimo de una gran carga llevada de forma inadecuada, lo que provoca lesiones de hombro y espalda, como tendinitis, contracturas cervicales, dorsalgias y lumbalgias. Lo ideal es llevar solo lo imprescindible (que no supere el 3% de tu peso). Recuerda llevarlo cruzado. Lavarte mucho.

El agua rompe el manto lipídico y la capa córnea que protegen la piel, y causa que ésta se deshidrate. Para evitarlo, lávate las manos un máximo de cinco veces, dúchate una única vez al día, incluyendo el pelo (al contrario de lo que puedas pensar, el cabello no se pudre si te lo lavas a diario) y emplea productos lo más neutros posible y con poco perfume.
Usar un sostén cualquiera.

El 70% de las mujeres no usa el sostén adecuado y nueve de cada diez desconoce su talla. Para evitar que esto afecte a tu salud y a tu higiene postural, ten en cuenta que esta prenda no debe apretarte (ni dejarte marca), los tirantes han de quedarte rectos y la parte de atrás en posición horizontal. Además, el aro nunca debe aplastarte el pecho ni quedar despegado.

Beber agua en exceso.

Demasiada agua obliga a tus riñones a eliminar más líquido y con él, electrolitos que son necesarios para el organismo, como el calcio, el potasio, el magnesio o el sodio. Lo ideal es que ingieras dos litros y medio al día. Pero ¡ojo!: en esta cantidad se incluyen también los alimentos que comes (la carne, de hecho, tiene un 40% de agua).

Abusar de la sal o prescindir totalmente de ella.

La sal solo es perjudicial para quienes no la pueden eliminar, por lo que son ellos y no toda la familia los que deben sustituir este condimento por otros, como el romero o el orégano (las personas jóvenes con la tensión baja pueden sufrir mareos, pérdidas de conocimiento o lipotimias si eliminan esta sustancia). Lo ideal es cocinar los alimentos con el punto justo de sal.

Tomar analgésicos al primer dolor.

Con el consumo de analgésicos hay que ser especialmente cuidadosos: no es recomendable tomarlos con demasiada frecuencia porque puedes generar una tolerancia al mismo, pero tampoco dejar que el dolor se instaure y aguantar muchos días sin tomar nada porque luego será mucho más difícil de tratar y necesitarás una dosis doble.

Cruzar las piernas.
v Tan común que seguramente lo realizas sin darte cuenta, este gesto afecta a tu espalda, ya que te obliga a cargar todo el peso en un solo lado haciendo que tu columna se incline. Asimismo, provoca que se salga un poco el hueso del muslo y que al levantarte puedas notar una pierna más larga que la otra. Siéntate siempre con las piernas tocando el suelo, y formando un ángulo de 90 grados tanto en rodillas como en caderas.

Fumar para relajarte.

La sensación de alivio y relajación que experimentas con un cigarrillo se debe tan solo a que calma tu síndrome de abstinencia. De hecho, fumar provoca tu ansiedad. Lo mejor que puedes hacer, por tu salud en general y la de los tuyos, es abandonar el hábito tabáquico hoy mismo.