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NOSOTRAS, EN CAMINO PASCUAL


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

Cuando llega el mes de marzo y pensamos en las fechas señaladas, inmediatamente, me vienen a la mente dos fechas importantes: el primero de marzo -comienzo de la Cuaresma, camino a la Pascua-, y el ocho por conmemorarse el día Internacional de la Mujer.

Estos dos momentos nos invitan a reflexionar en clave de futuro, aprovechando las buenas ocasiones para llevar adelante proyectos a corto y a largo plazo. Futuro porque ser mujer es una tarea que nunca se alcanza definitivamente, siempre “se puede más”. Las mujeres casi nunca nos sentamos a rumiar carencias, sinsabores, limitaciones, al contrario, nuestras vidas siempre están en marcha rápida porque no estamos para perder el tiempo, como decían nuestras madres. La mujer, gracias a Dios, lleva implícito el dar la vida, el dar a luz, ya sea física o espiritualmente, y sin contar los años, porque no es nuestro fuerte dar cuenta de los años.

María, Madre de Jesús y madre nuestra nos enseñó lo que es ser Mujer, estar en marcha, disponible, el ir siempre adelante sin pensar en nosotras mismas. Cuando el ángel le anunció que sería la Madre del Hijo del Altísimo, (Lc. 1, 31-32), no optó por sentarse y gozar de ese misterio tan grande; ella se fue a casa de Isabel y, para ello, cogió aprisa el camino de la montaña para ir al Encuentro que quedó escrito en la historia bíblica, (Lc. 1, 39). María nos enseña a ser mujeres en Salida y va para Servir a aquella que la necesita. Y gracias a esa puesta en marcha, salida, encuentro y servicio nos queda una imagen rica de lo que es un verdadero encuentro entre mujeres. Sin saberlo, María ya caminaba hacia la Pascua pasando por lo que hoy llamamos Cuaresma.

María caminó cuando el censo (Lc. 2, 1 ss.); caminó buscando un sito para que naciera el Salvador y no iba sola, iba con José. Y de ese caminar surgió la familia, al dar a luz al Dios con Nosotros. Caminó para presentar a Jesús en el templo (Lc. 2 22). No pudo detenerse, caminó nuevamente en la huida a Egipto, (Mt. 2, 13-14) -protegían a Jesús de la muerte anticipada-. Esto dio lugar a que José, María y el Niño se convirtieran, por un tiempo, en refugiados, inmigrantes.

María de nuevo en camino cuando Jesús era adolescente, iban a celebrar la fiesta de la Pascua judía, antesala de aquella Pascua de Jesús (Lc. 2, 41). El evangelio narra pocas escenas de su vida, sin embargo, es llamativo que está siempre en camino, de salida, viviendo en lo cotidiano- los “misterios dolorosos, gozosos, luminosos y gloriosos-”. María fue a las Bodas de Caná, (Jn. 2, 1-2) y en ella estaba también Jesús con sus discípulos. Esta boda nos muestra la importancia para Ella de la relación familiar, gracias a la cual propició el primer milagro de Jesús, evitando así que la fiesta no “quedara aguada”, (sino, con un buen vino).

El más duro camino fue el de la Pasión y Muerte de Jesús, y allí estaba María, al lado de su Hijo inocente. Sufrió el mal que sufrió su Hijo. Fue mujer fuerte hasta llegar al pie de la cruz. Valiente con el valor del amor. Y allí, Jesús no la dejó sola en su caminar, se la entregó a Juan y a nosotros, para caminar con Ella. (Jn. 19, 25-27).

Con la muerte de Jesús, María no dejó de caminar. Caminó ahora hasta el Cenáculo para estar en oración junto a los Apóstoles y los discípulos y esperar allí con ellos, (Hch. 1, 14) la venida del Espíritu Santo. En su corazón habría incertidumbres y certezas, dudas y confianzas, pero sobre todo amor y esperanza.

Me imagino que a ustedes les pasará como a mí. No encuentro otra Mujer mejor que ella que me enseñe a celebrar el Día de la Mujer. Muchas de nuestras abuelas, de nuestras madres, o mujeres conocidas, encontraron en María, la Virgen, la mujer para admirar y para concretar la vida en lo cotidiano, en lo aparentemente anónimo. Imaginamos lo que le faltaría al mundo si Nosotras no fuéramos lo que debemos ser y vivir. No estamos hechas para arrastrar la vida. Dios creó al hombre y a la mujer para que de ambos hubiera una creación hermosa, que vale la pena vivirla.

Celebremos el día de la Mujer como María, nuestra Madre, en camino, en salida hacia el servicio; salidas que propicien verdaderos encuentros, donde cada cual pueda ser quien es. Favorezcamos la vida, y una vida Pascual, de resucitadas y resucitados, donde puedan florecer los demás a nuestro paso, qué brille el sol cuando pasemos, que no se detenga la vida. Continuemos dándole a nuestro futuro un rostro de resurrección donde la alegría de Jesús pueda llenar el corazón de este pueblo que busca por todos los lados un futuro de esperanza, de proyectos, repito, a corto y largo plazo. Busquemos con quién queremos echar adelante un proyecto de futuro.

El Camino Pascual no se equivoca. A veces, nos lamentamos, nos equivocamos de camino, “es de humanos el errar, pero el rectificar, es de sabios”.

Miremos a María y a Jesús, veamos en ellos no solo la cruz, sino el final feliz de esa cruz: la Resurrección. No es un cuento de hadas, es una invitación a ser bienaventurados. Vivir en clave de Resurrección es la mejor propuesta para todos.

¡FELICES LOS QUE CAMINAN
DE LA MANO DE MARÍA Y
CON LA MIRADA SIEMPRE PUESTA
EN EL RESUCITADO PORQUE SU CRUZ SE HARÁ MÁS LLEVADERA!