Get Adobe Flash player

Poderoso Caballero



Por: Celia Polledo


Víctima como todos de un calor poco usual para principios de enero, me dirigí a pagar mi factura telefónica a Dragones y Águila. Una abultada cola me daba la bienvenida y quitaba el buen deseo de cumplir con mi obligación de pagar. Un tanto impacientes nos mirábamos unos a otros, cuando apareció un joven vestido con todo lo que la ropa de marca puede ofrecer. No pidió el ultimo, ni tan siquiera hizo el esfuerzo por averiguarlo, pero se dirigió, sigilosamente, hasta el sitio donde se ubicaba un señor que, por ser la primera persona de la cola le correspondía pasar a la zona donde se efectúa el pago así como otras gestiones. Después de una buena conversación, ambos entraron juntos para disgusto de los que aún esperábamos nuestro turno. La explicación a lo que veíamos la ofreció una señora que escuchó cuando el joven ofreció y, luego, dio dinero al señor de marras.

Para algunos, el señor había tenido un momento de suerte y quizás envidiaban no haber sido ellos los elegidos, pero otros comentaban sobre cómo algunos con dinero resuelven lo inimaginable.

Soluciones como esta son comunes en nuestro diario quehacer, pues a cuántos nos ha ocurrido que la pieza para arreglar nuestro equipo electrodoméstico no se encuentra ni en el almacén, pero cuando se habla de resolver “por la izquierda,” milagrosamente, aparece. Tristemente, como este ejemplo hay muchos en cualquier ámbito al que la necesidad nos lleve y donde el dinero es la llave que soluciona las dificultades.

Francisco de Quevedo y Villegas, importante poeta español del siglo XVII, retrató a la sociedad en la cual vivió en el poema “Poderoso Caballero es Don Dinero”, de este transcribo un fragmento:

Madre yo al oro me humillo
él es mi amante y mi amado
pues de puro enamorado
de continuo ando amarillo
que pues doblón o sencillo
hace siempre cuanto quiero,
poderoso caballero
es Don Dinero.

Si bien para algunos este poema es el reflejo de su actuar, todavía existen quienes nos brindan su apoyo, su capacidad profesional, su mano amiga, aunque no nos conozcan, motivados únicamente por el deseo ayudar.