NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Segundo Trimestre 2011

 

LA ENTREVISTA


Para comenzar la sección de ENTREVISTA el Consejo de Redacción de NOSOTRAS no dudó inaugurarla con Mari Cruz García, quién desde muy joven se vinculó a la Acción Católica. Por razones de espacio preferimos   editar el texto sin las preguntas, lo cual no afecta la esencia ni la comprensión de las respuestas de la entrevistada..

Nací en una familia cristiana en octubre de 1940 en La Habana. Mis padres eran españoles (asturiano y castellana respectivamente). Fui única hija. Asistí al colegio laico Baldor, muy conocido por aquella época. Era un colegio para hembras y varones, y si bien no estaba dirigido por religiosos, se preocupaba por   impartir una esmerada enseñanza moral y religiosa que nos hacía ciudadanos honestos y cristianos.


Desde temprano pertenecí a la Acción Católica en la sección llamada “Pequeñas”, después, en la enseñanza media, me incorporé a la JEC (Juventud Estudiantil Católica) donde me inicié como miembro pleno. Nos reuníamos una vez a la semana o cada 15 días para crecer en la fe, y analizar el compromiso que teníamos como estudiantes de evangelizar nuestro      medio. Recuerdo que todos los años, en el patio del colegio, organizábamos una feria de libros de corte religioso dirigido sobre todo a los jóvenes para contribuir a su formación espiritual.

    Me gradué de Secretariado comercial en 1957 pero me di cuenta de que no era eso lo que yo quería    profesionalmente para mi vida. Realicé diversos  trabajos hasta que comencé en 1963 a estudiar   Francés en la Alianza francesa, lo cual me ayudó mucho en esos años de discernimiento. Fue una   época muy importante porque pude conocer a personas valiosas afines a mis ideales.

    En 1973, la Universidad de La Habana abrió los cursos para trabajadores y matriculé en la Facultad de  Lenguas Modernas para la Licenciatura en Lengua  Francesa y comencé a trabajar en el Dpto. de Traducciones del Instituto Cubano del Libro, como traductora      En 1980, pasé a la Editorial Arte y Literatura,  primero me desempeñé como correctora y después como editora.  Me jubilé en 1995 y puedo decir que disfruté mucho en el ejercicio de mi profesión.   Nunca tuve problemas para llevar mi vida profesional y mis deberes como laica. Mi matrimonio con mi     esposo José Ramón, que contrajimos el 18 de abril de 1971 (hemos cumplido recientemente 40 años de casados) nos comprometió mucho más con la Iglesia.

Al principio de la Revolución todo fue cambiando y la Iglesia no fue ajena a esos cambios. Se fueron desintegrando algunas organizaciones eclesiales importantes. La situación era tan delicada que hacia el año 1964, por decisión de los Obispos se disolvieron los grupos juveniles de la Acción Católica. En mi caso me incorporé a la  parroquia del Santo Ángel Custodio, en la que todavía se reunía un grupo de jóvenes para leer la Biblia y comentar pasajes que nos servían para nuestra formación espiritual.

También nos nutríamos de los materiales que nos iban llegando del Concilio Vaticano y que se reproducían con bastante inmediatez a pesar de las dificultades. Éramos pocos pero hicimos una gran amistad. Fue ciertamente una época muy bonita pues aunque había trabas de todo tipo para con los creyentes nos   animaba un gran entusiasmo y eso nos hizo estar más unidos y sentirnos fortalecidos.

  Después que José Ramón y yo nos casamos decidimos incorporarnos a nuestra comunidad de Monserrate donde hemos permanecido hasta hoy.  La Iglesia se debilita en sus miembros cuando empieza el éxodo de familias hacia otros países y eso se hizo notar en las comunidades      Del mismo modo ello influyó y sigue influyendo en el debilitamiento de las asociaciones y movimientos laicales.

    El Concilio significó un cambio radical de la Iglesia en muchos sentidos, y en esas novedades estuvo involucrada la presencia de la mujer dentro de la Iglesia y su participación activa en trabajos pastorales, asistenciales, la liturgia, etc.

    En Cuba se vivieron fuertemente los cambios del Concilio.

    Pero la presencia de la mujer en la Iglesia le viene desde el momento en que Jesús las convocó a que participaran en su misión evangelizadora y salvadora, y de esto habla la historia de la Iglesia, mejor de cómo podría hacerlo yo.

    No recuerdo exactamente cuándo se fundó el   Movimiento de Mujeres Católicas. Lo cierto es que yo no lo fundé. Hay un incidente que, de algún modo, me relaciona con los orígenes de este              Movimiento. Y es que tuve que ir a México para asistir a un evento de laicos organizado por el       CELAM; participamos tres laicos: yo, por la Comisión Episcopal de Laicos, José Padilla, como Presidente del Consejo de Laicos de La Habana, y por Manzanillo, como  responsable de Laicos, Tito Estrada, Padilla y yo teníamos que contactar con algunas personas para diferentes asuntos, todos de Iglesia, y entre ellos -como importante- era conversar con la Presidenta de la Unión Mundial de  Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC), la Sra. María Eugenia Díaz de Pfennich  y darle a     conocer que en Cuba había un núcleo de mujeres católicas interesadas en agruparse en un movimiento de Mujeres para lo que ya habían dado algunos pasos y querían conocer cómo tener contactos con la Organización de Mujeres Latinoamericanas.
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La Sra. María Eugenia quedó muy entusiasmada con la experiencia y algunos meses después vino a Cuba y se reunió con ellas. Se entrevistó con la que por aquellos tiempos funcionaba más o menos como presidenta, la Dra. Adria Díaz , y por ahí empezaron a caminar las cosas.

   Yo nunca tuve cargos directivos en el Movimiento de Mujeres Católicas pues desde antes ya estaba muy comprometida con el Movimiento Familiar Cristiano al que he dedicado gran parte de mi vida en la Iglesia sirviendo de un modo o de otro. Mi esposo y yo siempre hemos sentido que ese es nuestro apostolado seglar y a él nos hemos  consagrado.

El Movimiento de Mujeres Católicas tanto como el Familiar Cristiano han tenido sus períodos de auge y de desánimo si se considera que sus animadores no  siempre han sido estables por las razones que antes comentábamos. Y lo mismo ha ocurrido con sus miembros, que se van del país o abandonan el     compromiso con el movimiento porque se dan cuenta de que eso no era lo que estaban buscando.

    Después del ENEC la Iglesia se renovó y surgieron nuevas modalidades de grupos laicales. Uno de ellos fue el Movimiento Diocesano de Familias (más tarde Movimiento Familiar Cristiano) que desde la Pastoral matrimonial se planteó evangelizar a la familia integralmente, con un secretariado que impulsara las posibles líneas de evangelización y se aprobaron sus Lineamientos.  Todo esto comprometía a un trabajo responsable y por ahí empezamos a caminar. Hablamos con nuestro Arzobispo Jaime Ortega y aunque con cierta reserva, confió en nosotros. Claro que se presentaron dificultades, incomprensiones, rechazos.., pero nuestra oración y nuestro entusiasmo dieron fruto.  Fue así como surgió el Movimiento Diocesano de Familia. Por aquellos tiempos nos  visitó la Presidencia a nivel latinoamericano, y en 1993 nos invitaron a una reunión del Movimiento en    Argentina donde nos hicieron miembro de la esa   Organización Internacional. De eso hace 17 años pero como ya el Movimiento en Cuba había sido creado desde 1990, estamos cumpliendo los 20 años. El objetivo fue siempre mantener la vivencia de los matrimonios y su familia en la formación de valores cristianos.

    Mi actividad como laica sigue desarrollándose en la parroquia de Monserrate, pero ya son 70 años. Allá cada domingo mantenemos contacto con un grupo de mujeres católicas para comentar algunos temas relativos a la Iglesia. Son mujeres comprometidas con su fe pero, por diversas razones, en alguna época de sus vidas tuvieron que alejarse. Y ese vacío es lo que en estos encuentros intentamos nivelar.

    Estoy muy satisfecha con todo lo que Dios me ha dado. Nací en una familia estupenda y creé con mi esposo y nuestro hijo una familia sinceramente  realizada y feliz. Hemos vivido momentos difíciles dentro y fuera de la Iglesia pero los hemos enfrentado con nuestra fe y eso nos ha fortalecido.

 

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