NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA



Segundo Trimestre 2012
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Juana de Arco
Amor a Dios y a su Patria.

 

    Francia, seis de enero de 1412, día de la Epifanía del Señor.
En un pequeño poblado llamado Domrémy, Jacques Darc y
su esposa Isabelle Vouthon, en compañía de sus tres
hijos varones estaban alegres por la niña recién llegada
al mundo, a la que llamaron Juana.

La niña creció y al llegar a la adolescencia comienza a tener sus primeras experiencias místicas, las cuales encausaron su futuro y la hicieron entrar en la Historia Universal como Juana de Arco, la doncella de Orleáns.

Yo tenía trece años cuando escuché la voz de Dios, declaró Juana mientras era interrogada en Ruán el jueves 22 de febrero de 1431. Añadió que la primera vez que la escuchó, notó una gran sensación de miedo. Una o dos veces por semana, escuchaba la voz hasta que le fue revelado el mensaje. La voz me decía que yo levantaría el asedio de Orleáns.

Durante el interrogatorio ella detalló que durante siete años estas voces le aconsejaban y la protegían y que había visto con sus propios ojos a San Miguel Arcángel -protector del reino de Francia- acompañado de ángeles del cielo. Así, por orden de Dios partió a liberar Francia.  

Con 17 años, convenció al Rey Carlos VII de que expulsaría a los ingleses de Francia y éste le dio autoridad sobre su ejército en el Sitio de Orleáns, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430. Estas campañas,  conocidas como Guerra de los Cien Años permitieron la coronación del rey. Como recompensa, el rey eximió al pueblo natal de Juana del impuesto anual a la corona, ley que se mantuvo en vigor hasta hace aproximadamente cien años.

Juana fue capturada por los borgoñones y entregada a los ingleses junto a uno de sus hermanos -Pierre, el cuál sería liberado dos años más tarde- después de una gran resistencia el 23 de mayo de 1430.

Durante un año Juana fue trasladada de una villa a otra, hasta su llegada final a la ciudad de Ruán, en la que fue encarcelada en una celda oscura dentro de una torre. A partir de ese momento el obispo de Beauvais, Pierre Cauchon, lideraría un proceso eclesiástico irregular durante meses condenándola finalmente por herejía y luego el duque Juan de Bedford, en nombre de la justicia secular la sentencia a morir en la hoguera.

La mayoría de los datos sobre su vida se basan en las actas de aquel proceso pero, en cierta forma, están desprovistos de crédito, pues, según diversos testigos presenciales del juicio, fueron sometidos a multitud de correcciones por orden del obispo Cauchon, así como a la introducción de datos falsos.
A las nueve de la mañana del 30 de mayo de 1431, Juana, con 19 años, fue escoltada a una plaza donde se encontraba una plataforma con una estaca en el centro, rodeada de ramas y circundada por diez mil personas y mil soldados. Después de ser atada al madero pidió a los sacerdotes que llevaran una cruz delante de sus ojos hasta que ella muriese, para así acabar sus últimos  momentos acompañada por Dios. Mientras era consumida por las llamas, Juana pudo gritar varias veces:  

      “-¡ Jesús, Jesús !-”.

Veinticinco años después de su condena, El Rey Carlos VII de Francia y la familia de Juana, quienes habían reunido las pruebas necesarias pidieron al Papa Nicolás V que revisara el juicio inquisitorial, negándose éste a reabrir el proceso. Su sucesor el Papa Calixto III -el español Alfonso de Borja- dispuso que se reabriera el proceso. En 1456, después de numerosos testimonios, la inocencia de Juana fue reconocida y los jueces que la habían condenado fueron acusados de herejes.

Finalmente, en el siglo pasado, en 1909 fue beatificada   y posteriormente declarada santa en 1920 por el Papa   Benedicto XV, siendo declarada como la santa patrona de Francia, celebrando su festividad el día del aniversario de su muerte, el 30 de mayo. Fue una inspiración para la fuerzas aliadas en la lucha contra el fascismo. En la actualidad es reconocida como una mujer notable, valiente, vigorosa y con una gran fe en Dios.

 

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