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El Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres


Por: Magdalena Moreno.


Después de quince años de servicio con mujeres marginadas, debo agradecer en primer lugar al Señor y luego a todas esas personas que se encuentran en el Movimiento de Mujeres Católicas, a diversas organizaciones, a las colaboradoras de nuestro Movimiento en las comunidades y a los que de una forma u otra han ayudado para que se hiciera realidad esta labor del Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas y lograr la continuidad del proyecto “Taller de la Esperanza”.

Vale destacar que fueron las propias mujeres beneficiarias y protagonistas del proyecto las que seleccionaron su nombre y según han manifestado, gracias a este sueño ellas viven felices en estos tiempos difíciles -como suelen afirmar- reconociendo a Cristo y afrontando sus vidas con una visión diferente ya que han aprendido que los problemas pueden resolverse cuando se tiene a Cristo como único salvador en el corazón y nos colocamos en sus manos; ellas pidieron recibir los sacramentos del bautismo, confesión, comunión, confirmación y algunas han santificado su unión matrimonial ante Dios, en el altar. En general, estas hermanas continúan avanzando tanto en el orden personal como espiritualmente y por ello, en estos momentos, trabajan en sus comunidades y son laicas activas y su incorporación a la sociedad ha permitido que hoy trabajen o estudien y, en algunos casos, las de mayor edad se han incorporado a la Cátedra del Adulto Mayor en la universidad.

Para mí, el colaborar con el Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas en este proyecto me ha hecho profundizar en mi labor como bautizada y mujer en función de trabajar para el Reino de Dios.

Muchas de ellas al saber que en nuestra revista se trataría este tema, expresaron lo que ha significado todo este tiempo en sus vidas. Por ello, Elena Lombillo comentó: Me incorporé al taller en sus comienzos y para mí ha sido lo mejor que me ha podido suceder porque he podido comprender muchas cosas y, sobre todo, valorarme como persona y crecer en la fe. Y le agradezco a Dios el permitirme conocer a Magdalena porque ella nos ha ayudado a comprender el valor que tiene la mujer y nuestra misión Agradezco al Movimiento de Mujeres y a nuestras hermanas de los grupos en las parroquias quienes constantemente se preocupan por nosotras y ayudan al Taller para poder seguir adelante.

Por su parte, Caridad Casas señaló: No hay palabras que puedan expresar mi agradecimiento al Movimiento de Mujeres y, en especial, a Magdalena. Solo Dios sabe lo que ha sido para mí este Taller; fue como una luz en medio de la oscuridad en la que vivía. Todas nos llevamos como familia, compartimos todos los momentos: la tristeza, las alegrías, las enseñanzas, en fin, no puedo definir lo que han representado para mi estos quince años en los que me he liberado de dudas y desesperanza; solo me queda dar gracias a Dios y al Movimiento por el bien que están haciendo y le pido al Señor que siempre siga iluminando esta misión tan bonita y humanitaria.

Por otra parte, América, otra participante del proyecto apuntó: Tanto mi nieta como yo agradecemos al Movimiento todo el bien que hacen a través de esta propuesta tan humana y la ayuda espiritual que recibimos. Le doy las gracias a la hermana Magdalena que nos ayuda a comprender que Cristo siempre está a nuestro lado y coloca en el camino, como hizo a través del Movimiento, a personas que nos ayudan a pensar y actuar. Deseo dar las gracias también por enseñarnos que somos una familia.

Yairelis, participante también de “La Esperanza” expresó: Me encuentro muy feliz por pertenecer al proyecto; en él he podido aprender a valorarme y a confiar en Dios. He podido salir adelante pues mi autoestima es alta y ello es gracias a los cursos que nos han impartido. Quiero dar gracias por todo el apoyo recibido y quiera Dios que puedan seguir ayudándonos, sobre todo, en la espiritualidad.

Finalmente, Rosita, un miembro más del grupo apuntó: Doy gracias a Dios por pertenecer al Taller; el Señor me da fuerzas para enfrentar los problemas porque sé que con Dios en mi vida puedo lograrlo. Gracias por ayudarnos y que Jesús las bendiga por esta tarea tan importante.

Me satisface hacerles llegar a todos aquellos que leen nuestra revista, algunas de las ideas de las integrantes del proyecto “La Esperanza” y hacerme eco de esa nueva manera de ver el mundo cuando Dios entra en nuestras vidas.