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¿Qué nos falta a los humanos de estos tiempos?


Por: José Enrique Collazo

La especie humana llevó siglos para diferenciarse como tal y aquí estamos. Esta etapa está catalogada como ‘la noosfera’, o sea, el desarrollo de la inteligencia que comprende el aspecto cognitivo, la capacidad de pensar hasta la abstracción, el desarrollo de los sentimientos y en los últimos años se ha descubierto ‘la inteligencia emocional’ y su importante rol en el proceso evolutivo de crecimiento de cada ser humano.

Las noticias nos traen grandes avances en las ciencias y en especial la tecnología de las comunicaciones y los viajes espaciales, entre otros progresos. Junto a ello aparecen noticias de ‘violencia’ de varios tipos: doméstica, de género, de guerras entre grupos de narcotraficantes, los más edulcorados… las guerrillas, el terrorismo político, la aparición de grupos fundamentalistas que ejecutan actos de barbarie que parecían superados en la historia. Existe un ambiente de pre-guerra fría o como dice el papa Francisco…. estamos atravesando una tercera guerra mundial por etapas. Esta Aldea Global vive en un ambiente ‘tóxico’ que va agriando a no pocos y no pocos reaccionan cogiéndola con los demás, están los diferendos políticos que lejos de ser más civilizados parecen recordar al circo romano.

¿Qué nos falta?… hay carencias de varios elementos propios de los seres humanos como el amor y el perdón, la transparencia y la equidad, el juego limpio en política, economía y relaciones internaciones. Faltan más cosas pero dejemos algo para otro momento.

Por estos días, una amiga católica un poco a la antigua me habló de conseguir una estampita de la Virgen Desatanudos de la cual habló el papa Francisco. Me ha hecho pensar cómo un jesuita tan preparado proponga esta devoción. No cabe duda, el buen Pastor ve las cosas tan enredadas que busca una vieja devoción para tirar un salvavidas eficaz a esta humanidad. Tengo dos propuestas para ayudar a ‘cubrir’ los vacíos y los errores que cometemos los pobladores de este planeta.

La gran falta es… la presencia de Dios. El Dios de las tres religiones monoteístas: el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo. La fe sincera, profunda y documentada llevada al pensamiento y a la praxis diaria y es el principal centro de la vida en todos los niveles desde la familia hasta el conjunto de países. Como decía en un trabajo… el remedio está en invitar a convivir con nosotros en la vida diaria “al Gran Ausente”.

En las últimas décadas se ha abierto paso el concepto de ‘la inteligencia emocional’ que ha revolucionado la concepción sobre el ser humano y el modo de encaminar suvida evitando enroscarse lo más posible. Incursionemos en ella. Para ello cito a Daniel Goleman, uno de los precursores de este adelanto. Una eclosión sin precedentes de investigaciones científicas sobre la emoción, uno de cuyos ejemplos más elocuentes ha sido el poder llegar a vislumbrar el funcionamiento del cerebro gracias a la innovadora tecnología del escáner cerebral. Estos nuevos medios tecnológicos han develado por vez primera en la historia humana uno de los misterios más profundos: el funcionamiento exacto de esa intrincada masa de células mientras estamos pensando, sintiendo, imaginando o soñando.

Este aporte de datos neurobiológicos nos permite comprender con mayor claridad la manera en que los centros emocionales del cerebro nos incitan a la rabia o al llanto, el modo en que sus regiones más arcaicas nos arrastran a la guerra o al amor y la forma en que podemos canalizarlas hacia el bien o hacia el mal. Esta comprensión, desconocida hasta hace muy poco, de la actividad emocional y de sus deficiencias pone a nuestro alcance nuevas soluciones para remediar la crisis emocional colectiva.

Este conocimiento ha tardado tanto en llegar porque durante muchos años la investigación ha soslayado el papel desempeñado por los sentimientos en la vida mental, dejando que las emociones fueran convirtiéndose en el gran continente inexplorado de la psicología científica. De ahí la importancia de la inteligencia emocional porque constituye el vínculo entre los sentimientos, el carácter y los impulsos morales. Además, existe la creciente evidencia de que las actitudes éticas fundamentales que adoptamos en la vida se asientan en las capacidades emocionales subyacentes. Y si existen dos actitudes morales que nuestro tiempo necesita con urgencia son el autocontrol y el altruismo.

El amor, los sentimientos de ternura y la satisfacción sexual activan el sistema nervioso parasimpático (el opuesto fisiológico de la respuesta de «lucha-o-huida» propia del miedo y de la ira). La pauta de reacción parasimpática -ligada a la «respuesta de relajación»- engloba un amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia. En un sentido muy real, todos nosotros tenemos dos mentes: una mente que piensa y otra mente que siente, y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental. Una de ellas es la mente racional, la modalidad de comprensión de la que solemos ser conscientes, más despierta, más pensativa, más capaz de ponderar y de reflexionar. El otro tipo de conocimiento, más impulsivo y más poderoso -aunque a veces ilógico-, es la mente emocional.

La mayor parte del tiempo, estas dos mentes -la mente emocional y la mente racional- operan en estrecha colaboración, entrelazando sus distintas formas de conocimiento para guiarnos adecuadamente a través del mundo. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional, y que este sea una derivación de aquel revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.

La vida emocional constituye un ámbito que incluye un determinado conjunto de habilidades que puede dominarse con mayor o menor pericia. Y el grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida. La competencia emocional constituye, en suma, una meta-habilidad que determina el grado de destreza que alcanzaremos en el dominio de todas nuestras otras facultades (entre las cuales se incluye el intelecto puro).

Concluyo haciendo énfasis en los vacíos, lo que nos falta como ciudadanos de esta Aldea Global proponiendo «hacer presente al Gran Ausente en primer lugar y luego dar soluciones y principios» que pueden hacer por desatar los nudos que hemos amarrado sin necesidad o con ella, pero no hemos sabido destrabarlos.

La mediación de la Virgen es muy valiosa para todo cuanto hagamos en esta vida que podemos hacer más preciosa y apreciada.