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La Entrevista


Por: Caridad Zayas


Dentro de La llamada al servicio, como ella misma ha confesado, ha sido siempre la vocación de Eusebia Sanchez Abillud -conocida cariñosamente por “Chevita”- y su vida es muestra fehaciente de ello. Para conocer sobre su labor en la zona más oriental del país, Nosotras conversa hoy con esta genuina mujer consagrada a Dios y misionera.


¿Cree usted que el hecho de nacer y vivir en Guantánamo influyó en alguna medida en su fe y en su concepción de vida?

Procedo de una familia formada por inmigrantes españoles, por mis abuelos paternos, y libaneses por los maternos. Ellos se enraizaron en la zona rural de Guantánamo en lo que hoy es el municipio de Yateras. Por ello, con orgullo soy de origen campesino. Tengo cuatro hermanos, soy la del medio, como el miércoles. Mis padres se quedaron en la pequeña finca de café y otros cultivos y las hermanas fuimos atendidas en la ciudad por la abuela paterna. Nos educaron con los valores cristianos y era obligatorio asistir a misa todos los domingos y a la catequesis, aunque las cosas en la sociedad no se veían bien si ibas a la Iglesia; corrían los años sesenta. Jesús nos enamoró de tal manera que a pesar de todo nos quedamos con él y fuimos bendecidos. El sentimiento filial se extendió a toda la comunidad católica de Guantánamo, donde nos podíamos contar por lo poco que éramos. Fuimos jóvenes felices, llenos de amigos que todavía lo son. Teníamos tiempo de fiestas, retiros espirituales, convivencias, en fin, una vida activa y llena de ilusiones. Los sacerdotes que pasaron por la comunidad dejaron huellas profundas en nuestras vidas porque nos ayudaron a crecer como cristianos coherentes, sin doble cara. Entre ellos se encuentra el padre Pastor González que nos contagió con su amor a Cuba y a la Iglesia y después tantos que han pasado y siguen pasando a los cuales estoy muy agradecida. Por todo ello puedo decir que entre tantos regalos que Dios me ha hecho en la vida, vivir en Guantánamo ha sido uno de ellos. Pero, si hubiera tenido en cualquier parte del mundo la familia que tengo, la comunidad católica donde crecí y ahora con la gracia divina envejezco y la fe que Dios me ha regalado, no cambiaría en nada lo que soy.

Quisiera que nos contase sobre su trabajo en el museo de su provincia natal y la razón por la que finalmente optó por asumir otro camino.

Todo en la vida es Gracia y tuve el don de estudiar Historia del Arte en la Universidad de La Habana; allí me gradué. Ello me permitió trabajar siempre en Patrimonio. La creación del museo municipal de Yateras -zona rural de la provincia- fue mi primer trabajo. Después en el equipo de Patrimonio me adentré en el estudio de la arquitectura de la ciudad, fue un torrente de información que favoreció mi amor por la historia de este pueblo y la de Cuba.

Laborando en el museo, nos llegó una invitación a Imias, a través de mi hermana Maribel y su esposo. El padre Mario Maffi, que había llegado de Italia recientemente, nos invitaba a ese poblado. El santo papa Juan Pablo ll había creado la diócesis Guantánamo-Baracoa y el trabajo pastoral nos desbordaba, como ocurre siempre. Ya Ecris -mi amado esposo que se encuentra en el cielo- estaba preparándose para servir como diácono y como lo hacíamos invariablemente nos cogimos de la mano y confiando nos ofrecimos al nuevo servicio. Sentíamos que era voluntad divina y con temor soltamos amarras para ir a otro puerto donde todavía estoy.

¿Qué significa el poblado de Imías en su vida y qué le aportó ese lugar?

Imías es un municipio ubicado en la costa sur, es el poblado más grande antes de llegar a Baracoa; se encuentra a 82 kms de la ciudad de Guantánamo. Y se me ha adentrado en el corazón. A mi esposo, Dios le hizo el milagro de servir allí hasta los últimos días de su vida; estoy segura de que con la alegría que atendió a la pequeña comunidad en la montaña subió al cielo y eso llena mi corazón de esperanza y agradecimiento. Acudo a él como intercesor en todo el trabajo pastoral porque su amor a las personas florece en el cielo delante de Dios.

Son más de diecisiete años que en su bondad Dios me ha permitido servir en Imías. Ahora, con uno de mis sobrinos voy los viernes en guagua y regreso el domingo en la noche pero no solo en los tiempos litúrgicos de Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa. Me puedo pasar hasta más de diez días sin venir a la casa. Estoy agradecida a toda mi familia y amigos por su amor y acompañamiento en esta nueva etapa de mi vida.

En el año 2016, se convierte usted en la primera mujer cubana consagrada que llega a ostentar el Orden de las viudas. ¿Puede explicarnos qué es el Orden de las Viudas, el porqué del otorgamiento, su singularidad y el compromiso que ello conlleva?

El 26 de noviembre del pasado año, cuando Ecris hubiera cumplido dieciséis años de ordenarse como diácono, Dios me regaló la gracia de consagrarme en el Orden de las Viudas. Siento el profundo triunfo del amor sobre la muerte con la fuerza de la oración y la Eucaristía y por ello, con gozo y la ayuda de muchas personas me ofrecí a los sueños que Dios tiene conmigo y todo lo que me rodea. Siento complacencia de ser una consagrada. Con la ida de mi esposo a Dios, mi corazón ya tiene una mitad en el cielo y la otra en la tierra.

El primero que me habló del Orden de la Viudas fue monseñor Dionisio, a los pocos días de haber partido Ecris. Es una Orden que nació en las primeras comunidades cristianas; san Pablo describe cómo deben ser y quiénes son las escogidas para ese servicio. El compromiso es servir al Reino, ofrecer tu castidad y obediencia al obispo. Monseñor Willy tuvo la gracia de bendecir mi compromiso ante Dios y la comunidad. Fue un lindo día y en mi brotaron nuevos sueños. En el rito de consagración además de la bendición para el servicio de consagrada, bendijo el Obispo mi anillo matrimonial porque el amor a mi esposo ha salido vencedor ante la muerte e hice voto de fidelidad a ese amor.

¿Cuáles son las características y especificidades de la misión en la zona más oriental del país? ¿Alguna anécdota a destacar?

En Imías nunca ha habido presencia permanente de Iglesia. El padre Mario Maffi es el primer sacerdote en la historia del pueblo. La referencias que se tenía de la Iglesia Católica era de cuando los sacerdotes de Baracoa realizaban misión y administraban sacramentos. La población estaba dispersa en todas las montañas del actual municipio. Haber servido con mi esposo diácono y ahora como consagrada me llena el corazón de gozo, aunque es una labor muy difícil porque no somos santos y muchas veces no comprendemos a los demás, no sabemos llegar al corazón del otro donde siempre te está esperando Dios. Junto al padre Mario, las hermanas Dominicas del Santo Rosario, Delicenir y Eva, Rodolfo y mi sobrino Rafael, Dios nos permite atender las pequeñas comunidades dispersas en la geografía imiense. El Espíritu nos ayuda, siempre confiamos en la fuerza de lo alto.

Son muchas las anécdotas, entre ellas unas que te hacen sembrarte allí y otras que te dan deseos de correr. Por ejemplo, tengo una muy linda y es la certeza que tienen muchas familias de la compañía de la Virgen y su Hijo durante el paso del huracán.

Guantánamo se va recuperando del paso del ciclón Matthew por su territorio. ¿Qué papel desempeña la Iglesia Católica en el marco de esta recuperación y cómo se lleva a cabo la misión en medio de esta adversidad?

El huracán Matthew fue devastador, arrancó de raíz muchas esperanzas en los cultivos, las pequeñas fincas de café y cacao, los árboles frutales que servían de sustento a muchas familias en las montañas, destruyó muchos caminos. Pero también permitió que floreciera la solidaridad entre los vecinos porque muchos se quedaron sin un techo donde cobijarse y todavía la situación es bien difícil sobre todo para los más vulnerables.

El amor de Dios no tuvo rival y por eso pronto se multiplicaron las ayudas y pudo llegar la comunidad con cierta rapidez a los lugares afectados, llevando agua de tomar, comida cocinada y una sonrisa ante personas paralizadas por el miedo a la pesadilla que habían vivido. La ayuda se mantiene, son muchas las necesidades y hay diversas cosas que hacer para que las familias vivan con mínimas de comodidades.

Un mensaje para todos aquellos que leen nuestra revista

Gracias por todo lo que nos han ayudado después del huracán, gracias por sus oraciones y desvelos, gracias por toda la solidaridad. ¡Qué Dios multiplique tanta bondad!