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¿Feliz cumpleaños?


Por: Celia Polledo


La celebración del cumpleaños de nuestros hijos o nietos pequeños es uno de los momentos más gratos que pasado el tiempo siempre recordaremos. La alegría de los amiguitos y del festejado, el momento en que se canta feliz cumpleaños, se pica el cake y, por último, se rompe la piñata, de la que todos desean coger la mayor cantidad de caramelos y recuerdos, llenan de satisfacción las caras de padres y abuelos al ver el disfrute infantil. Pero, ¿qué ocurre cuando la planificación del festejo está centrada en demostrar a otros nuestras posibilidades económicas y deja un tanto atrás el deseo de pasar un momento grato?

Para muchos padres, el cumpleaños de su pequeño o pequeña se convierte en un maratón de exhibicionismo, pues, desgraciadamente, lo que más les interesa a algunos es escoger un lugar ¨super¨, como dicen los jóvenes, para la celebración, cambiarle al niño el vestuario en varios momentos, por supuesto, todo de marca, someterlo a una sesión de fotos y filmaciones en las que en la mayoría de los casos aparecerá llorando o con una perreta y contratar magos y payasos. Con todo ello, es probable que el pequeño, por su corta edad, no disfrute y ni siquiera coma el menú que los padres han preparado.

Debo aclarar que no es mi intención criticar a aquellos que tengan esas posibilidades económicas pero debemos ser cuidadosos ya que por resaltar lo material se pierdan la sencillez, la sensibilidad y todos los valores humanos que desde pequeños debemos enseñar a nuestros niños.

En ocasiones, algunos olvidan que los niños son la esperanza del mundo y si no queremos jóvenes para los que el fin justifique los medios y ello se convierta en su meta de triunfo sin importarles las consecuencias, debemos enseñarles que lo material pasa y lo que queda son las actitudes ante la vida, los buenos sentimientos para con los otros y todo lo que en ocasiones es invisible a nuestros ojos.