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El piropo



Por: Mirtha Romero


Hace un tiempo atrás, estando con una amiga en el balcón de mi casa que da a un histórico parque, observábamos cómo un joven le decía a una bella muchacha que pasaba por su lado palabras que, por supuesto no podíamos oír, pero nada agradables debido a la reacción de ella.

Entonces empezamos a recordar aquella época -ya muy lejana desgraciadamente- en que los hombres les decían a las mujeres los más bellos y simpáticos piropos que se les ocurrían con la gracia y las palabras propias que estaban de moda, de su cultura y hasta del lugar de residencia. Algunos de ellos se han quedado para siempre en el recuerdo ya que actualmente están en desuso…Ahora los jóvenes se comunican de otra forma, con otras palabras, hasta con gestos a veces incomprensibles para nosotros, los de la tercera edad.

El piropo debe ser breve porque debe ser dicho al ligero paso de la dama; imaginativo, para impresionarla; sugestivo, para que el mensaje halague pero haga pensar.

Quiero compartir con ustedes un detalle curioso y agradable al mismo tiempo: unos piropos escritos por José Martí en su juventud en el momento que llegó a México procedente de España; él, en una libreta de apuntes conservada por su amigo Manuel Mercado, escribió estos halagos llenos de lirismo. Cito algunos de ellos:

-Sería yo espejo para que siempre me mirases.

-Sería hecho túnica para que siempre me llevases.

-Quiero ser convertido en agua, para que frotase a ti, las carnes.

-Quiero ser sandalia para que pisases a mí solo, con tus pies.

Imagínense una dama española oyendo ese requiebro -que así se llamaban- tan fino, pero tan íntimo, tan de Martí. Por ahí cuentan que una de ellas lo piropeó pero esa historia la haré en otro momento.

El piropo surge como una ocurrencia entre graciosa y seria para festejar la belleza de la mujer, jamás como grosería. En Cuba, se enmarca con la llegada de los colonizadores españoles. Pero yo me pregunto: ¿acaso los aborígenes no tenían también su manera muy particular de expresar su admiración? Yo estoy segura que sí. También se dice que fueron los andaluces venidos de España los más afamados piropeadores y que en nuestro lejano siglo XIX uno de ellos, impresionado por la hermosura de una negra esclava le dijo: “Flo de alelí, Dio bendiga su heimosura”.

La jerga criolla transformaría el piropo andaluz. En ese mismo siglo XIX, el escritor cubano Ignacio Sarachaga puso en boca de su personaje Fausto, al ver a Margarita, en la obra Mefistófeles una expresión muy cubana: ¡ Está de arranca pescuezo! Quisiera recordarles algunos de los piropos más célebres en Cuba:

¡No es posible, algún defecto tienes que tener!

¡Estás como el muro del Malecón!

Contigo se acabó el subdesarrollo.

¡ Estás como plátano pá sinsonte!

¡Estás adornando la calle!

Muchacha, ¿cuántas libretas tú tienes?

Hoy tienes el bonito subido.

¡Abre Tierra y trágame!

¡Estás como Coppelia, con siete sabores!

¡Contigo rompieron el molde!

¡Aquí se acabó el mantecao!

¡Ay, San Lázaro, suelta la muleta y mira esto..!

A modo de conclusión, les voy a recordar tres piropos de singular agudeza que se quedaron en la memoria histórica del cubano:

Una bella joven anda por las calles. Un caballero le dice:

-¡Azúcar! Ella le responde:

-Sí, pero no te toca!

Una atractiva mujer de mediana edad, escucha este piropo:

-Estás como la Historia de Cuba, vieja, pero interesante. Ella le responde:

-¡Pero actualizada!

Un hombre entrado en años, le dice a una jovencita:

-Adiós, Encanto. Ella le responde:

-Adiós, Fin de Siglo