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Padre Bueno, bendice a nuestros padres


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

Nueva oportunidad nos da Dios a través del don de la vida para celebrar el día de las Madres y el de los Padres. Normalmente, son los padres los que bendicen a sus hijos en estas fechas y son los hijos quienes piden a Dios conceda a sus progenitores larga vida, salud, amor, paz y los colme de bendiciones hasta el fin de sus días.

Continuemos con el buen hábito de releer la historia para dar gracias a Dios y a las personas que amamos; en esta ocasión, nada mejor que recorrer el camino hacia atrás para darnos cuenta de que gracias a nuestros padres nacimos y existimos y hemos llegado a ser lo que somos hoy.

Adentrémonos en la relectura: Supongamos el camino normal, el amor de ambos y el deseo de tener hijos frutos de ese amor, formar una familia. El valor de tenernos porque desde muchos años atrás, los tiempos eran y son aún difíciles, pero nuestros abuelos y nuestros padres no le temían al presente ni al futuro, y dicho sea de paso, no tenían mejores condiciones económicas que las actuales…

Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron, y por ello damos gracias.

Llegaron los tiempos de la niñez y en esa etapa aprendimos los buenos hábitos, los valores morales y cristianos. Nos enseñaron a hablar, nos enseñaron a caminar y a no tener miedo a las caídas; buscaban lo mejor para darnos y hacernos crecer saludables y con buenos modales. Nos llevaban a los parques, a los cines, a los lugares apropiados para los niños porque ellos dejaron de vivir su vida para vivir la nuestra. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Adolescencia y juventud, ahí sí tuvieron que hilar fino nuestros padres pues llegada esta etapa, tal parecía que les habían cambiado a los hijos al doblar de la esquina… pues cuando despertábamos a esas etapas, éramos para ellos, que tanto nos conocían, unos desconocidos… Y se tuvieron que volver sicólogos, además de vestirnos, calzarnos y darnos de comer, como habían hecho hasta entonces. Hicieron lo que pudieron y estuvo a su alcance, con las luces que tenían “echaron pa’lante”, siempre pensando: ojalá no nos equivoquemos. Y sufrieron por nosotros, sin contar que casi eran como doctores para acompañarnos en las enfermedades que podían presentarse. Hasta de payasos se vistieron para hacernos mejor la vida. Dejaron de vivir sus propias etapas porque era más importante ayudarnos a vivir la nuestra. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Estudios, amigos, fiestas, campismos, allí estaban ellos para mostrarnos sus opiniones y respetar nuestras decisiones. Siempre esperando que camináramos por sendas derechas para que no pasara aquello de que “árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Y llegó el tiempo de soltarnos a la vida. Y hubieran querido volar junto a nosotros, pero tuvieron que dejarnos seleccionar nuestro rumbo, aquel que pensábamos era el mejor; pero ellos veían más claro, y, sabían, por ejemplo, que ese no era el mejor hombre o mujer como pareja. Nos aconsejaron, buscaron a otros para que lo hicieran y no les quedó más remedio que esperar que el tiempo pasara y rezaban a Dios para que nos saliesen bien las cosas. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Y se complicaron los tiempos, y se nos ocurrió irnos a otras tierras a probar suerte como lo ha hecho gran parte de la humanidad desde que el mundo es mundo, y con el corazón rasgado nos dejaron partir para que “ellos vivan mejor,” y hasta culpables se sintieron porque no pudieron darnos todo lo que hubiésemos querido para estar juntos en familia, sin distancias que acaban con el corazón. Y enfermos o sanos, con los años a cuestas, vieron partir a uno, a dos, a tres hijos… y no hablar de los nietos que no vieron nacer en casa y no pudieron ayudarlos a criar. Y cómo sufren pensando que tendrán problemas los hijos y no estarán ellos allí para aconsejarlos, para decirles, mi’jo, mi’ja, el matrimonio es para siempre, los hijos son lo más importante, y no se olviden de poner a Dios en medio de la familia. Él lo puede todo, él vela de los gorriones cuánto más de ustedes, de nosotros. Y mar por medio, los dejaron partir a otras playas cercanas o bien lejanas. Y entonces, nuestros padres le rezan más a Dios para que cuide de ellos. Les dieron estampitas de la Cariad, del Sagrado Corazón, rosarios para que nos les falte la ayuda de Dios. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Y ya mayores, ancianos, les llega la enfermedad conjuntamente con la soledad a nuestros padres y es tiempo de decirles en voz alta con todo el corazón: Gracias a ustedes. Y recorrer con ellos el camino vivido, reírnos, llorar, alegrarnos, abrazarnos, reparar los baches que hemos tenido, nosotros, los hijos, hacia ellos y darles infinitas gracias, y pedirle a Dios que los bendiga por tanto bien que ellos han hecho y hacen por cada uno de sus hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos.

Mostremos a las nuevas generaciones la gratitud, el mejor de los sentimientos concretos, que es reconocer el bien recibido de los otros, principalmente, de Dios, dador de todo Bien. Un corazón agradecido es un corazón sano, que no guarda rencores, resentimientos, que saca las heridas y ve el bien, el lado bueno. Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y por ello damos gracias.

Aprovecha que tienes a tus padres y dales muchos besos y abrazos, concédeles todo el amor posible hoy y siempre. Y si los tienes en el cielo, que ellos sigan intercediendo por la familia, que para ellos era Sagrada Familia.

Celebramos a nuestros padres repitiendo una vez más: Y vio Dios que era bueno lo que nuestros padres hicieron y hacen, por ello damos gracias.

Y pudiéramos desear que algún día estas dos celebraciones se unan, ¿por qué separar Madres y Padres? Lo que Dios ha unido, no lo separemos nosotros.

Padre bueno, derrama tus bendiciones sobre nuestros padres. Así sea.