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Judith, la mujer judía fiel a Dios


Por: Hno. Jesús Bayo, fms.

Judit (nombre que significa “Judía”) personifica al verdadero creyente judío, representa un modelo para Israel, encarna las virtudes de su pueblo al convertirse en su liberadora. El libro de Judit probablemente fue escrito en hebreo durante un tiempo de crisis para Israel, aunque no se conserva el original hebreo, tenemos copias en griego. Por una parte, aparece Nabucodonosor, un rey tirano e idolatrado, que se cree poderoso como si fuera Dios. Al frente de su imponente ejército está el temible Holofernes, que ha sometido numerosos pueblos y ahora se dispone a sitiar Betulia, una pequeña ciudad israelita.

Frente al enemigo poderoso, aparece Judit, una viuda desprotegida, desvalida, joven y hermosa que se enfrentará a Holofernes. Judit es una mujer piadosa, fiel al Señor, que confía en la oración (cf. Jdt 8, 1-8). Dios le tenía preparada la misión de librar a Israel de su enemigo. El rey Nabucodonosor y su general Holofernes con la fuerza de sus armas representan el poder y la soberbia. Judit y Betulia (ciudad indefensa) representan la debilidad, pero ponen su confianza en el Señor y se fían del Dios que defiende a los humildes y oprimidos (cf. Jdt 5,21; 9,7-14).

La fe de Judit se muestra en la obediencia a la Ley de Dios, en las prácticas piadosas de la oración, el ayuno y la limosna. Judit obtiene la liberación mediante la oración y la confianza en Dios, pero también gracias a su astucia, seducción femenina, valentía y decisión para llegar a la tienda de Holofernes, seducirlo, embriagarlo y cortarle la cabeza con su propia espada cuando dormía, ebrio de vino y de soberbia. La muerte del general desconcertó a su ejército que huyó en desbandada y fue derrotado por los hombres de Israel (cf. Jdt 11-13).

El pueblo judío bendijo a su heroína exclamando: “Tú eres la exaltación de Jerusalén. Tú eres el orgullo de Israel. Tú eres la suprema gloria de nuestra raza” (Jdt 15,9).

Judit representa no sólo el espíritu del pueblo judío que desea verse libre de sus enemigos, sino la religiosidad y la fe de los desvalidos y pobres del Señor que ponen en Él su confianza. Judit salvó a Israel, como lo hicieron otras mujeres judías destacadas por su fe y su fortaleza: Yael (Jue 4,17-22), Débora (Jue 5, 7), Ester (Est 5,1-3).

Judit no se atribuyó a sí misma la victoria, ni el orgullo invadió su corazón por su arrojo y valentía. Al contrario, ella atribuye al Señor la hazaña de liberación. Por eso, entonó un himno de alabanza y agradecimiento con el pueblo: “Alaben a mi Dios con panderos, canten al Señor con címbalos, entónenle un canto de alabanza, engrandezcan invoquen su nombre. Porque el Señor es un Dios que pone fin a las guerras, porque en su campamento me ha librado de mis tenaces perseguidores” (Jdt 16, 1-2).