NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Tercer Trimestre 2011

 

¿Juzgar a los demás?

Texto: Orlando Gutiérrez  

 

  

Cuando aceptamos que se han violado principios éticos, el respeto a la vida, a la propiedad ajena o los derechos del prójimo, se hace necesario juzgar a los demás. En estos casos, juzgar se convierte en un sano ejercicio de la ley, comprendida y reconocida por los hombres, cuyo soporte original fue establecido para el mundo cristiano, por los diez mandamientos, en la tabla dada a Moisés.

    Juzgar a los demás fuera de una corte de justicia implica cerrar todas las probabilidades de entendimiento; fomentar la ira, alimentar la revancha y el  odio; y, finalmente, como un boomerang, coloca al que juzga en el mismo peldaño del que ha sido o está siendo juzgado. La acusación del que juzga puede sustentarse en motivos religiosos, raciales, morales, de género, culturales, educacionales y otros. La maldad que subyace en estos juicios, en muchos casos, viste un ropaje de beatitud y rectitud moral. En la sociedad actual, resultan temas sensibles, en particular, los relativos al sexo, alcohol y las drogas. Por la experiencia generalizada, es conocida la cantidad de  veneno que puede volcarse sobre un grupo así  como el cerco de aislamiento y desconfianza que la sociedad adopta.

    ¿Y frente a esta situación, qué podemos decir?  Tal vez... “ Tire la primera piedra el que esté  libre de pecado”. Sensatamente, el sentido  común nos dirá, “ No te acerques siquiera a tomar la piedra”.
Lo verdaderamente sano seria la discreción.

    En cuanto a nosotros, cristianos, no nos resulta difícil saber qué hacer frente a esos  “ juicios ” pues los pilares de nuestro legado son: la fe, la esperanza y la caridad. La fe inconmovible en Dios, el Padre que nos ama a todos por igual; la esperanza en el Hijo amado y en su reino de paz y justicia; y la    caridad que constituye nuestra guía de acción, en todos los momentos.

 

Demos la caridad, no sólo de nuestro pan sino también de nuestra tolerancia y discreción para con los demás. Somos imperfectos. El alma humana se halla  dividida en dos partes: amor y maldad.

    El cuerpo del amor está   revestido de dos cualidades esenciales: la caridad y la virtud; el de la maldad, se desenvuelve a través  de dos habilidades que le son inherentes: la mentira y la hipocresía.

    La imperfección de nuestra alma conmueve, profundamente, a Jesús, quien constantemente vela por  nosotros, al punto de morir en la cruz por nuestros  pecados y de ofrecernos con su sangre y su cuerpo, la redención.(San Lucas 6-42).

    Sabio entre sabios, Jesús invita a murmuradores, chismosos y calumniadores a que se  corrijan y   después, ayuden a los demás. Jesús nos dice a través de San Lucas: “El hombre bueno, del tesoro de su    corazón, saca lo bueno; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.(Mateo 7, 15-20, Lucas 6-45).

    Pero, ¿cómo hacerlo?. Sugiero estos modos de corrección: 
                                                        
RECONSTRUIR.

RESTITUIR.

RESTAURAR.

    Reconstruir: ir rehaciendo, progresivamente,  todo lo destruido materialmente.

    Restituir: renovar todo lo que pueda ser renovado, en pos de continuar humanizando la vida, y hacerla menos agobiante.

    Restaurar: la palabra convoca a colocar la     confianza en su lugar; la benevolencia, en el suyo.

    Todo ello, en aras de proveer la paz, primer escaño hacia el dialogo, la comprensión y el amor, que sin dudas, nos conducirán a la redención.

 

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