NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Tercer Trimestre 2011

 

LA ENTREVISTA
Por: Caridad Zayas

    En esta sección se resaltan aspectos de la vida de esas mujeres católicas cubanas que han sido y son cimiento de nuestra iglesia, tanto en siglo XX como en nuestros días; de esas cubanas  fieles a Cristo, perseverantes en la fe, entregadas a las labores misioneras y que, en ocasiones, podemos cruzarnos con ellas, en las parroquias.     



Por estas razones converso con María Caridad Martínez Armesto, (en la foto) laica comprometida, a quien conocí en la década del noventa, en la parroquia de Jesús, María y José, donde impartía catequesis a niños.

 

¿Cuándo comenzó tu compromiso con la iglesia?
 
Mira, creo que soy católica desde que me gestaba en el vientre de mi madre. Ella era católica practicante, asistía a la  parroquia de nuestra Señora de la  Caridad del Cobre. Mientras estuve en su vientre, ella  le pedía a la virgen que fuese una  niña y así ocurrió: soy mujer y nací un  8 de Septiembre.

    Mis padres católicos, sus vidas fundadas en la fe marcaron mi infancia y toda mi vida. Pero, es,     concretamente, a partir del 2 de febrero de 1946, cuando  comienzo a formar parte del grupo Santo Cristo de la Salud, en la parroquia de nuestra Señora de la  Caridad y que me preparo para  formar parte de la Juventud femenina de Acción Católica Cubana; me inicié el 15 de Junio, luego de finalizar los meses de preparación.

¿Puedes hablarme de lo que fue Acción Católica, sus  propósitos y estructura?

     Acción Católica era un apostolado de laicos que de forma organizada trabajaban, activamente, en la salvación del prójimo. El servicio era uno de sus  rasgos distintivos. Imagínate, su lema fundamental era: restaurarlo todo en Cristo. Por ello, mediante la preparación y formación de sus miembros se ayudaba a la instrucción de los hermanos. Para lograr nuestras metas nos organizábamos por edades y sexos.

    Existía la Juventud Católica femenina y masculina; a ella se ingresaba, después de una  etapa de preparación, con más de quince años de edad. También existían los aspirantes; estos eran los adolescentes comprendidos entre las edades de once a quince, que se iban preparando, con sus instructoras o instructores.

El trabajo fundamental era la catequesis, nos preparábamos para realizar esta labor lo mejor posible, atendiendo a las peculiaridades de los grupos e inte-reses prevalecientes, en los ambientes donde estábamos insertadas.

¿Y tu trabajo dentro de la  Juventud Católica?

    Comencé con quince años. Me entregué totalmente, creo que a todas nos ocurrió lo mismo, e incluso, algunas de nosotras, finalmente, tomaron los hábitos.

    Fuimos fieles a nuestra máxima: siempre más, siempre mejor y nuestro lema: Piedad, estudio y  acción.

     Dentro del grupo parroquial, fui vicepresidenta, secretaria, presidenta, delegada de Catequesis e   Instructora de Aspirantes. Con vistas a la realización  de un mejor trabajo catequético y social, participé en cursos a nivel nacional. A nivel de diócesis  fui jefa de zona del Secretariado de Aspirantes y Secretaria de este. De esta etapa, recuerdo muchísimo a Esther  Beatriz Piquero, laica comprometida, devenida religiosa.

    También fui Delegada Nacional de Aspirantes  y tuve a mi cargo la organización de la Primera   Asamblea y Concentración Nacional de Aspirantes y     sus Instructores que presidió Monseñor Martínez      Dalmau en el Colegio Belén. También  fui responsable de la edición, publicación y distribución  del Manual de Instructores de Aspirantes.

    En el año 1955, fui nombrada vice secretaria de la  Junta  de Acción Católica y Jefa  de despacho; en ese tiempo, la sede  radicaba en el Palacio Cardenalicio – Seminario San Carlos - . Allí estuvo hasta la mitad de la década del sesenta.

Servir  e instruir  son, a mi juicio,  acciones definitorias  en tu vida.
¿Deseas destacar  algunas anécdotas o  sucesos que  consideras  importantes? 

    Como ya tengo años … , tengo  algunas anécdotas que contar. En el año 1956, las Madres Reparadoras, en su convento,  inauguraron una Escuela de Comercio para jóvenes. Quiero destacar que esta escuela era totalmente gratuita y yo, como apostolado, impartía  clases de taquigrafía, tres veces a la semana, sin   cobrar un centavo, durante tres años. También trabajé en el colegio Sagrado Corazón de Jesús, de las hermanas corazonistas y lo hice como  apostolado, al igual que en el colegio Santa Rosalía de Palatino.
A finales de 1962, trabajé como Jefa de Zona del Secretariado diocesano de la Juventud de Acción Católica, y como no teníamos local realizábamos  las reuniones en las casas de los miembros del secretariado; visitábamos, por nuestra cuenta, los grupos parroquiales de la antigua provincia Habana. Fue una etapa difícil, donde prevalecía el deseo de que Acción Católica no muriese y de aglutinar a sus miembros. Por esos años, el grupo de la parroquia de Jesús María y José se queda con un solo integrante y el secretariado general me pide ir a  formar un nuevo grupo y trabajar  con él; se logró el objetivo, las  jóvenes se prepararon y la catequesis se enriqueció con nuevas catequistas a la vez, trabajaba en Nuestra  Señora de la Caridad del Cobre, mi parroquia de base. Allí, tuve a mi cargo la preparación de los jóvenes para el sacramento del matrimonio, la comunión y el bautismo. En 1967, formo parte de las Mujeres de Acción Católica – rama C - y allí,  ayudé  en todo lo que estuvo a mi alcance. 

    Sin lugar a dudas, como laica no te han faltado momentos emocionantes pero quisiera que       citaras, si te  es posible, el de mayor impacto.

     Recibir la comunión de manos de su Santidad Juan Pablo II fue impactante, experimenté una honda emoción; no olvidaré nunca ese 25 de enero de 1998, en la Plaza de la Revolución como tampoco aquellos días de su visita a nuestra patria. Desde el vaticano, me enviaron la foto y la guardo con mucho amor.

¿Y ahora, qué estás haciendo?

     Por supuesto, continúo siguiendo a Jesús. Soy miembro del Consejo parroquial de la Caridad y  secretaria del mismo. Además, soy la historiadora empírica del Santuario, creo que por la edad … y fundadora del Movimiento de Mujeres Católicas.
En estos momentos, sin esperarlo, he recibido del Comité Internacional de la Federación de Acción Católica Cubana, radicado en la Florida, el mérito a la Constancia, por mi participación en el quehacer de nuestra iglesia, como laica comprometida a través del tiempo. Ello, me enorgullece porque he sido y soy discípula de Cristo, con mis virtudes, defectos y  limitaciones.

     A los hombres y a las mujeres se les reconoce por sus obras, dice una sentencia y tu vida fecunda merece el reconocimiento de nosotras, mujeres de hoy.
¿Te gustaría trasmitirnos una idea,  un mensaje?

     Sí, en primer lugar deben sentirse orgullosas de ser mujeres y no perder jamás la autoestima; deben respetarse y respetar, y nutrirse de Cristo porque él es camino, verdad y vida.

 

Nota: Nuestro Consejo de Redacción pide disculpas por haber omitido el nombre del Sr. Miguel Sabater, autor de la entrevista a Mary Cruz García en la anterior publicación. Trabajamos para que esto no vuelva a suceder.

 

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