NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Tercer Trimestre 2011

 

 

¿Es tu pareja perfecta?
Texto: Eulalio Sosa.

  ¿Cómo es posible que una persona se comprometa en matrimonio con otra para el resto de su vida y termine descubriendo rasgos de su pareja que hacen que la separación parezca indispensable? 

    Casi todo el mundo está convencido que hay que casarse por amor, de hecho, las encuestas revelan que la mayoría de nosotros cree que las diferencias de religión, clase social, educación o valía pueden superarse con amor. Claro que en nuestros momentos de lucidez nos damos perfecta cuenta de que las cosas no siempre se resuelven así, pero no es fácil ser tan objetivo cuando estamos enamorados.

    La mayoría de nosotros cree que el amor todo lo puede y a pesar que observamos cosas que no nos gustan en nuestro cónyuge, nos convencemos que éstas no son importantes y que nuestro amor y entusiasmo lograrán que este cambie y estas cosas desaparezcan y no valoramos cuánto debemos cambiar   nosotros y cuánto somos capaces de aceptar.

    Lo cierto es que el matrimonio no produce cambios instantáneos en las personas. No podemos ignorar que mientras dura el período de luna de miel, las personas suelen ser más cuidadosas, más consideradas y amorosas de lo que llegarán a serlo en cualquier otro momento de sus vidas. También es cierto que, si bien el matrimonio no cura de inmediato los defectos de nadie, tampoco transforma a las personas en ogros. Ninguna ceremonia matrimonial hizo que quien era amable, afectuoso y responsable se volviera inmaduro, frío y neurótico. Esto es sólo una     impresión que tenemos algunas veces.

    Lo que sí cambia al cabo de un tiempo de vivir con otra persona es nuestra forma de comprender o explicar sus fallas.

    En los primeros tiempos de una relación, cuando está floreciendo, nos mostramos tolerantes y aceptamos aquellas cualidades del otro que distan de ser perfectas. Pero a medida que pasa el tiempo, los  defectos cobran importancia hasta que dejan de ser simples fallas para transformarse en  defectos  irremediables. 

    En ocasiones, descubrimos en nuestro cónyuge defectos que nos resultan sorprendentes.

    Más de una mujer se encontró con la sorpresa de que su marido era homosexual y que se casó con ella sólo por razones sociales o económicas. Muchos hombres y mujeres advierten después de contraer matrimonio, que su cónyuge está muy endeudado por su tendencia a derrochar o por ser un jugador empedernido.

    Suele suceder que estas decepciones provoquen una tensión insoportable en la relación de forma que la única salida sea ponerle fin. Puede ocurrir, también, que los defectos no se evidencien hasta después de transcurridos unos cuantos años de buena relación.

    Los acontecimientos que provocan tensión pueden poner en evidencia ciertas cualidades de una persona que perturban a alguno de los cónyuges.

    La pérdida de trabajo, la enfermedad o lejanía de un hijo, entre otras, pueden unir aún más a una pareja si ambos reaccionan con fortaleza y dignidad, o pueden abrir una brecha si alguno de los dos tiene dificultades para afrontar la situación.

    En otras parejas, el paso del tiempo basta para cambiar la perspectiva que una persona tiene de los rasgos del carácter del otro. Indudablemente, las  necesidades de las personas cambian a medida que éstas van madurando y desarrollándose y lo que en cierto momento pudo parecerles perfecto llega a no parecerlo tanto al cabo de unos años.

    Todos nosotros, y del mismo modo nuestros cónyuges estamos sujetos a vivir con personas     imperfectas. Sólo quienes consiguen adaptarse a tal realidad logran una relación satisfactoria y duradera.

    Les propongo luchar cada día con nuestro mayor esfuerzo, para lograr mejorarnos el uno al otro e ir construyendo una fructífera relación de parejas.

 

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