NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Tercer Trimestre 2011

Querido Padre Mariano:  

    ¿ Y cómo no escribir unas líneas en tu memoria?

    Casi al terminar el día en que aconteció el segundo aniversario de tu partida, fugaz y tormentosa, revisando facebook por internet, me conmovieron las palabras de un amigo, Raydel Romero y cito:

    “Casi termina el día que marca el segundo año de tu presencia junto a Él. Si hubiera sabido aquel domingo que no te vería más, no hubiera cambiado mucho la forma en que hablamos. Destellos de buena práctica persisten en la memoria. Aglomerados de forma rara es lo que sostiene tu imagen. Para mi sigue siendo increíble e ingrato. Para El, fue necesario.

Un abrazo Mariano Arroyo.”

    A las cuales agregué:

    “...Para el Señor eres grande, porque te hiciste  pequeño entre nosotros. No te olvidamos. Otro abrazo”.

    ¡Cómo olvidarte! si desde que entro al templo, cada rincón, cada trozo en medio de las inmensas paredes, evocan tu recuerdo. Ya no está el Cristo que plantaste amorosamente en el altar y que con tanto sacrificio adquiriste en otros lares para obsequiárnoslo, porque como bien decías:

    “Un templo por muy mariano que sea, Cristo debe ocupar un lugar central, porque cristocéntrica debía ser nuestra fe".

¡Que sabiduría! Solo podía venir de ti, Mariano.

   Ya no está esa figura menuda, ágil, sencilla...  caminando de un lado a otro, buscando siempre qué hacer. Lo mismo recogiendo flores, secando o barriendo el piso…Ya no están tus palabras sensatas y certeras, tu sabio consejo, tu aliento ante adversidades personales y sociales. Ya no está tu sí y tú no.  Sí, porque eso de medias tintas contigo... para nada, eras fuerte pero nunca dañaste a nadie… bueno, al menos nunca me  puse brava con algún regaño, no sé otras personas, pero lo dudo. Ya no está tu grandeza y tu humildad ¡ Que paradoja !. Eras una enciclopedia viviente y no presumiste de ello, pues “El que se haga pequeño... ése será el más grande en el Reino de los Cielos”(Mt18,4).

    ¡Que admirable tu ejemplo Padre!. Eras Evangelio vivo.
Ya no estás... ¿y sabes una cosa? no puedo llegar a  nuestra Parroquia y saber que no escucharé tus fabulosas homilías...simplemente, que no te veré.

Sé que nos enseñaste a seguir a Jesús y no a un hombre… perdóname, pero pienso que el Señor da dones y carismas a personas, para que en Su Nombre trabajen en la viña. Tú fuiste uno de ellos. Me es  imposible evadir tu ausencia.

    Me imagino tu mirada ante esta confesión, pero esa es mi verdad y que Dios me perdone, y perdóname tu también.

   En fin, ya no estás, ¡pero estás!.

    Tus obras y tus huellas son imborrables. Y me atrevo a hablar en nombre de nuestra comunidad, a la cual tan bien pastoreaste cuando andábamos como ovejas sin pastor.

    Fuiste justo y generoso sin anunciar a son de trompetas. Callado, actuabas. Presto a cualquier   necesitado tanto material como espiritualmente.   Todo al que le tendiste la mano, está agradecido, ¡Cuánta piedad! enriquecida según tú, por los peregrinos que te enseñaban tanto... ¡Cuánto amor a tu Maestro! irradiado a nosotros.

En la homilía ofrecida por tu eterno descanso, se habló de la posibilidad de que estarías en presencia del Señor ¿Posibilidad? ¡Lo doy por hecho! Segura estoy que estás sentado a su lado, intercediendo por los que te conocimos y por los que no. Quizás esto justifica tu partida, aunque aún no lo entiendo.

    Solo me consuela la premisa de nuestra fe:
LA RESURRECCION, donde volveremos a vernos.
   
Ya no estás, ¡pero estás!. Estás en mi corazón, en mi alma, en mi formación como cristiana, en mi hogar, en mi familia, en cada detalle manifestado en lo bueno, lo hermoso, lo sublime, lo humano, lo justo, lo misericordioso.... Por eso no te digo adiós, sino hasta pronto como la estrofa de esa bella canción que entonó el coro parroquial en tu despedida:

    "Hasta luego amigo, hasta luego hermano, hermano hasta Dios. Que pronto estaremos otra vez reunidos cantando al Señor”.



      Otro abrazo, Padre Mariano y tu bendición

 
Por:
Nudia Lacarrere Rioseco

 

UNO CRECE

 

Imposible atravesar la vida sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio.

Ese … ese es el costo de la vida.
Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino como se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

    Uno crece … cuando no hay vacío de esperanza,  ni debilitamiento de voluntad, ni perdida de fe.

Uno crece cuando acepta la realidad y tiene  aplomo de vivirla.
   Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad  de trabajar para cambiarlo.

   Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y  proyectando lo que puede ser el porvenir.

     Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.

   Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias …  Y siembra  raíces.

  Uno crece cuando se impone metas, sin  importarle comentarios negativos, ni prejuicios,    cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes, cuando cumple con su labor.

   Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por  temperamento y humano por nacimiento.

   Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.

   Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores … Y de encenderse con  residuos de amor.  

   Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a si mismo y dándole a la vida más de lo que recibe.

  Uno crece cuando se planta para no retroceder.
Cuando se defiende como águila para no dejar  de volar … Cuando se clava como ancla y se  ilumina como estrella.

   Entonces … entonces es, cuando  UNO CRECE.

 

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