Tercer Trimestre 2012
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Progresivamente iremos presentando personajes femeninos, mujeres, que encontramos en la Biblia y que nos deben servir para conocerlas mejor acudiendo directamente a los textos de la Biblia, como se irá señalando.

 

Eva, ¿la madre de los vivientes?
Por: P. Martirián Marbán

 


-¿Por qué tarda en regresar tu hermano?. - le pregunté    a Caín-
-¿Qué tengo yo que ver con mi hermano?.

Qué extraña me resultó esta respuesta de Caín.

Aunque al hablar con ellos, no necesitaba mirarles a los ojos, esta vez sí me puse de cara a él, para ver su rostro casi descompuesto y adivinar lo que le desbordaba.

Inmediatamente comprendí que había ocurrido una tragedia, pero no hice ningún comentario, pues no quería apagar la esperanza que, aunque débil, aún alumbraba mi corazón de madre. Mi amor de madre abarcaba a los dos y no podía aceptar que no se comportasen como hijos y como hermanos.

Había oído sus discusiones, aunque no entendía mucho sobre los cultivos de Caín y las ovejas de Abel. Pero ciertamente, la prosperidad de Abel y la envidia de Caín progresaban a la par.

Con Abel comíamos buena carne de corderos, tomábamos leche y aprendimos a protegernos del frío, envueltos en la lana de las ovejas.

¿Y qué traía Caín a la cueva que con mucho esfuerzo habíamos acomodado como vivienda para resguardarnos de las fieras, el frío, la lluvia y el calor?, sólo frutos agrios, como su carácter angustiado y conflictivo.

Yo notaba la envidia por su hermano Abel pero confiaba que mi ternura de madre al final lo ablandaría, como esperaba también que desarrollara mejor los productos que cultivaba.

Cuando llegó Adán con unas avecillas y un venadillo frutos de la caza, al ver lágrimas en mi rostro enrojecido, al instante preguntó:

-¿Dónde están los muchachos? 
Aunque habían crecido, Adán no los llamaba de otro modo.

Cuando le conté las escuetas palabras cruzadas con Caín, también comprendió que algo ocurrió entre ellos. Pero no podíamos o más bien no queríamos aceptar la evidencia, aunque Caín nunca más volvió a la cueva.

Era de noche, no había luna ni estrellas y las fieras estaban al acecho. Tal vez habían olido, por primera vez, sangre humana y ello las volvía más inquietas en busca de su presa.

¡Qué noche aquella de insomnio, lágrimas y tristeza!. ¿Habíamos perdido a los dos hijos a la vez?.
¿No les había parido con dolor y criado con la sola experiencia que había visto en las ovejas salvajes, antes de que Abel las domesticase?.  A los pocos días, Adán recogió con dolor los restos que las fieras habían dejado de nuestro hijo Abel.

Tiempo después llegó Set. Aunque fue motivo de mucha alegría, el vacío que tanto Abel como Caín me dejaron, nadie de los que llegaron después lo pudo llenar puesto que cada hijo ocupa un lugar único en el corazón de una madre. Por algo me llamaba Adán, Eva, la madre de los vivientes.

Nota: lo que la Biblia dice de Adán, Eva, Caín y Abel puedes encontrarlo en el primer libro llamado Génesis capítulos: 1, 2, 3, y 4. Eva ha sido relacionada con la Virgen María, desde muy diversas perspectivas.

 

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DIRECTORA: Sara Vázquez Matar. 

ASESORA ECLESIAL:

Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c.

DISEÑO Y EDICIÓN: Adrián Pérez

DISEÑO VERSIÓN DIGITAL
Raúl León Pérez

NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.

Este es el número 8, correspondiente al tercer trimestre de 2012, con una tirada de 1500 ejemplares. Se permite la reproducción, total o parcial de los trabajos, siempre que se indique la fuente

CORRECCIÓN: Caridad Zayas.

CONSEJO DE REDACCIÓN:
Edelma Acosta y María del Carmen Vasconcelos.

  DISTRIBUCIÓN: Magdalena Moreno.


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