Tercer Trimestre 2012
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La calidad de la fe. Una mirada antropológica.

Autor : Ms.C. Maria Amelia González Braniella.

 

Este complejo tema nos hace reflexionar sobre la historia de la Iglesia Católica en Cuba, sus avatares y la imagen que hemos proyectado a lo largo del tiempo nosotros, los católicos, así como la forma de vivir y celebrar. La fe no es un don para vivirla individualmente y hacerla privativa sino para compartirla y celebrarla con nuestros hermanos católicos y de otras denominaciones religiosas.

La calidad de la fe precisamente reside en cómo   llevamos el mensaje, cómo vivimos nuestra experiencia de fe y cómo armonizamos desde el respeto, la tolerancia, el compartir sin hacer concesiones pero desde una perspectiva del amor.

La fe es un regalo por la cual todo hombre por la gracia de Dios es sostenido y fortalecido en su debilidad humana. ¿Qué seríamos sin la fe y sin el ejercicio de la libertad de creer y practicarla?

El cubano desde sus inicios ha tenido siempre su religiosidad y espiritualidad como uno de los elementos que lo identifica. Diría que la práctica religiosa variopinta que ha permanecido a lo largo del tiempo es debido a esa raíz judeocristiana, venida vía España con las influencias disímiles de su multiculturalidad, la cual  

al llegar a estas tierras se mezcló con otras prácticas animistas tribales africanas que buscan la inmediatez y la adaptabilidad a los nuevos contextos encontrados en América. En Cuba, se hace aún más complejo por la posterior influencia de las denominaciones cristianas y sectas traídas por ingleses y norteamericanos y las distintas manifestaciones del espiritismo cardesiano*, y hoy también por las tendencias New Age, teosóficas, energéticas, budistas, hinduistas e islámicas.

Todo ello nos demuestra que a pesar de la diversidad y la mezcla existe un elemento que está latente: la necesidad de tener un mundo espiritual y el de abandonarse en el Señor. Esto me recuerda el cuento de Onelio Jorge Cardoso El Caballo de Coral, donde el protagonista dice: ...Hay que creer en algo bonito aunque no sea . Por ello, durante mucho tiempo nuestro pueblo ha mantenido la fe con altas y bajas pero con mucha esperanza.

La Iglesia en Cuba ha sido epicentro de procesos culturales e históricos, desempeñando un papel importante en la conformación de nuestra nacionalidad y cubanía, destacándose la espiritualidad de sus fieles, una cuidadosa devoción a María, así como un respeto por la tradición evangélica y por la liturgia.

Antes del triunfo de la Revolución, se puede constatar en los diferentes movimientos de acción y juventudes católicas y marianas, amén de la educación religiosa, el nivel de consolidación formativa de muchos laicos, gracias a lo cual se sostuvo la fe, a pesar del desconcierto, la incertidumbre y los desencuentros ocurridos con posterioridad dado los derroteros filosóficos asumidos por la grey cubana, pero eso no excluye que existieran personas que tenían manifestaciones de religiosidad popular y mantenían un mestizaje religioso, tamizado por las prácticas de origen africano, además de los “católicos sociales” cuya presencia se da, generalmente, en Navidad, Domingo de Ramos y alguna que otra festividad del santoral. No podemos llamarnos a engaño pues este fenómeno no es nuevo, siempre ha estado latente aunque no era tan abiertamente explícito como lo es actualmente.

En la década del sesenta, setenta y hasta avanzados los ochenta, las incomprensiones, el éxodo, los miedos y otros factores provocaron una situación bien difícil en nuestras comunidades. Era el momento de la desaparición en las casas del tradicional cuadro del Corazón de Jesús, de las comuniones nocturnas en las duchas de los albergues, en las zafras del tabaco o de la caña, de la lectura clandestina de la hojita de Vida Cristiana, de los templos sostenidos por las  limosnas dadas por el sufragio de las almas, el no pasar por la capilla del cementerio o quedarse fuera   -el más radical- así como los bautizos impuestos por la voluntad de las abuelas con el desentendimiento de los padres porque perjudicaba la vida laboral, como decía el padre jesuita Millares que disfruta de la gloria del Señor: ”…a las abuelas algún día se les hará un monumento por ser las defensoras de la fe.”
También tomando las palabras del Padre francés René David, que vivió en Cuba y nos acompañó en aquellos tiempos, la religiosidad popular sincrética estuvo con respeto en la continuidad de la tradición  y la fe religiosa a veces ocupando los puestos, que     los Católicos químicamente puros habían cedido en  muchas comunidades.

Era la época de la discriminación y el hostigamiento en las escuelas, trabajos y Universidades, pero la gracia de Dios se hizo presente y los que perseveraron se formaban, creaban grupos de oración, de renovación, crecían vocaciones y la sociedad identificaba al católico por su comportamiento de vida, por la calidad y fidelidad a su fe.

En los noventa y con el Período Especial, la incertidumbre volvió a reinar. Muchas personas buscaron la inmediatez en los cultos de origen africano, apoyados  por la oficialidad de una imagen folklorista. También existió una proliferación de denominaciones cristianas protestantes que ayudaban a sus feligreses y muchos se acercaron a nuestros templos buscando ayuda de Cáritas, recomendaciones y recibiendo sacramentos para que les sirviera en el extranjero .No podemos cerrar los ojos ante estas realidades, debemos ser valientes y afrontar nuestros errores y debilidades. Por otra parte, la insuficiente preparación de personas que fueron acogidas y rápidamente ocuparon espacios en la liturgia y la catequesis, no siempre ha sido favorable en nuestras comunidades donde se aprecia, en muchas ocasiones, el desconocimiento en las jóvenes generaciones de la Doctrina de la Iglesia lo que demuestra lagunas en el conocimiento así como una espiritualidad Light y superficial.

Después de la ENEC, el paso de la Cruz, el recorrido de la Virgen antes de la visita del Beato Juan Pablo II y muy   recientemente la gran Peregrinación Nacional de la Virgen Mambísa como preparación al Jubileo por los 400 años de su presencia entre nosotros y a la visita del Papa Benedicto XVI, los cubanos hemos aprendido a no tener miedo y a vivir y celebrar nuestra fe conviviendo con tendencias y corrientes diversas, poniendo la confianza en Dios.

Aunque contamos con sacerdotes y hermanos de fe que luchan porque nuestra Iglesia cubana sea más comprometida y sólida, se va desdibujado nuestra imagen, siendo precisamente desde la calidad de la fe donde debemos proyectar el anuncio del mensaje, la acogida y la presencia en el mundo.

 

 

*Cardesiano: Referente a Allan Kardec, seudónimo empleado por el pedagogo francés Hippolyte Léon Denizard Rivail, quien escribió numerosos libros sobre espiritismo, doctrina filosófica nacida en Francia a mediados del siglo XIX.

 

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DIRECTORA: Sara Vázquez Matar. 

ASESORA ECLESIAL:

Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c.

DISEÑO Y EDICIÓN: Adrián Pérez

DISEÑO VERSIÓN DIGITAL
Raúl León Pérez

NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.

Este es el número 8, correspondiente al tercer trimestre de 2012, con una tirada de 1500 ejemplares. Se permite la reproducción, total o parcial de los trabajos, siempre que se indique la fuente

CORRECCIÓN: Caridad Zayas.

CONSEJO DE REDACCIÓN:
Edelma Acosta y María del Carmen Vasconcelos.

DISTRIBUCIÓN: Magdalena Moreno.


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