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La Entrevista


Por: Caridad Zayas


“El caminar como hijos de la luz, en contraposición a los hijos de las tinieblas, lleva consigo la puesta en práctica del discernimiento para ver lo que agrada al Señor” (Ef 5,8-10)

Y ello es en gran medida la práctica que mueve a María del Carmen Vasconcelos Hernández en su vida de fe y la nutre para vivir el Evangelio.


¿Cuándo comenzó tu relación con la Iglesia católica y tu compromiso laical?

Mis padres eran católicos prácticos; por ello, desde mi nacimiento he estado ligada a la Iglesia. Muchas gracias le doy a Dios por los padres que tuve y por la fe que desde pequeña Él me dio. Mis padres participaban en la misa dominical en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, Reina, y más tarde, en el santuario del Corazón de María del Cerro, allí se fueron formando e integrándose a la vida de la comunidad.

En el santuario del Corazón de María, regida por los PP. Claretianos, pasé mi primera catequesis y gran parte de mi formación cristiana, al igual que mi desempeño posterior como laica comprometida, sirviendo como catequista durante más de veinticinco años. Actualmente dirijo el coro, soy miembro del equipo de liturgia y animo el Movimiento de Mujeres Católicas que funciona en el santuario. Mi formación permanente y la búsqueda de mi espiritualidad han sido tarea perenne durante todos estos años. Puedo afirmar que en mi espiritualidad han influido dos grandes santos: San Antonio María Claret, fundador de los Claretianos y San Ignacio de Loyola, de los Jesuitas. Una vez al año realizo los Ejercicios Espirituales de ocho días en el Centro de Espiritualidad Pedro Arrupe -CEPA- los cuales me han ayudado en mi vida cristiana.

Dentro de los momentos vividos por el laicado cubano se encuentra la etapa de formación del Apostolado Seglar Organizado, denominado generalmente por las siglas ASO y conozco sobre tu participación activa. ¿En qué fecha se enmarca y cuáles fueron sus objetivos?

Durante mi juventud fui miembro del equipo de jóvenes de la vicaría de Cerro-Vedado, por la zona del Cerro y, posteriormente, a nivel diocesano del equipo Apostolado Seglar Organizado -ASO-. Esta organización surgió después de la desaparición de la Acción Católica y tuvo entre sus objetivos el unir, formar, potenciar y organizar la labor de los laicos en toda la isla, como miembros vivos de nuestra Iglesia. Como parte de la formación estudiábamos los decretos del Concilio Vaticano II, se impartían cursos sobre identidad laical y de formación bíblica y litúrgica que después hacíamos llegar a las distintas vicarías y comunidades con la aprobación de los sacerdotes en un gran esfuerzo por capacitar a los laicos, no solo para nuestra vida intra eclesial sino principalmente para nuestra misión en el mundo: la transformación de las realidades temporales. También ayudábamos en la formación de los Consejos de Comunidad.

Creo que uno de los mayores esfuerzos de esos años estuvo dirigido a potenciar el crecimiento en la vida espiritual de todos los laicos y específicamente de los miembros del equipo organizador.

¿Cómo llegas al Movimiento de Mujeres Católicas y qué significación tiene para ti ser miembro activo?

Llegué al Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas en 1995 gracias a la invitación de la Dra. Adria Díaz, directora en aquel momento. Siempre me ha gustado trabajar en aras de la promoción y evangelización de la mujer donde quiera que se encuentre y es este, precisamente, uno de los objetivos fundamentales de nuestro Movimiento. Al incorporarme, me impliqué inmediatamente en lo que se iba realizando: la definición de nuestros objetivos, identidad y líneas de acción.

El Movimiento ha sido fundamental en mi vida pues la mujer en muchas oportunidades es incomprendida y tratada injustamente no sólo en la familia sino también en la sociedad y, en ocasiones, en la propia Iglesia. La formación que recibimos nos sirve para valorarnos más, para crecer en la fe y formarnos en la misión laical: anunciar a Jesús a todos, específicamente, a la mujer. Todas las integrantes compartimos las alegrías, las dudas y nos nutrimos unas de otras. El Movimiento ha hecho y sigue haciendo una labor muy bonita y necesaria no solo con las mujeres de las comunidades en las que existe el grupo, sino fuera de los muros de nuestros templos, a través de la acción social, un ejemplo es el taller “La Esperanza” que ha sido una verdadera esperanza para muchas mujeres de nuestro entorno. Gracias a él muchas hermanas han podido insertarse nuevamente en la sociedad y hemos sido testigos de muchas conversiones.

Sé que lo que hemos hecho es poco ante la inmensa necesidad de tantas mujeres que necesitan el ser escuchadas, el recibir una palabra de aliento en un momento determinado, pero seguimos buscando con la ayuda de Dios formas para poder ayudar de una manera más efectiva.

Un mensaje para los seguidores de Nosotras

Nunca podemos dudar del amor que Dios nos tiene; en ocasiones, se nos presentan situaciones que nos hacen tambalearnos pero tenemos la certeza de que él está siempre a nuestro lado y nos sostiene cuando no tenemos fuerza para andar. Todo lo que nos pasa, aun los acontecimientos peores tienen una razón y, al final, aunque no nos demos cuenta en el momento en que suceden, todo ocurre para nuestro bien.