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El tesoro del encuentro



Por: Eulalio Sosa Fellové. Mirtha Romero Menéndez.


Es necesario dejarse transformar por el Espíritu Santo, para que nuestro anuncio sea siempre el de la palabra acompañada por la sencillez de vida. papa Francisco.

En la Exhortación Apostólica “La Alegría del Evangelio” (EG) del papa Francisco, en el número 102 nos dice: Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios.
La participación del laicado en las actividades de la Iglesia se realiza a través de las diferentes pastorales, ministerios laicales, movimientos laicales y grupos de laicos que trabajan con determinados carismas al servicio de la Iglesia.

Cada manifestación del trabajo laical exige de una entrega y de un fuerte compromiso donde el nosotros está por encima del yo, donde lo colectivo es más importante que lo individual, donde todo trabajo está encaminado a la realización del Proyecto de Jesús: la construcción del Reino.

El trabajo laical requiere mucho del apoyo que nos tenemos que dar unos a otros. “¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos”. (EG 99) ¡Todos somos importantes! ¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: “Quien quiera ser el primero -o sea el más importante- que sea el último de todos y el servidor de todos. Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no se sirva de los demás”. (Homilía del papa Francisco en la Santa Misa en la Plaza de la Revolución en La Habana).

Para llevar adelante este trabajo entre todos es necesario el encuentro, reunirnos y compartir y cada vez que nos reunimos y compartimos con diversos puntos de vista, nos vamos enriqueciendo, es en ese momento donde crecemos como personas porque respetamos el sentir, las opiniones y criterios del otro, su hacer.

El compartir entre hermanos es un tesoro que debemos cuidar; cada uno de nosotros tiene sus dones que pone al servicio del otro, crece la amistad, el respeto, el amor y así vamos dando pasos para crear una nueva sociedad en reconciliación, en perdón, en escucha del otro, donde no existan rivalidades ni odios. La paz se logra con justicia y con amor.

Esforcémonos porque cada encuentro sea un encuentro de alegría y esperanza. Todo esto se logra cuando realmente estamos convencidos del rol que tenemos en nuestro grupo, cuando tenemos objetivos y metas bien definidas.

Qué nuestros encuentros de trabajo laical sean un tesoro donde encontremos un espacio de verdadera reflexión y de compromiso con el otro.