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Indolencia


Por: Celia Polledo

Si Edgar Allan Poe, escritor norteamericano del siglo XlX y reconocido en la literatura universal por sus cuentos de horror, hubiese caminado por las calles de La Habana o montarse en cualquiera de los P que circulan por ella, estoy segura de que hubiese enriquecido sus famosos cuentos con lo visto, pues la indisciplina social y sus consecuencias son uno de los grandes males que más afectan y empobrecen la imagen de nuestra sociedad.

Esperaba un ómnibus en una parada en la que coincidían varias rutas de guaguas. Al llegar un P de los más esperados, y que paró fuera de la misma, una avalancha de seres abrumados por la espera se abalanzó sobre él y ante el clásico “sálvese quien pueda” comenzó abordarlo. Entre estas personas, una anciana víctima de empujones intentaba lo mismo, pero nadie fue capaz de ayudarla a subir, y, por su puesto, cuando el ómnibus arrancó la que quedó en la acera fue ella.

Para algunas determinadas actitudes negativas son el resultado de las tensiones y el estrés a los que diariamente estamos sometidos, pero creo que, escudándose en ello, muchos tratan de demostrar que al igual que en la selva el mundo se divide en vencedores y vencidos. ¿Qué ha pasado en nuestra capital en la que la suciedad y, en ocasiones, el mal olor afea el entorno?
Es cierto que han existido dificultades con la recogida de basura, pero cuando el servicio se brinda normalmente, muchos esperan que el carro se vaya para arrojar escombros, muebles rotos y lo que se les ocurra, convirtiendo nuevamente la calle en un estercolero. Esta es otra forma de indisciplina social que nos afecta a todos y resultado, en gran medida, de la falta de sentido de pertenencia de muchos que sienten a nuestra ciudad como tierra de nadie.

La indisciplina social y sus diversas formas de manifestarse seguirán en aumento si no somos capaces de, en la medida de nuestras posibilidades, enfrentarlas. Es cierto que en ocasiones nuestro llamado al orden provoca en el otro desde una sonrisa despectiva hasta inimaginables actos de violencia, pero deberemos creer en que habrá alguien que escuche. Confiemos en ello.