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¿Vacaciones? O ¡Qué bueno que llegaron las vacaciones!


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

Cuando barría las innumerables hojas caídas de un árbol ubicado frente a mi casa, escuché en más de una ocasión expresiones como estas: “Ya estamos en exámenes finales y luego a prepararse para los dos meses de vacaciones de los muchachos. ¡Te imaginas!”

Antes de imaginarnos las vacaciones, hablemos de los exámenes finales. En mi lejana época de estudiante, los exámenes eran de los alumnos, ahora en el nuevo enfoque, los exámenes comprometen a los padres, abuelos y a todos los que estamos cerca de los examinandos porque hasta mí me llegó la pregunta de cuál era la capital provincial de La Habana. Claro, como soy habanera, me llamaron desde una provincia para hacerme esa preguntita. Si no conocen la respuesta pueden sacar sus propias conclusiones. No nos viene mal comprometernos con los trabajos escolares pues la participación da lugar a mucha riqueza, sin olvidar el estrés de la final, pero siempre queda el orgullo de que los muchachos sacaron buenas notas gracias a las investigaciones y compromisos de todos los circundantes. También me llamaron para darme las gracias por la colaboración desinteresada ya que contribuí a la obtención de la buena nota con felicitaciones. Así somos los cubanos, solidarios y fraternos y gozamos con los triunfos.

Retomemos ahora el tema vacaciones. Al escuchar la frase: ¡Te imaginas!, refiriéndose a las vacaciones, creí entender en todos los casos que esta expresión llevaba una carga explosiva, un tanto negativa por los tonos de las voces.
Como estoy en la edad de buscar los buenos recuerdos vividos, llegaron a mi mente las etapas en la cuales esperábamos el tiempo de vacaciones con ansias ilimitadas; teníamos hecha la lista de los lugares y actividades con las cuales soñábamos durante el curso escolar. No era una lista como la de los Reyes Magos, esa era de otro género. En general, era sencilla la listica: dormir la mañana un poco más, permanecer más tiempo en el parque, jugar parchís, damas chinas y monopolio en casa con los amiguitos y amiguitas, visitar a los familiares y si era en el “campo” mucho mejor pues ello significaba espacio y libertad, nuevas experiencias y compartir con los primos y primas. El Zoológico, la Quinta de los Molinos, los parques de diversiones estaban incluidos también, así como el amado Malecón, que significaba alquiler de bicicletas, las lanchitas de CasaBlanca y Regla y los globos. Todo esto estaba al alcance de casi todos los bolsillos. ¡Cómo nos han quedado buenos recuerdos de esas vacaciones! Y la verdad, no recuerdo que nuestros padres se halaran los pelos y se pusieran nerviosos porque llegaban las vacaciones; ellos gozaban haciendo los planes con nosotros.
Vacaciones no significaba dejar de ayudar en las tareas de la casa, al contrario, lo bueno era pensar en hacer relucir la casa, tirar agua de verdad, hacer la limpieza que no podías hacer en tiempo de clases e ir a limpiar la casa de las tías y pulir los muebles de la vecina que era muy buena contigo.

Me pregunto por qué nos asustamos hoy ante la palabra vacaciones. La vida no es la misma y el costo de la vida no es igual, estamos de acuerdo, pero ello no significa que le quitemos a las vacaciones el deseo de vivirlas, de disfrutarlas al máximo con los medios que tenemos a nuestro alcance. Debemos ponernos del lado de niños, adolescentes y jóvenes y ser creativos, audaces, intrépidos como pequeños exploradores. Volvamos los adultos a retomar el gozo de las vacaciones, si lo tuvimos y si no lo tuvimos. ¿Qué nos impide crear hoy los tiempos y espacios que nos recreen el cuerpo, las fuerzas, la mente y sobre todo el corazón? Ese gusto de ensanchar el corazón está a nuestro alcance.

El término vacaciones significa “suspensión del trabajo o el estudio por un tiempo”. Hay quienes no pueden tener vacaciones debido al estilo de trabajo o la vivencia familiar no se lo facilita, con todo eso hay que contar, y es penoso que no puedan disfrutar de ese tiempo porque las vacaciones son necesarias para la armonía personal y comunitaria. Los que podamos disfrutarlas podremos mirar cómo hacer para darle un respiro a aquellos que las necesitan más aún que nosotros.

Las vacaciones son una oferta positiva para desarrollar la creatividad, para darles a los demás el placer de un tiempo diferente, para compartir y vivir experiencias nuevas o repetidas porque tienen un gran valor. Otra definición de vacaciones que nos ayuda a programarlas es: “Período en el que una persona descansa de sus actividades rutinarias, en donde va a la playa, a la montaña a practicar algún deporte, a leer algún libro o desarrollar alguna otra actividad”. Si yo escribiera diccionarios añadiría lo que nos dice el salmista, la invitación a la contemplación y la gratitud:

Den gracias al Señor porque él es bueno.
Al único que ha hecho maravillas,
al que creó los cielos sabiamente,
al que extendió la tierra sobre el agua,
al que creó las grandes luminarias,
el sol para que esté al frente del día,
la luna y las estrellas para que estén
al frente de la noche.
Den gracias al Señor porque él es bueno,
Porque es eterna su misericordia.

(Del Salmo 135)

¿Viviremos estas vacaciones con interrogaciones? o ¡vacaciones con exclamaciones! No perdamos la capacidad de soñar unas buenas vacaciones, aunque nos quedemos en casa, o en el barrio siempre podemos darle algo más a ese vivir rutinario.
Contempla el cielo, contempla el sol, contempla la luna, y da gracias. Contempla a tus seres queridos y da gracias, contempla a tu barrio, a sus habitantes y da gracias. Contempla a los que pasan y da gracias. Ahora, es el tiempo de ver, contemplar y dar gracias por ti, por los demás, por la creación, por el bien que han vivido durante el año escolar y de trabajo. Somos artesanos de nuestras vacaciones. Y cada vez que puedas, repite con gozo: ¡Den gracias al Señor porque él es bueno porque es eterna su misericordia!