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Ángela de Foligno 1245-1309


Por: Hno: Jesús Bayo, fms.


Ángela fue una mística medieval perteneciente a la Tercera Orden Franciscana. Nació en Foligno, Italia, entre los años 1245-1248, cuando el fervor franciscano llenaba el ambiente de Umbría. Ángela fue una mujer casada y vivió la mayor parte de su vida en la familia formada por su marido, su madre y sus ocho hijos. Fue una mujer creyente de su época que vivió holgadamente en su palacio, entregada a las tareas de una mujer noble y a la educación de sus hijos, sin prestar atención a la vida cristiana.

En 1285, hacia los cuarenta años de edad, experimentó una fuerte conversión hacia el amor de Dios mediante la experiencia mística. Después de confesarse en la catedral de Foligno con Fray Arnaldo, franciscano y secretario del obispo, inició un nuevo estilo de vida ascética y espiritual. Fray Arnaldo sería su confesor y redactaría sus revelaciones.

Durante los años 1285 y 1288 experimentó el dolor de ver cómo iban muriendo todos los miembros de su familia: su madre, su esposo y sus hijos. Quedó ella sola frente a Cristo Crucificado, sumida en profundo dolor, con gran depresión y amargura. Peregrinó a Roma y vivió su dolor acompañada por Masazuola, una discreta amiga y compañera de trabajo que le acogió y comprendió.

En 1290-1291 peregrinó hasta el santuario de Asís donde tiene una visión de san Francisco que le impulsa a vender todos sus bienes para dar el importe a los pobres y meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Es considerada la mística de la Pasión de Cristo. Desde el año 1294 hasta su muerte, ocurrida el 4 de enero de 1309, experimentó grandes sufrimientos espirituales, tribulaciones y noche oscura pero nunca perdió la fe ni la esperanza, y se mantuvo en el ejercicio de la caridad cristiana.

Después de su muerte, el pueblo de Foligno la beatificó y fue considerada santa sin tener proceso canónico, pues en aquellos tiempos los santos eran proclamados por devoción popular. (Los procesos canónicos de beatificación y canonización se implementaron en la Iglesia durante el siglo XVII). Su fiesta se celebra el 4 de enero.

Su confesor, el franciscano Fray Arnaldo, en el año 1296 redactó el Memorial, una especie de biografía dictada por la mística y fiel cristiana, como él la llama en los escritos. La obra está dividida en treinta pasos o capítulos, con claras referencias a la Escala Espiritual de San Juan Clímaco. Las Instrucciones son notas que escribieron los discípulos y discípulas de la beata Ángela después que ella murió, como complemento al Memorial. Los escritos fueron aprobados por el cardenal Colonna, amigo de los frailes franciscanos observantes y espirituales pero fueron puestos bajo sospecha por el papa Bonifacio VIII, enemigo de espirituales y místicos.

Ángela, como miembro de la Orden Tercera de San Francisco, supo relacionarse con los “frailes observantes y espirituales” pero también con los “mitigados” que se oponían a los otros. El papa Celestino V apoyó la corriente de los espirituales, mientras que Bonifacio VIII los persiguió. Ángela no tomó partido por ninguno de los grupos. Su espiritualidad no tiene nada que ver con las corrientes heréticas de los quietistas alumbrados, ni con los Hermanos del Espíritu Libre, que se oponían a la jerarquía y a los sacramentos. Ella había vivido cuarenta años de lujo y disipación en una familia noble, pero -después de su conversión-, hizo voto de pobreza y oración. Sus escritos reflejan la progresión de un camino espiritual lleno de amor a Cristo Crucificado.

En su recorrido espiritual podrían distinguirse tres clásicas etapas. En la cultura helenista, el filósofo Plotino hablaba de tres estadios de cercanía a Dios; el Pseudo-Dionisio desarrolló estas etapas durante el medievo, y el esquema fue difundido por san Buenaventura en el siglo XIII. Hugo de Balma, a fines del siglo XIII, hizo la síntesis en su obra Teología Mística o Sol de contemplativos, y es probable que Ángela y su confesor conocieran esta obra. En sus escritos refleja su ascenso místico hacia Dios desde el amor a Cristo sufriente hasta la Trinidad Santísima, pasando por el conocimiento de sí misma en compañía inseparable y transformadora de Cristo, por la mediación de su confesor y director espiritual.

Algunos de sus pensamientos.

“Dijo la fiel de Cristo que había experimentado en sí misma treinta pasos o cambios que hace el alma avanzando por el camino de la perfección. El primer paso consiste en reconocer los propios pecados de donde le viene al alma temor de ser condenada en el infierno, por lo cual llora amargamente. El segundo paso es la confesión, en el cual siente vergüenza y amargura. Todavía no alcanza amor, pues no tiene más que dolor. Por lo cual, muchas veces me decía a mí misma que había comulgado en pecado, porque me daba vergüenza confesarlos íntegramente. Día y noche me reprendía la conciencia… El tercer paso es la penitencia que se hace satisfaciendo a Dios por los pecados. No pasaba todavía del dolor. El cuarto paso es el reconocimiento de la misericordia divina, que le ha sido concedida librándola del infierno. Aquí comienza a ser alumbrada. Llora y se duele más que antes, y desea aumentar la penitencia… Quinto paso es el propio conocimiento, pues ya un poco iluminada el alma no ve en sí más que defectos… El sexto paso es cierta iluminación de gracia por la cual viene profundo conocimiento de los pecados que ofenden a Dios y a las criaturas… El séptimo paso es contemplar la cruz en la cual veía a Cristo muerto por nosotros. Visión que no me era gustosa porque en ella sentía gran dolor… Octavo paso, en que me era dado conocer mejor cómo el Hijo de Dios había muerto por nuestros pecados. Reconocí entonces todos mis pecados con máximo dolor sintiendo que yo le había crucificado… En el noveno paso me era dado buscar cuál fuese el camino de la cruz para poder estar al pie, pues allí se refugian los pecadores…”

(Memorial, capítulo I).