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No empujen que hay para todos


Por: Celia Polledo

La visita de un familiar que vive en el extranjero y al que en ocasiones no hemos visto desde hace algún tiempo, nos llena de felicidad. Por ello, hacemos todo lo posible con vistas a lograr una feliz estancia y procurar momentos colmados de actividades que pueden abarcar, por ejemplo, desde comidas familiares, visitas a lugares de disfrute y a iglesias para agradecer a Dios que nuestros familiares tengan salud y cierto nivel de desenvolvimiento, pues sin este, entre otras cosas, no hubieran podido venir. Pero con la llegada de los familiares, en algunos casos, aparecen los cazadores de regalitos, los buscadores de pacotilla o dinerito.

Es triste observar cómo para algunos familiares y hasta supuestos amigos, la primera prioridad sea lo material y se conviertan en verdaderas “aves de rapiña”. Por ello, se presentan en el justo momento de la llegada para así estar presente cuando se abran las maletas, comprobar lo que trajeron y pedir todo lo que desean sin ningún pudor. Lo curioso de este actuar es que cuando los visitantes culminan su tiempo de estancia, generalmente, los aparentes amigos desaparecen ya que lograron el objetivo de “luchar lo suyo”. Es triste, pero para que el mundo sea mundo debe existir de todo, como expresarían nuestros abuelos.

Si tenemos la suerte de que alguien querido que viva fuera del país se encuentre en suelo cubano o piense venir, pasémoslo lo mejor posible; aprovechemos el momento para demostrarles nuestro amor, sin ningún tipo de interés. Y si nos traen algún regalo, aunque sea muy sencillo, agradezcámoslo de corazón pues será el amor lo que siempre nos unirá y no lo material.