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Ojo con el adolescente



Por: María de los Ángeles


Un adolescente es un espectador desconcertado ante esa vidriera luminosa y variada que es la vida, la cual ofrece múltiples opciones, al menos teóricamente. El escritor italiano Giovanni Papini escribió que un adolescente es un Cristóbal Colón, pero sin América. Si mantenemos el símil de Papini, el hallazgo del ideal de cada cual es el descubrimiento de América.

La adolescencia es una etapa difícil, polémica de cambios continuos. Por ello, debemos conocer bien dónde van, qué piensan, qué necesitan y quieren; este es el primer paso. Si no encuentran el ideal de su vida, irán en loca carrera, moviéndose en direcciones contradictorias.

El trabajo de la familia y de los maestros con los adolescentes está condicionado por la inmadurez de aquellos que han dejado de ser los niños de ayer y todavía no son los hombres del mañana. El trabajo con los adolescentes debe ir dirigido a encaminarlos hacia el hallazgo de un objetivo en la vida con vistas a que tengan su proyecto. Por lo que la familia, ni ninguna persona deberán interferir a la hora de seleccionar carreras así como tampoco influenciar en aras de buscar la más lucrativa o aquella que el padre no pudo realizar pues debe primar la vocación y la motivación. Y no olvidar que, por otra parte, el sistema de enseñanza se mueve en dirección de las necesidades económicas o políticas del momento y, en ocasiones, no se prioriza la vocación de los adolescentes.

Desde Vigotsky y otros expertos que han estudiado estos temas quedó sentado que la principal actividad para el adolescente era el intercambio con sus coetáneos, llevarse bien con su grupo y que este lo auto determine, autorregule y auto exija.

Debemos, además, alertar a los jóvenes y hablar del tema de las relaciones sexuales ya que cuando una adolescente queda embarazada o tiene un hijo, su salud, educación, el potencial de obtener ingresos y todo su futuro pueden estar en peligro y quedar atrapada en una vida sumida en la pobreza, la exclusión y la impotencia.

Martí dijo: A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro, el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les decían, ya les sale la vida equivocada y no pueden ser felices con ese modo de pensar, ni saben cómo son las cosas de veras, ni pueden volver a ser niños y empezar a aprenderlo todo de nuevo.1

Recordemos: Los jóvenes son siempre los mismos, lo que cambia son las circunstancias.

1-“La Galería de las maquinas”, “La Edad de Oro”. Nueva York 1889 t.18, pp. 500-501