NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Cuarto Trimestre 2010

 

Jesús y la mujer judía (I)

Muchas personas que rodeaban a Jesús de Nazaret eran mujeres.
¿Qué descubrían estas en Él?
¿Por qué le seguían?

Texto: P. PEDRO GONZÁLEZ-LLORENTE, SJ
(Adaptación del capítulo 8, Amigo de la mujer, del libro Jesús, aproximación histórica, de José Antonio Pagola)

 

HABÍA un antiguo relato en los libros religiosos judíos, según el cual Dios había creado a la mujer para darle una ayuda adecuada al hombre. Sin embargo, según el mismo relato fue la mujer quien le dio a comer al hombre del fruto prohibido. La consecuencia fue la expulsión del paraíso. La ayuda no fue tan “adecuada”.

De lo anterior nació una visión negativa sobre la mujer en la cultura judía, que la veía como fuente permanente de tentación y pecado.

Además, en esta cultura la mujer era considerada como propiedad de algún varón. De niña y adolescente era propiedad de su papá. De joven y adulta era propiedad de su marido, quien podía “repudiarla”, o sea, despedirla por cualquier motivo. La mujer quedaba entonces desamparada y expuesta.

Su papel estaba claramente definido: tener hijos y servir a su esposo.

Religiosamente se le consideraba “impura” durante la menstruación o después del parto. Fuera del hogar no era nadie. No podía alejarse mucho de su casa y debía cubrirse con un velo. No podía tampoco entrar en la sinagoga.

Con semejante situación se encuentra Jesús de Nazaret. ¿Cómo reaccionará el Maestro ante esta discriminación evidente contra la mujer?

Amigo de la mujer

Algunas de las mujeres que iban con Jesús habían sido curadas por Él. Es el caso de María, la de Magdala, curada de una enfermedad interior, que trastornaba su manera de relacionarse con el hombre.

Otras eran mujeres que no estaban ligadas a ningún hombre, viudas que quedaban indefensas, esposas repudiadas o simplemente mujeres solas. No faltaba, incluso, alguna prostituta. El Evangelio menciona igualmente el caso de alguna mujer casada y de buena posición económica, que ayudaba con sus recursos.

Pero la generalidad estaba formada por mujeres pobres, solas, de bajo nivel social, incluso pecadoras e indeseables.

Esta compañía provocaba escándalo en ciertos ámbitos de la sociedad judía de entonces, pero mostraba de manera inequívoca la tendencia de Jesús.
Palabras y acciones que rompen esquemas

Es posible encontrar situaciones diversas en las que Jesús enfrenta costumbres, quiebra leyes y cambia modos de proceder.

En el capítulo 5 del Evangelio de Mateo, Jesús aparece proponiendo una actitud moral que va más allá de la ley. Con las frases: Han oído que se dijo... (refiriéndose a alguna ley del Antiguo Testamento). Pero ahora yo les digo... (nueva visión moral de Jesús), este propone una vivencia de la Ley desde dentro, sin barreras, desde el corazón.

El segundo de los ejemplos que pone Jesús tiene que ver con el adulterio. Dónde colocar el acento: ¿en la seducción de la mujer, como fuente de tentación, o más bien en la lujuria del hombre? La sociedad judía ponía el acento en la seducción de la mujer. Jesús, sin embargo, lo pone en la lujuria del hombre: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.(Mateo 5, 28-29)

Jesús está cuestionando una manera de ver las cosas de la sociedad judía, y defiende a la mujer.
En otra ocasión, mientras Jesús camina y predica entre la multitud, una mujer entusiasmada grita: ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron! La mujer que exclama esta frase valora a la madre de Jesús, por su maternidad, como lo más grande. Sin embargo, este le rectifica con otra frase: Dichosas más bien las que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Tener hijos resulta muy importante para una mujer, pero no es todo en la vida. Para Jesús es más grande la posibilidad de escuchar la Palabra de Dios y entrar en su Reino. De nuevo cambia la valoración. La mujer no es sólo para tener hijos. (Lucas 11, 27-28)

En cierta oportunidad, Jesús visita la casa de las hermanas Marta y María. Mientras está allí, Marta se desvive en los quehaceres del hogar. María, en cambio, se ha sentado a los pies de Jesús, en posición de discípula, y escucha su enseñanza.

Marta protesta y le pide a Jesús que reprenda a María porque no la ayuda, pero Jesús más bien reprende a Marta con suavidad y ternura: Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.

Jesús no valora a la mujer por los quehaceres de la casa. Esto es importante, y hay que hacerlo, pero lo más importante, cuando el Maestro está presente, es la escucha de la Palabra. La mujer también es destinataria de la Palabra de Dios y es sujeto de la religión igual que el hombre. (Lucas 10, 38-42)
Otra vez, mientras Jesús está predicando en el templo, un grupo de hombres lo interrumpe y le presentan a una mujer que ha sido sorprendida en adulterio y que, según la ley de Moisés, debe morir apedreada. ¿Tú qué dices? Si estaba cometiendo adulterio, era con un hombre. ¿Dónde está el hombre? ¿Por qué toda la culpa recae sobre la mujer? ¿No hay aquí una doble moral, una discriminación contra la mujer?

Jesús no soporta la hipocresía: Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. Muchos de esos hombres son también culpables de adulterio. ¿Con qué derecho condenan ahora? Poco a poco las piedras van cayendo al suelo y los hombres se retiran molestos porque les arrebataron una presa. Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante, no peques más. El único que no tiene pecado, no condena. No ha venido a eso. (Juan 8, 1-8)

En otra oportunidad Jesús cuestiona, incluso, una ley de Moisés. Nada de esto se lo perdonarán. Está acumulando leña para su cruz, pero de nuevo defiende a lamujer y la iguala con el hombre: ambos son responsables del adulterio.

Los cuatro ejemplos antes mencionados muestran cómo Jesús se siente inconforme por la manera en que la sociedad judía maltrata a la mujer; en consecuencia, sale en su defensa.
Comienza así a romper esquemas culturales y a cambiar la visión de las cosas.

 


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NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.
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