NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Cuarto Trimestre 2011
Resolución: 1024 X 768 32 bit

 

 

La navidad de la mujer.

Texto: Joan Rovira S.J.

 

    ¿Es que la Navidad no es igual para todos? ¿A qué viene hablar de la Navidad de la Mujer? ¿De qué mujer hablamos? ¿Nos referimos a María, la mujer que protagonizó como nadie el acontecimiento de la Navidad? Podría ser, pero hoy nos interesa hablar de la mujer en general, de la mujer que hubiese podido, como los pastores, hacerse presente en aquel momento de la historia, ante aquel acontecimiento único e irrepetible. ¿Y qué interés tiene para nosotros imaginar esta escena? El interés de saber que lo que sucedió allí hace dos mil años tiene una tal vigencia para toda persona humana que, paradójicamente, podemos decir que es para ella un hecho contemporáneo. Es que no se trata del nacimiento de un  niño cualquiera, sino de la aparición del Anunciado, del Esperado, de Aquel que venía a inaugurar una nueva humanidad.

    Pero volvamos a la mujer. Lo propio de la mujer es la maternidad, es decir, gestar el hijo, darlo a luz y nutrirlo. Aquí sí que el hombre no entra. ¿No será este hecho fundamental una razón decisiva para que la mirada de la mujer sea distinta a la hora de contemplar el Misterio de la Navidad?¿Qué es lo que ve de entrada la mujer que hemos introducido en la  escena de la Navidad? El desamparo. La falta de  canastilla. La ausencia de la propia familia. A la  mujer no hay que explicarle todo esto. Lo siente.  Pero esto son sólo las circunstancias exteriores.

¿Qué es lo que hace palpitar su corazón?

La carita del recién nacido; el movimiento de sus manos incapaces de asir; el lloriqueo inquieto; la plácida satisfacción que le produce sentirse lleno. Todo esto lo pudo haber vivido con gran intensidad la mujer que, en nuestra escena, se pudo asomar al lugar del suceso. Sin embargo, la pregunta decisiva es ¿por ser mujer, pudo tener una afinidad específica que le acercara al descubrimiento y a la vivencia del Misterio allí presente?

Esta pregunta puede tener dos respuestas: La primera, relacionando la mujer imaginada con María, la madre de Jesús. Lo único que sabemos de María, por el Evangelio de Lucas, es que lo guardaba todo en su corazón. Lo que quiere decir que su condición de mujer la hacía más apta que José para acoger el  Misterio.

La segunda respuesta la podemos sacar también del Evangelio. La resurrección de Cristo fue el hecho capital para entender el misterio de la persona de Jesús. ¿Y qué nos dicen los Evangelios? Que las  primeras en experimentarlo fueron, no los apóstoles, sino las mujeres que acompañaron a Jesús.

La buena noticia que podemos hoy dar a todas las mujeres es que, por serlo, por ser mujeres, tienen la capacidad y el privilegio de descubrir y vivenciar lo más profundo de la Navidad: su misterio.

 



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