NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Cuarto Trimestre 2011
Resolución: 1024 X 768 32 bit

 

 

Violencia

Texto: Liliam Riverón.

La violencia ha sido parte de las diferentes sociedades, familias e individuos desde el principio de la historia de la humanidad y llega hasta nuestros días. En los mitos griegos, romanos y aztecas, en los estilos de recreación utilizados por estas sociedades aparecen agresiones, suicidios, asesinatos. La lucha de poder con aprobación familiar convirtió a sus miembros en agresores o agredidos.

La violencia ha sido definida como cualquier relación, proceso o condición donde un individuo o grupo social viola la integridad física, psicológica o social de otra persona. Es considerada como el ejercicio de una fuerza indebida de un sujeto sobre otro.

Con frecuencia observamos o realizamos conductas tales como: menospreciar, ridiculizar, humillar, ofender o violamos espacios privados sobre la base de formas violentas.

Se reconocen diversas formas de vivir violencia:     la física, considerada como toda lesión corporal que deja huellas o marcas visibles; la psicológica, capacidad de destrucción con el gesto, la palabra o el acto. No deja huellas visibles inmediatas pero sus implicaciones son más trascendentes; la sexual, donde se le impone a un sujeto actos sexuales en contra de su voluntad. Acá se incluye la violación marital.

La familia, célula fundamental de la sociedad, no se halla exenta de la práctica de violencia. La violencia intrafamiliar es considerada como una forma de violencia social, en tanto es una expresión de las relaciones  sociales que acontecen a nivel particular. Consideramos a este tipo de violencia  como toda acción u omisión cometida, en el seno de la familia, por uno o varios de sus miembros, que de forma permanente ocasione daño físico, psicológico o sexual y cause lesiones a la estabilidad familiar o a la personalidad de los individuos.

Años atrás, mundialmente, se consideraba que a violencia ejercida contra las mujeres, en el seno familiar, era   algo privado. La sociedad no tenía capacidad de  actuación y frente a ello,  la opción de no ver, no oír y callar. Sin embargo, cada vez que simulamos no ver los golpes en el rostro de una mujer o callamos ante sus gritos de auxilio estamos contribuyendo a perpetuar esta lacra social que atenta contra la vida.

Un 70 por ciento de las mujeres y niñas en el mundo sufren violencia física o sexual, o sea, tres de cada cuatro mujeres en el mundo han sufrido o van a sufrir agresiones físicas o sexuales a lo largo de su vida, a manos de un hombre conocido o desconocido, según datos del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).

La variedad de los actos de violencia de género es devastadora y va desde el útero hasta la tumba. Entre otros abusos, la violencia contra la mujer incluye: la selección prenatal del sexo a favor del masculino, el infanticidio femenino, los abusos sexuales, la mutilación genital, el acoso sexual en el colegio, en el trabajo y en diversos entornos, el tráfico de mujeres, la prostitución forzosa, la violencia en relación con la dote, la violencia doméstica y las palizas e intimidaciones por parte del cónyuge.

El abuso físico y psicológico contra las mujeres entre  15 a 44 años, en todo el mundo, va por delante de la suma de muertes provocadas por el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y las guerras.

En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En Cuba, a partir de los años 60, la incorporación de la mujer cubana al estudio y al trabajo permitió romper con estereotipos sexistas que sobreviven aún en las mentes de hombres y   mujeres, como herencia de una cultura patriarcal y la discriminación de género. En esos años, de sólo un 12 por ciento de féminas incorporadas a la vida laboral en 1953, están integradas ahora, al sector estatal civil más del 47 por ciento. Por otra parte, el 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional del país está compuesta por mujeres, quienes también se han vinculado a las principales necesidades económicas de la nación, en especial, a la producción de alimentos. Pero aún nos queda mucho que andar, pues diariamente observamos cómo en los barrios y otros entornos se producen actos violentos, lo que nos dice que, aunque no se denuncien públicamente, persisten estas prácticas  en el hogar, en el trabajo y en la calle. La violencia sólo  puede eliminarse mediante la voluntad política y    las actuaciones judiciales y civiles en los diferentes   sectores de la sociedad.

Desde 1990, existen en nuestro país, las Casas de atención a las féminas y Casas de Orientación a la Mujer y la Familia inspiradas en movimientos activista en el mundo; además, desde el año 1997, existe el Grupo Nacional de Trabajo para la prevención y atención a la violencia intrafamiliar pero los espacios son limitados y los resultados distan de los esperados. Por ejemplo, en las reducidas investigaciones al   respecto se publicó, al final de una de ellas, las    siguientes conclusiones:

 

… No obstante, la atención a la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico es un capítulo en construcción. Algunas de las razones que avalan tal aseveración se relacionan a continuación:

1.- Persiste una baja percepción de la violencia
como problema de salud de la mujeres, en los
profesionales  del sector de la salud.

2.- Pobre identificación por parte  de las mujeres, de
las situaciones de violencia psicológica y sexual
en su vida cotidiana.

3.- Bajo nivel de búsqueda activa de enfermedades
por violencia intrafamiliar por los profesionales   
de la salud, como parte del diagnóstico y análisis
de la situación de salud.

4.- Limitados espacios especializados en el sector de
la salud, para la atención de sobrevivientes de la
violencia y de los agresores (en casi todos los
territorios, los servicios de orientación se encuentran
en las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia
de la Federación de Mujeres Cubanas).

Lo anterior está  unido a muchos conceptos y prácticas discriminatorias causantes de desigualdades de género y, en ello, todos somos parte; todos estamos llamados  a actuar como aliados contra ese flagelo que deteriora a  personas y a familias.

Cuando en la calle un periodista toma por sorpresa a un cubano para entrevistarlo y le pregunta ¿qué es para ti lo más importante en tu vida?, son numerosas las respuestas que comprenden al amor y a la familia.

Son las madres, las hijas, esposas, hermanas y las que están por nacer parte esencial de nuestros hogares, criaturas creadas a imagen y semejanza de Dios,  con todos los derechos a la vida, que es el regalo más preciado.

Nos toca a nosotras, las mujeres católicas trasmitir este mensaje a todas y a todos, con el propósito de mostrar que la violencia es un crimen contra la obra del creador.

Volver a la Portada


DIRECTORA
Sara Vázquez Matar
ASESOR ECLESIAL
Joan Rovira s.j
DISEÑO Y EDICIÓN DE IMPRESO
Adrián Pérez
DISEÑO DIGITAL
Raúl León Pérez
CORRECCIÓN
Caridad Sayas

NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.
Se permite la reproducción, total o parcial, de los trabajos, siempre que se indique la fuente.
DISTRIBUCIÓN
Magdalena Moreno
CONSEJO DE REDACCIÓN
Edelma Acosta
María del Carmen Vasconcelos
REDACCIÓN
Casa Laical. Teniente Rey e/ Bernaza
y Villegas. Habana Vieja.
Teléfono: 863-1767.
E-mail:revistanosotras@arzhabana.co.cu