NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Cuarto Trimestre 2011
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“Arbolito, arbolito, campanitas te pondré.
Quiero que seas bonito, que al recién nacido te voy a ofrecer”


Texto: Adrián Pérez.

 

Una antigua costumbre germánica de adorar la naturaleza en todas sus formas, mares, ríos, piedras y árboles tenían poderes sobrenaturales, y la mitología nórdica nos habla del Árbol Sagrado de Odín o Árbol del Mundo.

Los pueblos germánicos meridionales  adoraban la encina y más tarde el abedul. Los ritos y ceremonias en honor de los árboles llamaron la atención de San Bonifacio, que fue el primer misionero cristiano que llegó a Alemania en el siglo VIII D.C.

Con el deseo de erradicar esta costumbre pagana y para que el cambio no fuese demasiado brusco, propuso adornar un abeto, árbol que conserva su verdor durante el invierno, en honor del Niño-Jesús que había nacido en Belén. Desde entonces, el abeto o “Tannembaum” ha constituido el símbolo más característico de la Navidad en Alemania.

Las luces o cirios fueron añadidos al abeto por Martín Lutero, Reformador Protestante, en el año 1530.

Dicen que lo hizo en homenaje a la incomparable belleza de las noches estrelladas alemanas durante el invierno.

El árbol de Navidad, como símbolo de la estación, alcanzó su máximo apogeo cuando la Baronesa Lehzen, institutriz alemana de la Reina Victoria, llevó la costumbre a Inglaterra. La reina y su esposo el Príncipe Alberto, colocaron un hermoso abeto adornado en el Castillo de Windsor.

Soldados alemanes de Hesse, que pelearon a favor  de los ingleses en la Revolución Americana, trajeron la costumbre a los Estados Unidos. Otros atribuyen la introducción del árbol de Navidad en este país a un refugiado político alemán que había aceptado la hospitalidad  de la familia Tucker de Williamsburg, en Virginia, y como agradecimiento, se dedicada a contar historias de Navidad a los niños de la familia. Estos le pidieron que decorara un árbol de Navidad, tal como se acostumbraba en su remoto país, apareciendo, de esta manera, el primer abeto adornado en la vieja ciudad colonial de Williamsburg.

El árbol de Navidad fue introducido en Cuba cuando comenzó a exhibirse en el Casino Alemán y en la residencia del Cerro del Sr. Adolfo Möeller, natural de Alemania. El Sr. Möeller por los años 1914 ó 1915, acostumbraba a traer un enorme abeto, de cinco metros de alto, de los Estados Unidos. Toda la barriada del Cerro ayudaba en la instalación de las quinientas o más velitas que iluminaban este bello árbol. Por supuesto, había que tener un cubo de agua preparado en caso de fuego. Así mismo le colocaban debajo, casitas, puentes, lagos, montañas, que formaban un pequeño pueblecito. Cuándo se introdujo la iluminación eléctrica en Cuba, se le añadieron unas pequeñas bombillitas alrededor del tronco y, además, el   pueblecito alemán contó con un tren eléctrico que le daba vueltas. La fama de su belleza invadió La Habana de la época.

Existen muchas leyendas que cuentan el origen del primer árbol de Navidad, aquí les relato una de ellas:

Una noche en que el viento crujía y nevaba copiosamente, un niñito tocó a la puerta de una casa de campo, dónde vivía un leñador y su familia, pidiéndole ayuda, ya que hacía mucho frío y estaba hambriento.

El leñador acogió al niño con cariño, compartió su comida y le ofreció la cama de uno de sus hijos.
Al amanecer toda la familia fue despertada por unos cantos y una luz divina que invadía la casa. El pequeño huésped era el Niño-Jesús.

El Niño cortó una rama de abeto y la entregó al leñador diciéndole: “Yo he aceptado tus bondades y ahora me harías feliz si recibieras este regalo. De ahora en adelante este árbol llevará siempre frutos en la Navidad, te dará toda clase de dones cada año durante estos días, para que nunca más pases en la pobreza tus Navidades”.

Una bella historia que nos cuenta la piedad.
Pongamos nuestro árbol, pequeño o grande, no importa, pero sí acojamos todos con amor en nuestros corazones y hogares al Niño-Dios, para que nos colme de
bendiciones y de paz en este año que termina, y en el próximo.  

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