NOSOTRAS
MOVIMIENTO DE MUJERES CATÓLICAS - CUBA


La mujer:
signo de paz, reconciliación y esperanza

Cuarto Trimestre 2011
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 LA ENTREVISTA

Seis mujeres hablan sobre la impronta de
Acción Católica en la Iglesia cubana de hoy.

 

“Un pueblo sin historia es un pueblo desvalido”.
Miguel Barnet.

 

Cuando se habla de la historia de la Iglesia cubana del siglo XX, específicamente desde su segunda década hasta los sesenta resulta imprescindible referirse a Acción Católica, organización laical cuyo objetivo fundamental estaba centrado en llevar a Cristo a los diferentes   ambientes y regenerar la sociedad con la savia vivificadora de la religión católica. Este apostolado logró  potenciar, en gran medida, la labor evangelizadora de la iglesia. El trabajo coordinado, activo y sistemático de sus miembros posibilitó la realización de acciones eficaces en el ámbito social.

Acción Católica estaba organizada en cuatro ramas fundamentales a nivel nacional, diocesano y parroquial. Estas eran: la Federación de la Juventud Católica Masculina, la Asociación de Caballeros Católicos,

La Liga de Damas Católicas y la Liga de la Juventud Católica Femenina; luego, siguiendo la idea de que cada ambiente tiene que ser evangelizado desde dentro y que nadie lo haría mejor que aquellos que se desenvuelven en el mismo, fueron surgiendo en la Juventud de Acción Católica organizaciones especializadas, tales como: La juventud Universitaria Católica ( JUC ),    La Juventud Obrera Católica ( JOC ), la Juventud  Estudiantil Católica ( JEC ) y la JAC, cuyo apostolado era específicamente  parroquial.

Para hablarnos de esa etapa y, fundamentalmente, sobre: los aportes de Acción Católica a la vida laical y personal de sus miembros, del modo de realizar la labor    evangelizadora y en qué medida la Iglesia Católica de hoy es heredera de la Acción Católica de ayer, conversan: Esperanza Purón, Lourdes Morales, Ana Smith, Esther García-Robé, Clara Blanco y Carmen Ases,      protagonistas de esta historia, mujeres que continúan hoy    siguiendo a Jesús, colaboradoras en la construcción del Reino de Dios en sus ambientes, comunidades, familias, y barrios, haciéndolo presente en medio de nosotras.  

Esperanza Purón nos dice:

Nací en Jovellanos, Matanzas. En las vacaciones de verano, se hizo costumbre que visitara a mi familia, en la Habana y asistiera a la iglesia de San Francisco.

En 1960, me establecí definitivamente en la capital del país y, por supuesto, me incorpore a San Francisco.

Aquí  fui aspirante a la Juventud Católica en el grupo Santa Isabel de Hungría. La vida espiritual del grupo y su fuerte compromiso marcaron mi formación.

Había misa de 7:00 a 7:30 a.m., lo que posibilitaba mi asistencia y comunión diaria antes de acudir al Instituto. Con ello, siendo aspirante aprendías no sólo a ofrecer el día sino que hacías el día en oración. Durante el tiempo de aspirante ayudaba en la catequesis, recogía a los niños más pequeños y les impartía las lecciones preliminares; por la Legión de María visitaba enfermos e interiorizábamos lo que era el compromiso y el hacer diariamente una obra en nombre de Dios. Así, hasta que cerró la iglesia y me incorporé a María Auxiliadora. En esta parroquia me integré al grupo de jóvenes, impartía catequesis y como ya estudiaba en la Universidad repasaba a los jóvenes de grados inferiores en los noches.

Esta etapa me abrió el sendero para interiorizar la vida de servicio. El deseo de participar no sólo en la misa, sino de hacer de la comunidad como mi casa, como mi escuela, después como mi trabajo, es decir, una sola cosa en mi vida.

De necesitar pasar, aunque por pocos minutos por el Santísimo, contarle al Señor  y vivir con Él las alegrías y sinsabores del día. Servir con lo que sabía, servir al enfermo, escuchar y tratar de orientar a los más jóvenes (en una comunidad salesiana, encuentras siempre muchos jóvenes).Después que salí de San Francisco me he quedado con el deseo de la misa diaria al   despertar, como en mi etapa de aspirante.

Mi tiempo de aspirante me formó como laica comprometida en las tareas apostólicas, tuve la conciencia de querer pertenecer a una asociación de la Iglesia que determinaba mi modo de ser cristiana.

Para evangelizar, debo señalar una riqueza que me quedó de mi etapa franciscana y es algo que siempre me digo: Donde yo estoy, está la Iglesia. En aquella época decíamos: Dios y yo, mayoría aplastante, y, en muchas ocasiones se perdía el miedo, y el Espíritu te ayudaba y se salía airoso de determinada situación -viví las depuraciones, los interrogatorios... -.

Por tanto, el testimonio fue y es para mí la vía fundamental de hacer sentir que Dios está presente en cada momento en nuestras vidas. El servir, la herramienta fundamental, no preguntar a Dios por qué, sino tratar de comprender para qué lo permite; y al acercarme a una persona tratar, por encima de todo, de que sienta que lo amo, aún cuando de él o de ella haya recibido una acción que me dejó dolor. Resumen del método: orar y servir. Con la vida familiar y de apostolado tratar de ser ejemplo en el ambiente en que me tocó vivir. Creo que así se evangeliza el ambiente, misión primera o prioritaria de todo laico. 

Para responder a la pregunta ¿La iglesia de hoy es heredera de la Acción Católica de ayer? puedo decir que:

Hay que tener presente que desde sus inicios la Acción Católica fue una cantera de vocaciones sacerdotales y religiosas (desde 1928 los jóvenes católicos cubanos comenzaron a nuclearse) y aportaron la cubanía a una Iglesia en la cual (en aquella época) los agentes pastorales eran, fundamentalmente, extranjeros (españoles). Hacia la década de los cincuenta, muchos miembros de esta organización estaban preparados socialmente para dar un aporte más efectivo a la vida política del país. A partir del Primero de Enero, hubo muchos sueños para el trabajo laical en la nueva sociedad cubana, pero quedaron frustrados con el giro de la Revolución hacia el marxismo-leninismo, abortándose así la presencia laical católica en la vida nacional.

 

Los obispos cubanos actuales pertenecieron a la Acción Católica, así como muchísimos sacerdotes y las  vivencias de esa etapa ocupan en sus recuerdos un lugar muy importante. Los laicos comprometidos (de la tercera edad), tienen como algo inquebrantable el ver, juzgar y actuar que allí se bebió y hemos deseado formar a las nuevas generaciones en ese pensamiento y acción.

Si, afirmo que la Iglesia cubana de hoy es heredera, en gran medida, de la Acción  Católica  de ayer.

 

 

 

Lourdes Morales:  

Comencé en la Juventud  Estudiantil Católica (JEC), movimiento especializado de la Acción Católica. Este grupo integraba a los estudiantes de Segunda Enseñanza y estábamos presentes en todos los colegios privados y en  Institutos estatales.
La JEC me dio la posibilidad de abrirme al mundo del estudiantado y poder formarme para ser mejor cristiana y mejor seguidora de Jesús.

Son recuerdos imborrables las clases que recibía en San Juan de Letrán o en la Parroquia del Vedado; ellas enriquecieron mi espiritualidad laical. Recuerdo mi asistencia al local de la calle G para aprender con Mari Cruz García y Gloria Sánchez, así como también mi participación en uno de los encuentros nacionales de la JEC. Todo ello determinó mi vida adquirí el sentido de compromiso  y una mística laical.

Para hablar de nuestra forma de evangelización quiero recalcar que Cristo predico para servir y nosotros brindábamos servicios estudiantiles a todos aquellos que lo necesitaban. No era necesario pertenecer a la JEC para recibirlos. Brindábamos resúmenes mimeografiados, repasos y todo ello tenía gran aceptación.

Evangelizábamos mediante el servicio y con nuestro testimonio de vida; intentábamos suplir necesidades y así nos hacíamos presentes en nuestro medio. Siempre hay  alguien a quien servir.

Acción Católica regó una semilla que dio frutos y lo continúa haciendo. Muchos de los actuales líderes laicos fueron miembros de la Acción Católica, igual que algunos obispos.

La Iglesia es una continuidad, el espíritu de Acción Católica formo a nuestro Cardenal, a Alfredo Petit, a Carlos Manuel de Céspedes. Ellos han ido transmitiendo esa espiritualidad que definió y caracterizó al laicado de ayer. 

Hoy, existen movimientos laicales que trabajan con un sentido parecido pero creo que, en alguna medida, la Iglesia de hoy es heredera de la Acción Católica de ayer. 

 

Ana Smith:

Estudié con las religiosas del Sagrado Corazón.
En esos años de colegio ingresé a la Juventud       Estudiantil Católica (JEC) y luego, al ingresar a La Universidad de La Habana pasé a la JUC. 

La JUC se preocupaba mucho de cómo llevar       nuestra vida cristiana, del por qué del trabajo humano, del sentido del servicio.

También, constituía una de sus preocupaciones la  mejora de Cuba, de nuestra sociedad, del sentido cristiano unido al sentido de patria, es decir, del servicio a Cristo en nuestra patria. Este movimiento reafirmó mi compromiso con Cristo, con la Iglesia y con Cuba. Además, contribuyó a mi formación religiosa, moral, intelectual y social. 

No olvido que el primer lugar de reuniones de la JUC fue en la calle 27 entre L y M, en el Vedado. Allí funcionaba también el Dispensario San Francisco de Asís, atendido por profesionales procedentes de la sección universitaria y por las mujeres de Acción Católica. Este servicio era gratuito.      

Evangelizamos con el testimonio de vida. Nos formábamos para poder trabajar con espíritu de servicio. Muchos estudiantes universitarios estudiaban para ganar más dinero, para tener más; nosotros, en cambio, nos formábamos para, finalmente, realizar nuestro trabajo, ya graduados, con espíritu de servicio puesto que todo universitario debe poseer vocación de    servicio y para ello es preciso formarse.     

Nuestro apostolado consistía en servir al otro en su realidad. Las herramientas que utilizamos eran, entre otras: el acercamiento sincero, el contacto personal, la escucha, la apertura al hermano, el estar presente cuando se nos necesitaba y nuestro método se basaba en el análisis de nuestra realidad con una óptica cristiana y de ahí se derivaban acciones. 

Estoy segura que la iglesia de hoy es heredera de la Acción Católica de ayer.

Nuestros obispos se han preocupado por la preparación del laicado, conscientes de que los laicos somos Iglesia. Cuando apenas se contaba con sacerdotes, fueron los laicos comprometidos con sus comunidades quienes mantenían los templos abiertos, daban catequesis, rezaban el rosario y estas acciones significaron mucho. La vida parroquial continúo. Ellos se quedaron y fueron testimonios de fe.

Por esos laicos comprometidos, la Iglesia continuó viviendo en nuestro pueblo. Y se da la continuidad. Por ello, la iglesia de hoy es heredera de la Acción  Católica de ayer.

                                        

                                    

    Esther García-Robé:

Acción Católica marcó mi vida. Mis mejores tiempos fueron los vividos en esa organización laical. Recuerdo aquella época con nostalgia y con mucho cariño, fue algo especial.

Vivíamos la hermandad, la piedad y el compromiso con Dios, la Iglesia y la sociedad. 

La hermandad, la formación y amor a Cristo, arraigados en nuestros corazones, en todos los momentos de la vida, eran elementos que distinguían al laicado de ayer. De ahí la necesidad de asistir diariamente a la parroquia, ir al sagrario y hablarle al Señor. Hoy continúo asistiendo a San Judas y San Nicolás. Y dialogo con Jesús.

Evangelizaba haciendo presente a Jesús, ayudaba a los que necesitaban mis servicios, esta ayuda era de persona a persona. Yo era de la Juventud Femenina de Acción Católica y fui: Presidenta del Consejo Diocesano de La Habana y miembro de la Junta de Acción Católica, entre otros cargos.

Pienso que la Iglesia de hoy es heredera de la Acción Católica de ayer y eso lo conoce Dios.

Cuando desapareció oficialmente la Acción Católica continuamos trabajando. Íbamos a donde fuera necesario para que los grupos no se desarticularan, para no perdernos totalmente y continuar con la catequesis. Íbamos a Quivicán, a Güines, al Cano, a Bauta, a San José, en fin, a todos los pueblos de la antigua provincia de   La Habana, a pesar de los riesgos y esa fue la cimiente que dejamos. Las iglesias no se cerraron .

Hoy existen movimientos laicales que de acuerdo con sus posibilidades y características trabajan.
Cada tiempo tiene sus signos, pero quedó la base, el cimiento, de ahí la Iglesia de hoy.

 

Clara Blanco:

Estudié con las Salesianas en la Víbora.
Allí las religiosas iban sembrando, poco a poco, en nosotras el deseo de hacer, de la ayuda solidaria porque ello era grato a Jesús.

Ellas nos daban responsabilidades que conllevaban a un compromiso final, por ejemplo, con once años de edad, yo llevaba el Jardín de María. Así iban forjando en nosotras el camino del servicio.
Cuando salí del colegio, comencé en la JAC. Aquí trabajé en el Secretariado de formación de Aspirantes con Gladys Fajardo. Se formaban a las niñas que luego serían las futuras integrantes del movimiento laical.

Acción Católica fue para mi una primavera espiritual, un renacer en Cristo. Allí enriquecí mi formación doctrinal, mi vocación laical y se fortaleció mi fe.
En el camino de la vida, el Señor se presenta de  múltiples maneras y uno se va enriqueciendo.      Acción Católica fue para mí una oportunidad de  crecimiento en todos los órdenes. Vivíamos consciente nuestro lema: piedad, estudio y acción. Pienso que la práctica de los Ejercicios espirituales en retiro, las reuniones con los conciliarios y la formación recibida fortalecieron al laicado de ayer, nos ayudaron a vivir nuestro apostolado y fueron el sustrato que nos   alentaba, con la fuerza del Espíritu, a presentar a Cristo en medio de nuestra sociedad.

Para evangelizar, para anunciar a Jesús, nada mejor que el testimonio de vida y la entrega generosa al hermano. Estas eran nuestras herramientas. Siempre como método, utilizamos la observación de la realidad circundante bajo la óptica evangélica 
La Iglesia esta guiada por la acción del Espíritu Santo.

En los tiempos difíciles, la Iglesia continuó viviendo a pesar de las tempestades; continuó viviendo gracias a los que hemos sido fieles a Cristo, a los que nos quedamos y trabajamos a pesar de la tormenta. Creo que la Iglesia cubana de hoy lleva la cimiente de la Acción Católica de ayer, ahí está la herencia. 

 

 

Carmen Ases:

Me eduqué en San Juan Bosco, fui aspirante y al cumplir los 18 años de edad ingresé en Acción Católica. Este movimiento me aportó los valores religiosos y morales que rigen mi conducta. Estos principios me permiten afrontar las diversas situaciones de la vida porque si uno actúa bien, Dios lo aprueba.

En Acción Católica tuve varios cargos, entre otros, fui la Presidenta diocesana de La Habana.
Mi labor evangelizadora estaba fuertemente vinculada a la formación de los grupos, a la realización de la captación e iniciaciones. Orientaba los círculos de estudio porque para poder llevar a Jesús a los diversos sectores se necesitaba estar preparados y esta labor la hacíamos permanentemente. 

Creo que la iglesia cubana existe hoy gracias a que existieron laicos que continuaron trabajando, que  mantuvieron su fe y la fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Hoy no se lleva a cabo la intensa labor de apostolado de ayer pero se continúa trabajando con amor. Sigo en Paula. Allí estoy y estaré para dar lo mejor de mí. 

 

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