Cuarto Trimestre 2012

 

Figuras femeninas de la Biblia.

“Esta muchachase nos volvió loca”.

La Virgen María -la nueva Eva- aceptó ser la madre de Jesús,
a pesar de que se vio envuelta en malentendidos y problemas
incluso con peligro de su vida.

 

Por: P. Martirián Marbán

 

Cuando le dije a mis padres -Ana y Joaquín- mi decisión de visitar a la vieja prima Isabel que vivía en las montañas de Judá, bien lejos de nuestro pueblo Nazaret, escuché a mi mamá que decía: esta muchacha se nos volvió loca y ello me hirió profundamente.

Mis disgustos con mi madre comenzaron debido a esos mareos que sentía cuando me agachaba demasiado para lavar en el arroyo, como le ocurría a las embarazadas o cuando me sentía toser de forma especial en las mañanas. Entonces comenzaron las sospechas, las insinuaciones y por mi parte las respuestas a medias: que si me resfrié, que si se hizo de noche cuando volvía de cargar el agua en la fuente, que si había bebido agua muy fría, que si en casa de José entraba aire por las ventanas a pesar de que como buen artesano tenía su casa muy bien cuidada. Pero a una madre es imposible despistarla en estos  temas.

¿Le contaría a mi mamá, a la tía Isabel a la que estaba dispuesta a visitar aun en contra de la voluntad de mis padres y a José, el principal implicado?. Cuántas veces en las noches desveladas que se hicieron tan frecuentes, ensayé respuestas que ni yo misma tenía.
Yo creía firmemente en el Dios de nuestros padres, lo sentía en lo íntimo de mi ser desde pequeñita; jamás me aparté de los mandatos de la ley y los vivía con entusiasmo aunque no comprendiera muchas cosas,  por ejemplo, el no poder ser discípula de los rabinos, ni poder estar en el templo cerca del altar de los     sacrificios pero aprendí a guardarlas en mi corazón,  que estallaba de alegría por estar cerca de Dios.

Mi familia, mis vecinos, los asistentes asiduos a la sinagoga, veían en mí a una verdadera israelita. Pero lo que me sucedía ahora era algo nuevo, inaudito. Yo tan pura y casta, embarazada… Al principio creí que era una fantasía pero cuando aprecié cambios en mi cuerpo como lo había escuchado de las vecinas embarazadas, comprendí que realmente me ocurría un hecho insólito.
Imposible describir aquel encuentro. ¿Con quién? ¿Con un ángel? En todo caso con una criatura que nunca había visto en la tierra.

Si yo no entendía, ¿cómo contarlo a los demás?. Cuando me habló de un hijo, en mi confusión sólo acerté a musitar: “No tengo relaciones con ningún varón”. Puesto que después de comprometerme con José, los dos nos pusimos de acuerdo en entregar nuestro corazón a Yahvé, nuestro Dios. Pero al parecer, eso no era inconveniente para ser madre. Todo sería posible de otra forma que no comprendí. Las palabras grandilocuentes que escuché: Altísimo, Hijo de Dios, me dejaron anonadada y sólo pude balbucear, eso sí, con toda determinación: “Sólo soy una esclava del Señor, que Dios haga conmigo lo que quiera”.

Tiempo después todo se aclaró y pude cantar: “Mi alma alaba la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador”.

Nota: Relatos evangélicos a los que se hace alusión: Lucas: 1,26-56; Mateo: 1,18-25

 

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DIRECTORA:
Sara Vázquez Matar. 

ASESORA ECLESIAL:

Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c.

DISEÑO Y EDICIÓN: Adrián Pérez

DISEÑO VERSIÓN DIGITAL
Raúl León Pérez

NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.
Este es el número 8, correspondiente al tercer trimestre de 2012, con una tirada de 1500 ejemplares. Se permite la reproducción, total o parcial de los trabajos, siempre que se indique la fuente

CORRECCIÓN: Caridad Zayas.

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